En la Argentina al dinero lo llamamos plata. Nuestro gran Río es el de la Plata. El nombre delpaís que habitamos remite a la misma plata. Uno de los ejes principales del conflicto políticoactual es también la plata.
Hay mucha plata. Se la genera y se la acumula por miles de millones. En un país como el nuestrohace pocos años había tres millones de personas, casi todas de clase media, condenadas a unaeconomía de trueque por falta de ingresos, despidos de sus trabajos y cierre de sus comercios. Pocotiempo después logra salir de la depresión con un crecimiento económico a tasas chinas. También fueel escenario en el término de un año de la fuga de cuarenta mil millones de dólares.
Ese dinero no se quiere quedar. ¿Por qué? Porque no tiene proyectos ni seguridad paraestablecerse por un largo plazo. ¿Cómo se llega a que nuestro país no pueda, hace ya décadas, salirdel atolladero que lo limita a ser un lugar en el que el dinero entra y sale en tan poco tiempo?¿La culpa es de Martínez de Hoz y de Cavallo? ¿Eso es todo?
En la actualidad, el dinero que se fuga duerme en bancos internacionales a una tasa tan baja queningún inversor o ahorrista obtiene una renta que le permita retirarse del mundo de la inversiónproductiva. Se le suma el hecho de que la última crisis financiera ha mostrado que los bonos y lospapeles emitidos por grandes empresas y por entidades financieras gigantes, pueden desaparecer deun día para otro. Debe andar algo muy mal en un país, para que luego de un crecimiento de más del7% anual y con mercados de exportación en expansión, vea que sus capitalistas y ahorristasinvierten lo que es sólo necesario para mantener el negocio y se retiran hacia otros horizontes aesperar nuevas oportunidades mientras no obtienen ganancia alguna.
Si nuestro horizonte de calidad de vida, bienestar social, desarrollo económico, niveleducativo, estado sanitario, es el de la clase media de los países europeos o el de nuestrosjóvenes hermanos en brevedad histórica, extensión y población como Canadá y Australia,indudablemente, vamos por mal camino. Para concretar este deseo de mayorías integradas al“sistema” sin riesgo de expulsión a la marginalidad, también es necesario sentar lasbases productivas que impulsen un desarrollo económico sustentable. El mismo depende de unainfraestructura que abarque las necesidades de crecimiento económico apoyado en vías férreas,caminos, puertos, fuentes de energía, redes de agua potable, viviendas para todos, etc., unacombinación de generadores de riqueza y de políticas sociales que permitan que el crecimiento nosea un globo que se infla y se pincha cada seis o siete años.
Esto que se acaba de puntualizar lo sabe todo el mundo. Lo dicen todos y lo escriben todos. Noes ciencia la que nos falta.
A diferencia de la década del noventa, en este momento nos hemos convertido en tesoreros dereservas acumuladas y ya no como en aquella época en grandes deudores insolventes. Del déficitcomercial de los noventa en el que importábamos más de lo que exportábamos, sustituíamos producciónnacional por la importada y dejábamos miles de trabajadores en la calle, hoy el intercambio nosfavorece, sumamos divisas y acumulamos reservas.
El problema político nacional se origina por esta nueva situación. Hay plata, y ésta se guardaen lo que popularmente se llama la caja. Resulta claro que quien es el dueño de la caja y decidecómo distribuirla detenta el poder.
La lección del kirchnerismo ha sido ésta. No han descubierto esta verdad sino que la handesnudado. Es la verdad de la historia política argentina que muestra que los gobiernos sin poderde acumulación y de distribución de los recursos nacionales, no sobreviven. Ganó don Juan Manuel deRosas, su aduana y su populismo unitario. Los caudillos provinciales están que trinan y loscopetudos liberales enrojecen de vergüenza, igual que hace ciento cincuenta años.
Para reforzar la ley del eterno retorno de lo mismo que compensa con una imagen cíclica lo queaparece todos los días como “infinitas novedades de nuestra vida política”, este vaivénpendular se repite en nuestra historia más reciente iniciada en 1984. Esta fase es la queconstituye nuestro presente y ofrece la prueba de que la plata es la llave de nuestrainstitucionalidad.
Alfonsín y la hiperinflación, los dineros obtenidos por las privatizaciones de Menem, loscompromisos de deuda heredados por De la Rúa, marcaron el destino de cada uno de ellos, tanto susmomentos de debilidades como sus auges y caídas libres.
También ha determinado la existencia de los gobiernos kirchneristas. Lo ha hecho el precio de lasoja, el gigantismo de Brasil y la devaluación del 2002. Hace un tiempo, llegar al podersignificaba enfrentarse al problema de la deuda, hoy se ha vuelto algo tentador ya que poseer elcetro ejecutivo es apropiarse de la caja y de lo que tiene adentro.
¿Pero si al igual que en las cajas de los magos lo que se creía adentro finalmente no es nada?¿Si su contenido es puro simulacro como opinan algunos expertos?
No lo parece. Lo que reciben los movimientos sociales, las cooperativas de trabajo, el plan deasignaciones por hijo, no son papeles pintados. Los miles de millones de subsidios que permiten queel precio del transporte no se triplique tampoco son espejitos de colores. Hasta tal punto escierto que nadie imagina a un futuro gobierno con las espaldas políticas para ni siquiera anular enparte estos gastos y destinarlos a otras prioridades.
¿Que se gasta mal? ¿Que hay corrupción? Seguramente. Pero, ¿y las pruebas?, ¿los juiciospolíticos o penales? ¿En qué juzgados están las causas y cuántos funcionarios están sentenciados nosólo por los haberes injustificados de personas particulares sino por las licitaciones, licencias,prebendas y adjudicaciones de obras públicas y contratos? ¿Quién tiene las facultades y lasposibilidades de llevar a cabo una auditoría general de la acción gubernamental y de lo que hace ydeshace con los dineros públicos sino es el mismo personal gubernamental?
El problema es que este gobierno con las cajas negras, los presupuestos fraguados y maquillados,la parálisis y vaciamiento de los organismos de control, han puesto una valla a cualquierinvestigación. Y quien se atreva a hacerlo ya sabe que los organismos de la SIDE y sus personerosen el periodismo y en la política están listos para develar los misterios de su vida privada ypública.
Durante medio siglo los dilemas argentinos se resolvían con las armas. Desde que la democraciase ha instalado y las fuerzas armadas están desarmadas, se los resuelve con la plata.
Las críticas de la oposición al Gobierno se sintetizan en denuncias de autoritarismo ycorrupción. Son las mismas acusaciones que se hacían en los años cincuenta durante el primergobierno de Perón. Dicen que falta el amor de aquellos tiempos y sobra la chequera de nuestrosdías. Quién sabe. De todos modos, si no hay amor en los tiempos de cólera y ni siquiera chequera,esperamos que no sólo quede la peste.
*Filósofo www.tomasabraham.com.ar





