Disparos fotográficos

Esta es la primera vez que me gustaría que esta columna tuviera otro diseño, con muchas fotos y si es posible grandes.

Disparos fotográficos
24-08-2026 | 06:57

Esta es la primera vez que me gustaría que esta columna tuviera otro diseño, con muchas fotos ysi es posible grandes. Pero pensándolo bien, el diseño actual es muy bueno; sobrio, algo elegante,con buena visibilidad. No, el problema no es el diseño, sino yo. Quiero decir: mi proverbialdiletantismo, mi incapacidad para emprender. Si tuviera otra personalidad, ya hubiera llamado aleditor del suplemento y le hubiera ofrecido escribir una nota de tapa, o un artículo largo, oincluso le hubiera podido pedir prestadas, como excepción, las páginas 14 y 15 –habitualmenteescritas por Mercedes Urquiza sobre arte– para que las fotografías se pudieran apreciar en sujusto valor. Pero no, no lo hice, y aquí estoy, apelando a que los lectores puedan encontrar lasfotos en Google. Porque de fotografía trata esta columna; o mejor dicho, de un fotógrafo. De uno delos mejores fotógrafos del siglo XX.

Cuando se hace la lista de los grandes, generalmente se piensa en Cartier-Bresson, Man Ray,Kertész, Capa. Pero nunca en Enrique Metinides, el más extraordinario fotógrafo de policialeslatinoamericano. Metinides nació en la Ciudad de México en 1934 y todavía vive, retirado, rodeadode miniaturas de trenes y ambulancias. Durante décadas, el Niño (apodo que recibe porque empezó afotografiar a los 12 años) publicó sus tomas en el diario mexicano La Prensa y en revistas comoCrimen y Alarma! modificando para siempre lo que entendemos por foto policial. En México tienen unahermosa expresión para designar a la crónica policial: nota roja. Pues el mundo de Metinides estáhecho de accidentes, tiroteos, muertos, violencia, pero nada de rojo. En sus fotos prácticamentenunca se ve sangre. En una entrevista, señala Metinides: “Me quedó muy grabada una películade cine en la que había una escena de una explosión. El director nunca mostró el edificio enllamas, sino las sombras de éstas en los rostros de las personas que observaban”. Y allí seresume buena parte de la estética del fotógrafo: poca sangre, pero en cambio mucha presencia dedetalles urbanos y rostros de gente anónima. En sus fotos (autos chocados, cuerpos electrocutados,tiroteos salvajes) suele haber un grupo de mirones en torno al drama, como un coro de tragediagriega en medio de la polis mexicana.

¿Por qué no se piensa en Metinides como uno de los grandes fotógrafos de la historia? Quizáporque, a diferencia de la literatura, la fotografía sigue rumiando en términos de fotos cultas ygéneros menores. A ningún crítico literario se le ocurriría hoy decir que la novela policial es ungénero menor. Pero en fotografía todavía sí. Colocar a Metinides al lado de Cartier-Bresson siguesiendo una rareza. De hecho, Weegee –algo así como el equivalente neoyorquino deMetinides– es tal vez más conocido que el mexicano por la fuerza del aparato comercialnorteamericano (¡De Weegee compré decenas de postales en Nueva York y de Metinides no conseguí niuna sola en el DF!) pero su obra (menos centrada en el hecho policial y con más presencia de lavida cotidiana y de lo social) tampoco aparece en el canon fotográfico estándar. Sin embargo,últimamente la obra de Metinides empieza a tener cierto reconocimiento. Alguna galería de NuevaYork expuso sus fotos y una buena editorial independiente mexicana planea editar un libro (hastaahora hay un solo libro de fotos suyas, agotado e inhallable). Ya era hora.

En Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja en México, escribe Carlos Monsiváis:“¿Es la nota roja una gran novela colectiva, con episodios culminantes como hitos de lapequeña historia?”. En esa gran creación colectiva, las fotos policiales de Enrique Metinidesocupan un lugar único. El suyo es el sueño de todo artista genial: ni mejor, ni peor: único.

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