•CHILE Y LA EDUCACION

Después del rescate

Después del rescate
24-08-2026 | 18:53

Llegué a Chile unas horas después de que terminó el rescate de los mineros. En Santiago, tomé laconexión de LAN a Valdivia, no sin antes hacer una cola infinita para un segundo e inútil check-in.Es evidente que el nuevo sistema, destinado a ahorrar tiempo y personal, no fue pensado por lamisma persona que diseñó el rescate en el Campamento Esperanza. No todo es eficiente en Chile,aunque la eficiencia es un tema del momento y la bandera de Piñera. Igual que la de Macri en laArgentina. A diferencia de Macri, Piñera tiene algo para mostrar en ese rubro, sobre todo despuésde la pobre reacción de Bachelet frente al terremoto.

Es otra derecha, me informa Ascanio Cavallo, consultor económico, analista político y crítico decine. Los pinochetistas, continúa, están agotados, perdieron su peso histórico y su razón de ser.La derecha hoy gana elecciones y se aleja de sus dogmas. Incluso en lo económico, Piñera representamenos el desmantelamiento del Estado que un intento de modernizarlo mediante la construcción de unaburocracia virtuosa, a contramano de la tradición latinoamericana. Lo de la virtud no implicasimplemente el combate contra la corrupción, sino la posibilidad de formular mecanismosadministrativos que hagan crecer la calidad de vida. Dicen que Piñera hizo su fortuna comoempresario eligiendo a la gente adecuada para cada puesto y hoy intenta repetir la estrategia en elgobierno. Piñera se tiene una fe ciega como director de casting. Pero nada es tan sencillo: un paísno es una empresa. Al llegar a Valdivia asisto a la inauguración del festival internacional de cinede esa ciudad, convertido en los últimos años en el más importante de Chile gracias, en buenamedida, a un riguroso cambio administrativo. Las inauguraciones son un género del espectáculo alque no se le presta la atención debida, pero permiten entender el estilo y las contradicciones deuna burocracia nacional. Escucho seis discursos de autoridades, de los cuales cinco son vacíos yprotocolares, pero pudorosos: no hacen referencia a los mineros ni al gobierno. El último es delministro de Cultura, Luciano Cruz Coke, uno de los jóvenes a los que Piñera incentiva para queestudien y le propongan soluciones a los problemas. El ministro conoce de cine: fue actor (bastantemalo, sostienen), productor y exhibidor. Se muestra dinámico y preciso. Expone sus objetivos:aumentar el público en la salas, hacer crecer las exportaciones del cine chileno, atraerinversiones y rodajes extranjeros, convertir al cine en una actividad “autosustentada”.Al otro día, hablo con Ximena Vidal, diputada socialista, presidenta de la Comisión de Cultura dela Cámara e invitada oficial al acto. También fue actriz y coincide en casi todo con Cruz Coke,aunque ella cree todavía en las cuotas de pantalla y el ministro, en cambio, quiere destinar el 25%de los subsidios estatales que recibe cada película a la publicidad y el marketing. La meta,voluntarista y más bien ingenua, parece inalcanzable desde ambas perspectivas.

La comprensión del problema es superficial y su solución, veladamente demagógica.
El tema es complejo y excede al funcionario. Pero, ¿cuál es la verdadera educación de unministro, no sólo en Chile, sino en otras partes? Eso lleva a otra pregunta: ¿cuál es la educaciónde los ciudadanos? Uno de los grandes conflictos sociales del Chile reciente fue el de losestudiantes, que no reclamaban mejoras edilicias, como sus congéneres trasandinos, sino unaeducación igualitaria y de calidad. Hay un obstáculo casi insalvable para esa meta: la malapreparación de los docentes. Pero en Chile se acaba de sancionar una ley que le permite a cualquiergraduado universitario ejercer la docencia en las escuelas. Parte del sindicalismo docente seopuso, pero poco pudieron hacer para que fuera rechazada. En la Argentina, sería imposible pensaren una medida semejante, aunque bien podría ser revolucionaria. Es una diferencia entre los dospaíses. Una diferencia grande.

*Periodista y escritor, desde Chile.

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