•Ensayo

Dilma, entre Cristo y Lula

El periodista argentino Edgardo Martolio, director de Perfil Brasil, analiza qué pasó en la primera vuelta de las elecciones brasileñas y por qué la oficialista Dilma Rousseff finalmente debió conceder el ballottage al opositor José Serra. Su respuesta es que no fueron los electores políticos de ambos candidatos quienes definieron la contienda, sino los evangelistas y sus millones de votos, que fueron para Marina Silva.

24-08-2026 | 18:27

Ninguna encuesta aceptaba el segundo turno hasta 24 horas antes de los comicios del últimodomingo. Dilma Rousseff, la candidata de Lula para dar continuidad a su gobierno, a pesar de ellamisma (no hizo ningún aporte personal, profesional o político a la campaña), ganaba con comodidaden las intenciones de voto. Sin embargo, habrá ballottage en Brasil. La petista Dilma dirimirá conel “tucano” (PSDB) José Serra. Dilma arañó el 47% de los votos y Serra superó el 32%.Como votaron poco más de cien millones de brasileros, cada punto porcentual equivaleaproximadamente a un millón de votos.

Pero no fueron los electores de Dilma y Serra los que decidieron, a último momento, la necesidadde un pasaje para el ballottage a estos dos poco carismáticos protagonistas. El (casi) 20% obtenidopor la tercera en discordia, Marina Silva, encumbrada por el creciente, aunque aún poco relevantePartido Verde, parece tener la culpa en una primera mirada. Parece… Algo debe tener que ver,sí, porque a Dilma le faltaron cuatro millones de votos cuando parecía que le sobraban ocho yMarina conquistó cinco millones más de lo que las más auspiciosas previsiones le endilgaban.

¿Fue sólo Marina? A Dilma la socavaron, también, los últimos escándalos oficialistas. Susucesora en su último cargo gubernamental, jefa de la Casa Civil, Erenice Guerra se llevó parte deesos votos faltantes junto con su execración pública (tuvo que renunciar por un lobby inapropiadode su hijo y denunciado por el diario Folha de São Paulo diez días antes de la votación). No sepodría decir que no hubo influencia de este caso. Como del penúltimo escándalo, de quiebra desigilo bancario contra personajes de la oposición. Pero, a medida que pasan los días, esos hechospierden fuerza negativa frente a otro descubrimiento más interesante que ayudó a Serra, sin méritoninguno, a llegar al segundo turno. Y, a Marina, para ser vista como la estrella de estaselecciones (sus 20 millones de votos la hacen figurita deseada por todos a la hora de negociarapoyo para ese segundo turno).

El método Obama. Ese motivo es… religioso! Sí, leyó bien. Dilma en 2007, enun momento de modernismo, se declaró a favor de la despenalización del aborto y aunque en algúndebate público, después, intentó desmentirse, nunca dejó totalmente claro que es anti aborto ytampoco convenció a nadie. Marina, especialmente, a los 45 del segundo tiempo usó eso y su gente,sin recursos para invadir la televisión invadió Internet (siguiendo la escuela de Obama), conemails al respecto y apuntando al sentimiento del… universo evangélico brasilero. Un mailingque alcanza a todas las clases sociales, es cierto, pero y principalmente a las menos favorecidas,precisamente donde Dilma, gracias a Lula, era más fuerte.

Frente a las primeras reacciones favorables a esa apelación, el Partido Verde, ágil, envió unsegundo email, más discutible que el anterior, en el que le atribuyó a Dilma una frase que nadie–por lo menos hasta ahora– podría confirmar o desmentir categórica y documentadamente.En ese email, la candidata del PT, aparece diciendo que “ni mismo Cristo queriendo me arrancaesta victoria”. Si la dijo o no nadie sabe, pero que fue el tiro de gracia frente a eseelectorado religioso ya no hay dudas. Los evangélicos más activos prefirieron a Cristo. Loscatólicos más profesantes, en alguna medida también. Más aún cuando Lula desapareció, en las horasprevias a la votación, del lado de su apadrinada. Justamente cuando más cerca tenía que estar.

Marina, a su vez, bien asesorada, en ese tema como en todos los otros asuntospolémico-religiosos, no se posicionó; siempre dijo que esas cuestiones debían resolverse enplebiscitos una vez electa. Marina es, con alma femenina, la figura que más se identifica con Lula,desde su origen pobre hasta esta intuición que no le deja quemar los dedos y mucho menos lalengua.

Serra, con toda su experiencia electoral, cuando vio que la religión tenía más importancia quelas plataformas políticas, tampoco cayó en estas polémicas y en los últimos días prefirió antes queposicionarse él mismo, cuestionar a Dilma. Ahora, para el segundo turno -donde, a su favor, tendráel mismo tiempo en TV que Dilma- empieza a dejar groseramente claro que él es contra el aborto.Ahora es fácil.

Menos de 20 horas antes de que se abrieran los comicios, el sábado a la tarde, le pregunté atres mozos de un restaurante y a un entregador de pizza a quien iban a votar. Todos respondieronque no sabían, que no habían decidido, que resolverían sobre la hora. Como yo desconocía los emailsdel PV que estaban siendo enviados en ese momento, no cuestioné nada de esto, pero me llamó laatención que quienes más definidos por Dilma debían estar, aún no lo estuviesen...

