•CUBA

El agua y el coco

Con mi mujer, estuvimos en Cuba hace ocho años. Como no pocos argentinos, pensamos que sería bueno conocer la patria del Che antes del adiós del Caballo (Fidel).

21-08-2026 | 06:35

Con mi mujer, estuvimos en Cuba hace ocho años. Como no pocos argentinos, pensamos que seríabueno conocer la patria del Che antes del adiós del Caballo (Fidel). Ibamos a la Feria del Libromás universal que jamás veríamos, en la hispana fortaleza de defensa del puerto de La Habana,condicionados a verificar con ojos propios las mentadas carencias de bolígrafos, jeans y demásartículos negados por el interminable bloqueo norteamericano. Nos esperaban un añejo matrimonioamigo de un amigo escritor de acá, y un directivo argentino de la cámara del libro de allá. Porellos, accedimos a hospitales, escuelas y bares donde se servían mejores mojitos y daikiris que losturísticamente promocionados. Fuera de su amable guía, en arisco grupo extranjero y con movilidadindependiente, recorrimos media Cubita (así le decían muchos), incluyendo la inevitable Varadero delos exquisitos hoteles internacionales, además de otras urbes de ensueño e islas paradisíacas, perotambién la módica Santa Clara, donde el Che ganó la batalla final contra la dictadura de Batista ytiene su mausoleo de honor. Impresionante templo sin dios, dedicado a su memoria y la de todos losguerrilleros caídos en Bolivia, incluida Tania. Era el año del reclamo del chico Elián, y asistimosal más de un millón de cubanos movilizados en apenas dos horas para exigir su devolución ya.También contemplamos el berenjenal de intelectuales y artistas reunidos en su casa habanera cadaatardecer, discutiendo a Marx y Nietzsche, Borges y Carpentier, Sandino y el Caballo. Pero, en unorden francamente menos serio, en ciertas tiendas y boutiques veíamos, aparte de lujosas cajas dehabanos y maravillosas botellas de ron no exportables, jeans franceses, camisas italianas, remerasinglesas, etc. ¿Cómo podía ser, si el bloqueo, si las biromes, si los medicamentos, si el papel,si...? Preguntábamos demasiado, y la respuesta me la dio un barman del insuperable Hotel Nacional(en Cuba, los barmen son como los oráculos de la antigua Grecia, nada ignoran): “Oiga,caballero, ¿usted sabe cómo le entra el agua al coco?”. Réplica: “No”. Colofón adhoc: “Pues tómese otra copita y relájese, amigo, la casa invita”.


*Escritor y periodista.

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