Descansa en paz

Descansa en paz
24-08-2026 | 19:08

Qué decir más allá de las condolencias de rigor a los deudos y amigos de un muerto? Como sucedesiempre en estos casos, al duelo por la desaparición física se superpone la urgencia para resolverlos asuntos mundanos del fallecido y el reparto de su herencia.

Con Kirchner, desaparece uno de los mitos mediáticos de los últimos tiempos (el “doblecomando”) y un misterio semántico, el “modelo”, que ahora deberá redefinirse,sobre todo porque es prácticamente imposible que la Dra. Cristina Fernández pierda las próximaselecciones presidenciales, ahora que, a sus muchas virtudes, agrega el hálito trágico de la viudezinesperada.
Los carteles que el mismo 27 de octubre se vieron en Plaza Mayo decían: “Perón, Evita yKirchner están en el mismo cielo”. El Gral. Perón enviudó durante su segunda presidencia,pero nunca pudo sobreponerse al fantasma de esa muerta colosal que, desde el más allá, dominó elmundo como no lo había conseguido estando viva. Luego, el Gral. Perón murió, dejando viuda a lavicepresidenta, la Sra. Isabel Martínez, que accedió al sillón de Rivadavia (para desgracia detodos los argentinos, los peronistas en primer término) por ese deceso.

Aunque la viudez parece constitutiva de los vaivenes políticos de nuestro reino, el caso de laDra. Cristina Fernández no coincide ni con uno ni con otro (pero la mitografía no precisa degrandes sutilezas): la muerte del Dr. Néstor Kirchner equivale a la del Dr. Alfonsín, y encuentra asu viuda en una curva ascendente impredecible hace tan sólo un año.

Más allá de su dolor personal, la Dra. Fernández debería salir fortalecida de este trance: silas encuestas electorales ya la favorecían por sobre su marido (porque sus virtudes públicas, sinduda, eran más visibles o más comprensibles para el electorado), ahora deberá demostrar, desde lasoledad y el luto, que ella es no sólo capaz de proponer y sostener un modelo de gestión propio(sobre lo que no cabría sostener demasiadas dudas, a esta altura del partido), sino de ordenar eseequívoco gigantesco que llamamos peronismo, y de dotar de sentido a ese enigma político reciente,el kirchnerismo.

A esos dos ismos (uno del siglo XX y el otro del siglo XXI) deberá imponerse el“cristinismo”, una corriente de opinión más interesante que las anteriores porquereposa en una simpatía incondicional que prescinde de las anteriores: muchos“cristinistas” (entre los que me cuento) jamás se declararían“kirchneristas” y preferirían cortase un brazo antes de que se los reconociera como“peronistas” (es, una vez más, mi caso). Llamo PP, “peronismo paquete”, aesta mutación de las adhesiones políticas.

No se trata, naturalmente, de coincidencias programáticas o ideológicas, porque ni el peronismoni el kirchnerismo se caracterizaron nunca por una ideología o un programa diferente delpragmatismo (es decir: el sentido de la oportunidad). ¿Podrá el “cristinismo”, tanradicalmente moderno –glamoroso hasta la náusea, hipertecnológico (YouTube, el twitteo y eltiteo son sus formas de intervención más recientes) y que tan bien rinde televisivamente–imponerse a las potencias maléficas que habitan los ismos que lo precedieron?

Suponemos que sí porque, ¿quién podría discutir con una mujer ya famosa por su habilidadretórica, su compromiso irrenunciable con las causas más peregrinas y a veces incomprensibles, sujuvenil entusiasmo por las maravillas del mundo y además, ahora, viuda: frágil, sin nadie con quiencompartir las durísimas exigencias del poder, en un año que hará coincidir los plazos del duelo yde la campaña electoral?

El Sr. Moyano se apresuró a garantizar su incondicional apoyo, y otro tanto irán haciendo losdemás barones peronistas. Lo contrario sería percibido como una vileza por parte del electorado,ese sujeto de la soberanía tan volátil que muchos intelectuales (Torcuato Di Tella, embajadorrecientemente designado, entre ellos) han propuesto la monarquía como la forma política que mitiguelas cíclicas crisis argentinas.

Cristina reina. Y su regencia será recordada con justicia como un período incomparable de lapolítica latinoamericana. Pero su asunción para un segundo período será una apoteosis de la que nodeberíamos privarnos. Es por eso que, junto con nuestra más profunda solidaridad en este trance, leenviamos a la Sra. Cristina Fernández el deseo de que pueda capitalizar la triste carga que losexcesos de carácter de su marido le han puesto sobre los hombros. Cristina reinará. ¿Qué más puedepedirse?

También en Perfil