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Dos millones de argentinos reivindican sus raíces negras

El misterio de la “desaparición” de los negros argentinos, que en 1806 eran el 30 por ciento de la población de Buenos Aires. Un proyecto de país que los volvió invisibles, a pesar de que su legado está entre nosotros. Según los especialistas, al menos cuatro por ciento de compatriotas son afrodescendientes. El próximo censo buscará medir con exactitud el fenómeno.

23-08-2026 | 23:14

Había una vez una ciudad en la que el 30 por ciento de sus habitantes eran negros. Corría el año1810. Y había otra vez, pero 80 años después, una ciudad, la misma, donde los negros eran apenas el1,8 por ciento. Esa ciudad se llama Buenos Aires. Y el enigma aquí planteado bien puede extendersea toda la Argentina: ¿qué pasó con los negros argentinos? ¿Pudo desaparecer un segmento tan grandede la población de un país, y de una ciudad, sin que nadie se dé cuenta? ¿Se trata de un genocidioinadvertido? ¿Fue durante la Guerra del Paraguay, que los tuvo como carne de cañón? ¿La fiebreamarilla, que se ensañó con ellos y con el barrio donde vivían, San Telmo? PERFIL se propusoconsultar a los especialistas para aclarar estos interrogantes, y se topó con una respuesta por lomenos sorprendente: ¿y si hay millones de argentinos que descienden de los negros?

La sangre y la piel. Liliana Crespi, licenciada en Historia y magíster en Ciencias Sociales,que investiga la cuestión, considera que en muchos argentinos los rasgos típicos africanospersistieron a pesar del color, pero fueron manifiestamente negados. “Cualquiera explica suascendencia española, italiana, rusa, china o japonesa, pero raramente alguien expresa tener unascendiente negro. La no aceptación a la pertenencia africana creó un imaginario dedesaparición”, dice la investigadora. Es decir, hay sangre africana y rasgos africanos enmuchos argentinos, aunque su piel no lo refleje.
Durante la colonia, el comercio de esclavos era un negocio rentable para las compañíasportuguesas, británicas y francesas. Los pobladores negros de Africa, sobre todo de Angola yMozambique, eran los que llegaban a Buenos Aires. Llegaban directamente de sus países al puerto delRío de la Plata o venían a través de Río de Janeiro y Montevideo. Aquí eran vendidos en losmercados, el mayor de los cuales quedaba en lo que hoy es la plaza San Martín.En el interior delpaís se asentaron sobre todo en Córdoba y en lo que era la ruta del Alto Perú, actual Bolivia.
Cerrado el tráfico negrero en 1812, la población afrodescendiente siguió creciendo con nuevasuniones interraciales, pero fue desdibujando sus rasgos y el color de su piel. En 1807, el 29,7 porciento de los habitantes de Buenos Aires eran negros o afrodescendientes, un término que porentonces no se utilizaba. En 1838, el porcentaje era más o menos similar, un 26,1 por ciento, peroapenas 50 años después, en 1887, los negros eran sólo el 1,8 por ciento de los porteños. Apenas8.005 de los 425.370 habitantes que tenía la Ciudad.
Crespi sostiene que una de las principales causas para esa disminución es que la mayoría delos esclavos eran varones. “No porque se los prefiriera, sino porque los esclavos embarcadosen Africa eran principalmente prisioneros de guerras entre etnias, muchas veces alentadas portratantes portugueses, ingleses y holandeses”. La mujer en Africa era valorizada por sufunción maternal y laboral, no era vendida en igual medida que el hombre. Esta mayoría masculinaprodujo un mestizaje con blancos y/o indios. La diferencia que había entre varones y mujeres seacentuaron con la participación de los hombres en las guerras de la Independencia y en las luchasciviles entre 1820 y 1850. También en la Guerra del Paraguay en 1869. Como consecuencia de esto, lapoblación masculina africana disminuyó. Carlos Reynoso, profesor de Antropología de la UBA,recuerda que, además, a lo que hoy es nuestro país fueron traídos muchos menos esclavos que a otrasregiones de cultivo tropical. A su juicio, en la disminución “lindante con la virtualextinción” de la población negra tuvieron mucho que ver las políticas de reclutamiento paralas campañas a Chile y el Alto Perú de José de San Martín, y la “mal llamada” Conquistadel Desierto.

