El antifeminista

Me hice primero ateo, a los 12 años, cuando me enteré de que la Iglesia había torturado a Galileo. Y recién ocho años después, Alicia Moreau de Justo me convenció de “pasarme” al agnosticismo, porque “es tan soberbio tener la certeza de que Dios existe como de que no existe. Lo correcto es decir que no se sabe”, me decía ella con razón.

El antifeminista
23-08-2026 | 05:26

Monseñor Héctor Aguer durante la extensa entrevista del director de PERFIL. Sólidaformación filosófica para sostener posiciones medievales.

Tuve un tío abuelo obispo en Italia a quien no llegué a conocer, aunque sí pude visitar elcolegio que en homenaje a él lleva mi apellido en Fermo, Mache. Mi padre hizo los cinco años delsecundario internado en el colegio Don Bosco de los Salesianos, a quienes indirectamente debo mivocación de periodista como herencia de la formación en “artes gráficas” que le dierona mi padre en ese colegio. Pero yo salí agnóstico.

En realidad, me hice primero ateo, a los 12 años, cuando me enteré de que la Iglesia habíatorturado a Galileo. Y recién ocho años después, Alicia Moreau de Justo me convenció de“pasarme” al agnosticismo, porque “es tan soberbio tener la certeza de que Diosexiste como de que no existe. Lo correcto es decir que no se sabe”, me decía ella conrazón.

Como todo liberal de izquierda, siempre me sentí ideológicamente tan lejos del marxismo como deloscurantismo de la Iglesia Católica. Me rebelé ante ambos dogmatismos que trataban de imponerverdades únicas y totalizadoras. Tanto el comunismo como la Iglesia limitan la libertad individualy la subordinan a otras prioridades.

Cuando era chico miraba por televisión Las aventuras de Hijitus. Ya de adulto me tocó vivir enel mismo edificio que su creador, Manuel García Ferré, a quien un día me animé a preguntarle en elascensor: “Dígame, Manuel, ¿por qué el malo era Neurus, justo un profesor?”. “Nosé –me contestó–, nunca me había puesto a pensar en eso.” En otro viaje enascensor fue García Ferré quien me preguntó: “Me quedé pensando en lo del profesor Neurus:¿por qué cree que elegí como malo a un profesor?”. “Porque de muy chico usted fue a laescuela en España –le respondí–, cuando era el país más clerical del mundo, y para laparte más conservadora de la Iglesia la ciencia resultaba una amenaza. Imagino que quedóinconscientemente impregnado con esa visión.”

Cuando esta semana monseñor Héctor Aguer, presidente de la Comisión de Educación del Episcopadoargentino y, para muchos, después de Bergoglio la persona más importante de la Iglesia, calificó de“neomarxista” y “totalitario” el manual de formación docente en educaciónsexual que distribuyó el Gobierno, no pude no simpatizar con el Gobierno. Lo mismo que sucedió hacealgunos años con los dichos del vicario castrense Antonio Baseotto: los pensamientos retrógrados loúnico que hacen es fortalecer a los Kirchner. Y me sucede con Benedicto XVI, quien tampoco me caesimpático y sintomáticamente lo llamo más habitualmente Joseph Ratzinger, al revés de lo que mesucedía con Karol Wojtyla, a quien siempre veía como Juan Pablo II.

Y cuando anteayer, viernes, a las 11 de la mañana, el jefe de Redacción de PERFIL, ClaudioGurmindo, me avisó que cuatro horas después tenía que partir a La Plata a entrevistar alcontrovertido Aguer, arzobispo de esa ciudad, el más “ratzingerista” de todos losobispos argentinos, mi cabeza desempolvó de la memoria al profesor Neurus de Hijitus.

Aguer, para rebatir el manual de formación docente en educación sexual, criticó no sólo a Marxsino también a Nietzsche, Descartes, Freud, Foucault. El hombre no anda con vueltas: en las sólotres páginas que contienen sus consideraciones acerca de las “orientaciones oficiales sobrela educación sexual”, el presidente de la Comisión de Educación del Episcopado puso en telade juicio a una parte significativa de los mayores pensadores de los últimos siglos. En su cruzadaantidialéctica le faltó criticar a Hegel y no se privó de elogiar a Adorno por su “dialécticanegativa”.

Conozco mujeres para quienes Aguer simboliza al “enemigo”. Quizá sea exagerado, peromínimamente se podría decir que Aguer es el más prominente miembro antifeminista de la Iglesiaargentina.

En el reportaje, más allá de sus posiciones medievales, el entrevistado demuestra que leyó atodos los filósofos modernos y debate con solidez académica.

Traté de equilibrar mi declarado agnosticismo con el mayor respeto posible a las ideas delprójimo (aunque me resultan más que arcaicas), fundamentalmente por la cantidad de católicos quepractican los postulados de Aguer y Ratzinger.

Espero que todos los lectores se sientan respetados en esta especie de debate bioético.

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