La Presidenta ha insistido en presentar, una vez más, el falso dilema con el que comenzó el año:ajuste o reservas.
Cuando la Presidenta nos informa que necesita usar parte de las reservas para pagar un gastopúblico, nos está diciendo que la plata no le alcanza, es decir que entre los ingresos públicos ylos gastos públicos, incluidos los servicios de la deuda, hay un “desajuste”. No sonreservas para pagar deuda. El dinero es fungible: si uso dólares del Banco Central para pagardeuda, “liberó” los pesos destinados a pagar esa deuda para pagar, por ejemplo,salarios. De manera que es lo mismo que decir “uso las reservas para pagarsalarios”.
Ahora bien, ¿por qué el dinero no alcanza en un año en que la cosecha de soja y los buenosprecios internacionales mejorarán los ingresos por impuestos a la exportación? ¿Por qué el dinerono alcanza en un año en que se pronostica un crecimiento importante de la economía, después de larecesión de 2009, mejorando los ingresos impositivos corrientes? ¿Por qué el dinero no alcanza enun entorno de presión fiscal sobre los pagadores de impuestos que está en sus máximos históricos,no sólo por las mencionadas retenciones a la exportación, sino también por el impuesto al cheque yla transformación de ahorros de futuros jubilados en ingresos públicos, al terminar con el régimende AFJP? ¿Por qué el dinero no alcanza con una renovación automática de parte de la deuda pública,debido a la expropiación del stock de ahorros en las AFJP, pasados a la ANSES, junto con otrosactivos que se han ido vendiendo o podrían venderse?
El dinero no alcanza porque la explosión del gasto en estos años ha sido extraordinaria. ¿Ya qué se destinó esa explosión del gasto, que se nota tan poco en la calidad de los bienes públicosesenciales como educación, salud e infraestructura básica?
Se destinó a mantener una estructura de precios de la energía, el transporte y algunos otrosrubros, para la Capital Federal y el Conurbano bonaerense, alejada de sus verdaderos costos deproducción y precios de venta, alentando el consumo desmedido y desalentando la oferta privada, conun esquema de subsidios discrecional, poco transparente y regresivo.
Se destinó a nuevas jubilaciones para gente que nunca aportó al sistema, muchos de ellos declase media y media alta, y muy pocos verdaderos necesitados de este regalo.
Se destinó a un aumento importante del empleo nacional y provincial, más aumentos de salariosy de las jubilaciones más bajas. Se destinó, es cierto también, a subsidios para gente que losnecesita, pero con un sistema clientelar y arbitrario, y con un diseño que ayuda poco a mejorar lacapacidad de este sector para acceder a trabajos genuinos en el futuro.
Se destinó a obra pública asignada, también, en forma poco transparente, en función deprioridades políticas y no socioeconómicas y con evidentes sobreprecios. Y se gasta, finalmente, encancelar deuda pública.
Todo este paquete ha llevado al gasto público argentino –nacional, provincial ymunicipal– a niveles históricos récords, se lo mida como se lo mida.
Como pasa en su casa cuando se gasta más de lo que se recauda y no se quiere“ajustar”, o se consigue crédito, o se usan ahorros, si los hay. Pero el uso delcrédito o de los ahorros tiene sentido si se espera que la situación cambie en el futuro; de locontrario, sólo se posterga el problema de fondo.
El Gobierno argentino quiere usar reservas (ahorro) y crédito para dejarles el ajuste a losque vengan después: “Si quieren ajuste, que vengan ellos”.
Pero el crédito “voluntario” está limitado por la reputación y la propia situaciónfiscal. El crédito “forzoso”, por su parte es, por ahora, la emisión monetaria, quepermite pagar gastos sin recaudar impuestos genuinos pero generando inflación.
Y aquí está el centro del falso dilema: el ajuste del gasto se está haciendo igual,licuando, con inflación, las jubilaciones y los salarios públicos e incrementando nominalmente losingresos. Mientras el gasto público suba por debajo de la inflación y el crecimiento real de laeconomía, habrá ajuste, aunque el gasto nominal no baje. Si, por el contrario, el gasto sube porencima, hará falta vender más reservas o usar más crédito y más inflación, generando unaespiralización peligrosa.
El ajuste, entonces, no es una elección: se hace por las buenas o por las malas, ahora o mástarde.