Darwinismo social. Con la inmigración europea de fines del siglo XIX y principios del XX, y lapropuesta de un nuevo proyecto de país y sociedad impulsado por el Estado a partir de la llamadaGeneración del 80, se terminó por diluir “visualmente” a la raza negra. También lasnuevas uniones llevaron a un “blanqueamiento progresivo”. “Este proceso tambiénpasó en Europa y en otras partes del mundo. Se llama darwinismo social. Se basa en la concepción deque la sociedad se divide en jerarquías donde el lugar más alto en la escala es para el hombreblanco y el más bajo, para el hombre negro”, explica Marisa Pineau, docente e investigadorade la Universidad de Quilmes y de Buenos Aires.
Otra causa que provocó la disminución de la población negra fueron las malas condiciones desalubridad dadas durante las epidemias de fiebre amarilla en 1852, 1858 y 1870-71. “Se diceque en esta última, que diezmó a más del 8% de los porteños, el ejército evitó que los negros delsur de la Ciudad fueran evacuados a la zona norte, como sí se les permitió a la población blanca,desapareciendo virtualmente desde entonces”, cuenta Reynoso.
Para Norberto Pablo Cirio, un antropólogo que ha investigado la cuestión de losafrodescendientes, “nunca hubo desaparición”, sino que la hegemonía blanca firmó haciamediados del siglo XIX un apresurado e imprudente certificado de defunción biológica y cultural dela población negra en Argentina. “En esa búsqueda de una identidad nacional, blanca,civilizada y con los ojos puestos en una cultura europea, la población no blanca, aborígenes ynegros, se mimetizaron como no presentes”. Cirio considera que al menos el 4 por ciento de lapoblación argentina, unos 2 millones de personas, desciende directamente de aquellos negros querepresentaban el 30 por ciento de Buenos Aires en 1807. “Incluso hay apellidos como Garay oThompson, que en realidad vienen de esclavos que los recibieron a su vez por imposición de susamos, Juan de Garay o Margarita Sánchez de Thompson”.

Denominacion. Otra cuestión a considerar en el siglo XXI es cómo uno se dirige a la gente negray cómo ellos quieren ser llamados. Las interpretaciones son varias. Para Pineau, “la mejoridentificación es la autoidentificación, como cada uno decide llamarse”. No siempre hablar denegro es despectivo. Algunos grupos quieren llamarse negros y sienten orgullos de serlo. Mientrasque otros, por ejemplo, los afrodescendientes, prefieren denominarse de esta manera, por ser unacategoría más general y no pone en discusión si se es más claro u oscuro. Es el caso de MaríaGabriela Pérez, quien considera que “negro puede dar lugar a distintas interpretaciones. Eneste ejercicio de la no discriminación es bueno que nos llamemos cada uno por su nombre. Tampoco megusta que me llamen afrodescendiente, yo tengo un nombre. El hecho de ser argentina me permitiódefenderme de manera diferente frente a la discriminación. A pesar de ello, por mi negritud,siempre tuve que dar explicaciones de que pertenezco, nací y me crié en este país”, explica.
Según Crespi, la intencionalidad está en cada persona, no en la palabra. Le parece incorrectoevitar el término negro por considerarlo peyorativo o discriminatorio. “Como historiadora delos siglos XVII al XIX, me ajusto a lo que las fuentes documentales indican. Allí no aparece lapalabra afrodescendiente o afroargentino. Ni siquiera africano”. El siglo XX trajo otraconnotación social a la palabra. El “cabecita negra” o el “negro” intentadiferenciar a aquellos que buscan incorporarse al ámbito económico y político, tradicionalmentereservado al blanco. En este caso, la palabra negro excede la identificación racial paraconvertirse en un instrumento ofensivo. “No creo que deba descartarse describir o referirse auna persona como negro, del mismo modo que se define a otras como blancas, asiáticas, pelirrojas omorochas”, dice.
Por su parte, Cirio cree que después de siglos de convivencia con blancos y aborígenes, no espertinente hablar de negros. “Es un concepto de color, que con la mezcla de las personaspuede cambiar”, expresa.
La actual población afrodescendiente argentina festeja la incorporación de la pregunta ¿Ustedse considera afrodescendiente? al censo de 2010. Este hecho ya tuvo su prueba piloto en 2005 enlocalidades de Santa Fe, y en San Telmo y La Matanza, donde 2 millones de personas se reconocieroncomo afrodescendientes, dice Elida Obella, presidenta de la Organización afro AME. Como explicaCirio, esta aceptación significa un conocimiento del pasado de la persona.
Para Crespi “es un buen momento para recuperar lo que nos permita construir oreconstruir nuestra identidad como sociedad. Nuestra nación no fue obra de unos pocos integrantesde un grupo selecto, sino que es el fruto del trabajo de muchos”.

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