El arte de narrar

Los informados sabrán decir quién va a poner la plata y con qué razones profundas. Los enterados averiguarán cuál es exactamente la puja de intereses en juego y el porqué de su resolución. Yo personalmente me hago una pregunta distinta: quiénes son los que van a relatar los partidos. Porque una cosa parece evidente, y es que se equivocan los que creen que el fútbol es un asunto de menor importancia entre nosotros.

El arte de narrar
23-08-2026 | 08:29

Los informados sabrán decir quién va a poner la plata y con qué razones profundas. Los enteradosaveriguarán cuál es exactamente la puja de intereses en juego y el porqué de su resolución. Yopersonalmente me hago una pregunta distinta: quiénes son los que van a relatar los partidos. Porqueuna cosa parece evidente, y es que se equivocan los que creen que el fútbol es un asunto de menorimportancia entre nosotros. El fútbol no es nada, porque es nada más que un juego; pero es capaz designificarlo todo, porque es nada menos que un juego. Y además de un juego que se juega, es unjuego que se narra. Entendimos con Paul Ricoeur de qué manera el tiempo y la narración se sostieneny se dan sentido recíprocamente. Con Georg Lukács entendimos hasta qué punto las combinacionessingulares del narrar y el describir determinan las ideas que nos hacemos de lo que es la realidadsocial. Y con Hayden White entendimos que en la sola narración de los hechos anida ya una maneraparticular de interpretarlos.
Ya quisiera yo ocuparme de las últimas narraciones de la literatura argentina: del mosaico derelatos complementarios en Glaxo de Hernán Ronsino, del acompasamiento de pensamiento y narraciónen Mis dos mundos de Sergio Chejfec, de las derivas narrativas en Autobiografía médica de DamiánTabarovsky, de la guerra de relatos en Las teorías salvajes de Pola Oloixarac, del relatoreversible en Cero de Marcelo Eckhardt. Pero no; me ocupo de estos otros relatos, los del fútbol,los que son seguidos por millones y atraviesan la sociedad entera con una influencia masiva.
En otra época, cuando los relatos de fútbol por radio los hegemonizaba José María Múñoz, noshacíamos una idea sencilla del mundo y asumíamos una percepción plana del tiempo: las cosas eran loque eran, pan al pan y vino al vino, y nada más; y el tiempo de las palabras trasuntaba los mismosbaches y la misma lentitud que el tiempo de los hechos. Tuvo que llegar Víctor Hugo Morales a laradiofonía argentina en 1981 para que la narración de los partidos cambiara. La riqueza demetáforas nos indujo a desdoblar a cada momento existencias y semejanzas, aquello que las cosaseran y aquello que podían parecer; la aceleración y la desaceleración en el relato nos hacía notarque había dos tiempos en juego por lo menos, que uno era el de los hechos y otro era el deldiscurso.
En el relato televisivo primaba el criterio de la constatación nominal: relatar era decir losnombres de los jugadores, como lo hacía Mauro Viale. Un latiguillo de Horacio Aiello (“A laderecha de su pantalla, señora”) acercaba a la televisión al plano de la autoconciencia, perotodavía bajo el prejuicio de que el fútbol televisado era cosa de mujeres. Se pensaba por entoncesque la televisación rivalizaba con la concurrencia a los estadios: que si se transmitían lospartidos en directo, las tribunas quedarían vacías.
Más adelante se supo que no: que se trataba de dos universos conectados pero esencialmentedistintos. Por ese entonces el relator pasó a ser Marcelo Araujo. Con Araujo el espectáculo ciertode la transmisión televisiva se volvió más importante que el espectáculo presunto de los partidosque se jugaban. El tiempo televisivo se impuso: los jugadores aparecían por ejemplo contando, desdeel futuro, ese gol que en el presente iban a hacer pero todavía no habían hecho. O podíancontestar, en una ficción de diálogo, a una pregunta que el relator les hacía desde la cabinaaunque fuera en pleno partido. Fue el momento McLuhan del relato deportivo en Argentina, cuando elmedio fue más que nunca el mensaje. La hipótesis que Jean Baudrillard proponía en ese mismo momentoen La guerra del Golfo no ha tenido lugar, de que la CNN se transmitía a sí misma antes quetransmitir la propia guerra, encontraba aquí su correspondencia, salvando las distancias de losobjetos en cuestión.
Dime cómo narras y te diré cómo ves el mundo. ¿Vale la regla también para el fútbol? Claro,por qué no. Si hay pocos relatos sociales que cobren entre nosotros tanta intensidad y tantaconvocatoria como los relatos de los partidos. Otros sabrán explicar por ejemplo cómo es que se lascompone Julio Grondona para ocupar la presidencia de la AFA durante un lapso en el que el Vaticanoprecisó emplear a prácticamente cuatro Papas. O cómo se las arregla para ser vicepresidente de laFIFA, que es la mayor corporación global del mundo, sin saber hablar ni una palabra de inglés.Mientras tanto yo por mi parte me pregunto por la narración. Quiénes van a relatar y cómo.

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