•israel y cuba

Dos realidades que lastiman

25-08-2026 | 07:17

Lo de Israel hace tiempo lastima mi estructura personal de lealtades.

Uno imagina que el dolor enseña, y que las persecuciones que sufrió ese pueblo lo habrían vueltoinvulnerable a la tentación por los excesos que seducen desde todo poder. Pero persiste la infinitasorpresa que oculta la reacción de todo ser humano, y los que más sufrieron son incapaces de ocuparel lugar del sabio, del que más aprendió.

Defender a Israel era ocupar el lugar obligado para enfrentar la demencia y la degradación desus perseguidores derrotados por el mundo de la libertad.

Y el mundo que defendió a Israel era aquel que decidía imponer la fortaleza moral sobre lamilitar, eso que hoy expresan sus víctimas.

Ser antisemita implicaba ocupar el lugar del oprobio, ¿cómo no nos iba a lastimar entonces quelos herederos de aquella noble causa tuvieran conductas parecidas al de su opresor?

Ahora son ellos los que abusan de la debilidad de sus vecinos, los que aparecen como la avanzadade una visión del Occidente supuestamente superior, ocupando el lugar del gendarme en medio de unacultura que busca su lugar en el mundo.

Duele y lastima; ahora ser antisemita implica, a veces, condenar atrocidades cometidas por elEstado de Israel.

Porque no defendíamos un pueblo en especial, sino el derecho a vivir con dignidad de una culturaperseguida en exceso. Como nos ayudan el talento y la sabiduría de Daniel Barenboim para poderdarle distancia a la mirada.

Y entonces me vienen los recuerdos de Cuba, de esos sueños del mundo socialista que quedaronencerrados en una isla y un esquema, en un sectarismo y una falta de libertad que les sirve deexcusa a demasiados de sus originales detractores.

Algunos festejan el fracaso, a otros nos duelen sus limitaciones.

Cómo explicar que para que exista la justicia no tiene que morir la libertad, que toda dictaduraes nefasta para el género humano y peor aún, aquella que nació para hacer justicia.

Y la serie infinita de justificaciones que les sirven a los Castro para explicar el bloqueo delImperio y justificar las consecuencias y a Israel para denunciar las agresiones de los fanáticos yjustificar la represión.

Cómo olvidar al comunismo y sus explicaciones infinitas, aquel muro que separaba un pueblo y queel mundo entero festejó con su caída. En todos los casos, siempre quedan los que aplauden todo, losque de tanto justificar a Stalin perdieron el derecho a despreciar a Hitler.

Los trazos gruesos pueden explicar una etapa, un momento necesario para definir una sociedaddistinta. Pero cuando la supuesta excepción va tomando su oscuro lugar de regla, las cosas ya no sepueden justificar y llegó el momento de imponer sin escuchar.

El socialismo de Cuba y el destino de Israel fueron parte de los sueños de muchos, demasiadoscompañeros de ruta, miembros de mi generación.

Parecían, entonces, los lugares del mundo donde estaba por florecer lo nuevo, la muerte delegoísmo en manos de la solidaridad, las causas que le daban sentido a la vida.

Cuántos amigos despedimos en su nuevo rumbo de encontrar en Cuba el socialismo y la justicia orecuperar en Israel la patria que habían heredado con su sangre.

No estoy revelando el pesimismo ni diciendo que no es posible un mundo mejor, sólo expresando loque duele aceptar que el fracaso está carente de excusas, que la soberbia de algunos salvadores delmundo se degradó en experiencias peores a las que intentó salvar.

En el fondo, para tantos que no fuimos ni socialistas ni judíos, pero entendimos que en ellos seencarnaba buena parte de nuestra voluntad de justicia, para todos nosotros esta realidad que duele,a veces, se vuelve un horror que lastima.

Porque una cosa es que no lleguen a concretar sus sueños de imposible, y otra muy distinta esque se parezcan demasiado a aquello que intentaron superar.

No es que uno necesite condenar los fracasos ajenos, sólo que a nadie le gusta a veces escucharen silencio las explicaciones de aquellos que fueron sus enemigos.

Ni el socialismo ni el pueblo judío merecían este presente, donde lo único que queda es lanecesidad de justificar.

Claro que es bastante diferente, los cubanos resisten con dignidad sus complicaciones, los otrosse convirtieron en agentes del Imperio.

Cuba tiene cierto sentido de impotencia, de tarea inconclusa; Israel es, sin duda, la traición asu razón de existir.

Cuba es una frustración, lo de Israel es la historia de la víctima que se convirtió envictimario.

Y entonces duelen distinto.


*Dirigente justicialista.

También en Perfil