La Argentina que no votó. Los electores que se fueron de Dilma a último momento,fueron más que los que recuperó Serra o eligieron a Marina. El número de abstenciones fue muygrande (históricamente lo es). Veinticuatro millones seiscientos mil brasileros no votaron (unpadrón electoral argentino completo). Hablando de la Argentina dígase que en el comicio de laembajada porteña ganó Dilma. A su vez una población equivalente a todo Uruguay votó en blanco (másde tres millones). Y se estima que Dilma hubiera contabilizado el 70% de los casi seis millones devotos nulos –la mayoría analfabetos que se desentendieron con las urnas electrónicas–.Por eso la ex guerrillera en tiempos de dictadura, todavía puede dormir relativamente tranquilaimaginándose la 40ª presidente de Brasil. Y primera mujer en el cargo. El segundo turno la esperavencedora… aunque se estima que las abstenciones serán muchas más porque en 18 Estados habrá“elección soltera” (así la llaman los especialistas porque no va casada con votaciónpara gobernador, senador o diputados) y porque el martes 2 de noviembre, dos días después delballottage, es feriado nacional –día de los Muertos–.

Claro que esta victoria parcial de Dilma, fue la derrota más dura que Lula tuvo en la últimadécada porque jamás, él como muchos de nosotros, pensó que podría haber ballottage. De todos modos,quien salió ganando con este castigo evangélico, fue Brasil, lo que hace suponer que, realmente ycomo el propio Lula dijo muchas veces, “Dios es brasilero”. Brasil ganó al no definirsu presidenta en el primer turno porque después de este susto no habrá soberbia en Dilma y sugabinete. Ahora sabe que las fuerzas populares están dividas y que sólo Lula puede hacer (casi) loque quiere. Que ella tendrá que negociar, consensuar, lo que es formidable para evitar el siempreinconveniente exceso de poder que los argentinos conocemos tan bien.

La victoria de la “blasfema” Dilma Rousseff en el segundo turno no será amplia comoparecía. Y aunque ‘ahora comienza otra elección totalmente diferente de la de la primeravuelta’ como definen los encuestadores, no puede desconocerse que la mitad de los votantes deMarina Silva decían –antes del primer sufragio– que en un hipotético segundo turnovotarían a Serra… Este fin de semana aparecerán los primeros sondeos para el ballottage. Enparalelo, debe señalarse, que una elección no se define solo ganando el Ejecutivo; el poderLegislativo que por pulverización muchas veces ignoramos, pesa tanto o más que el presidencial a lahora de gobernar; y el domingo pasado hubo un pronunciamiento en las urnas muy importante alrespecto. Tanto que el oficialismo con sus alianzas y eso ya está en un 99% definido, tendrá uncongreso tan favorable acompañando a Dilma en los próximos cuatro años como nunca tuvo antes. Elpropio PT y más aún su aliado PMDB crecieron al igual que otros “socios” como el PCB,tanto en Senadores como en Diputados; siendo que el PSDB de Serra como su principal aliado, el DEM,perdieron muchos sillones. Ya hay quien diga que, si lo desea, Dilma con ese congreso podrá cambiarhasta la mismísima Constitución.

Podio olímpico. Serra, psicológicamente, es quien mejor llega al ballottage porquecomo explican los atletas olímpicos, es mejor el podio del tercer puesto que el del segundo. Quiensube al podio para recibir la medalla de plata está triste porque acaba de perder la final, estáviviendo un momento de frustración; mientras que quien sube para recibir la medalla de bronce llegaeufórico, acaba de vencer la disputa por el tercer lugar, termina de redimirse de la desazón dehaberse quedado afuera de la final, llega recuperado. El segundo lugar de Serra, que era unpotencial perdedor humillado, lo fortificó para la próxima batalla. Dilma, en cambio, que ganabacon los ojos cerrados, ahora no sabe si ganará con los ojos abiertos. Por otra parte, el partido desu candidato a vice, el PMBD de Michel Temer, está enojado con Dilma y con los petistas. Yareclaman más espacio en la televisión para el segundo turno. Ahora que no arrasó todos ven en Dilmaalgún problema, hasta sus “amigos”. Hablando en conflictos internos, el Partido Verde yMarina Silva en vez de vivir este momento con la euforia pertinente, ya están agrietando su unión.La cúpula del partido quiere negociar sus votos, pide ministerios a los candidatos del segundoturno. Marina los critica. Los políticos no entienden de honestidad intelectual. Marina no entiendede política. Juntos, muy lejos, así, no van.

Los especialistas coinciden en que Lula, en la recta final y con la victoria de Dilma aseguradaen el primer turno (como parecía estar) se dedicó ya no a consagrar otros candidatos del PT y si aeliminar sus principales adversarios en el Congreso. Hizo campaña específica contra siete líderespolíticos del PSDB y el DEM que, en forma personal, lo incomodaron en sus ocho años de gobierno enel Senado (los que siempre le votaron todo en contra). Fue a sus regiones para destruirlos. Ydestruyó a cinco que ya no estarán en la escena política brasilera por haber terminado sus mandatossin conseguir reelegirse, como el ex intendente de Río de Janeiro César Maia, el líder nordestinoTasso Jereissati, el amazonense Artur Virgilio y el ex vicepresidente de Fernando Henrique Cardosoen sus dos períodos, Marco Maciel. Los dos enemigos que sobrevivieron y volverán a estar no son losmás enconados ni los más importantes. Y no será de ellos que Lula deberá cuidarse. Cristo, ofendidopor Dilma, parece ser su único y verdadero rival. Cristo fue “verde” en la primeravuelta; ¿será rojo PT en la segunda?

El 31 de octubre vuelve a votarse. Dios dirá si se hace o no la voluntad de Lula, surepresentante brasilero en la Tierra.


*Periodista.

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