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El articulito de la semanita

Carambita, hoy ya es martecito y tengo que escribir el articulito para las columnitas de esta semanita. Digo, ¿estará bien así? Porque ante la invasión de diminutivos, una se desconcierta y se desorienta un poco y no sabe lo que va a ser aceptable y lo que no.

El articulito de la semanita
24-08-2026 | 11:48

Carambita, hoy ya es martecito y tengo que escribir el articulito para las columnitas de estasemanita. Digo, ¿estará bien así? Porque ante la invasión de diminutivos, una se desconcierta y sedesorienta un poco y no sabe lo que va a ser aceptable y lo que no. Todo parece haber empezado conla salud, pública y de la otra, cuando las amables señoritas de los dispensarios, consultorios,obras sociales, mutuales y demás, piden, ofrecen, exhiben y etcétera etceterita, las ordencitas,los tiquecitos y los carnecitos hasta llegar el momento en que una recurre a San Obama y piensa sino habrá que llamarlo para este asunto de la terminología en la salud pública y de la otra. Despuésla cosa de los diminutivos pasó rápidamente a las boutiques, tiendas y “regalerías”,palabra desagradable si las hay, y empezó la preguntita de: “¿Se lo envuelvo pararegalito?”. Aia. Hasta tuve, no tanto como una polémica, pero sí una conversación con una delas amables señoritas, esta vez de una casa que vende bijouterie, en la que le dije que en realidadhablar de “regalito” es disminuir el collar o el par de aros o la pulsera que unapensaba llevar en ofrenda al cumpleaños de la amiga. Que un regalito, le dije, restaba importanciaa lo que una llevaba, y que mejor era hablar de “regalo” directamente. Ah, no, me dijo,es que regalito queda más cariñoso, ¿vio? Ajá, entonces el asunto del tiquecito y la ordencitatienden al cariño, a una especie de caricia virtual entre mujeres. Sí, porque no he oído a ningúnvarón de ninguna profesión, en lo que va de médico a tachero, y no estoy haciendo taxonomía nidistinción por prestigio profesional, que me hablara del tiquecito o de la ordencita. Más bien eltachero me dice: “¿Necesita el tique, doña?” y el del arte de curar me pide:“¿Trajo el recetario de la obra social?” Todo sin diminutivos y son solamente dosejemplos entre muchos y sin ánimo de discriminación. Resulta por lo tanto que el diminutivo llevaconsigo una especie de toque feérico que convierte al sustantivo desnudo y a secas en algo dulce yblandito como una mousse de chocolate o mejor de queso de cabra con arándanos que es menosagresiva. Claro que hay sustantivos (la mayoría, me atrevo a afirmar) que penosamente podríanllegar al diminutivo. Ya que hemos andado cerca de la salud pública y de la otra, supongamos queuna va a hacer fisioterapia y el fisioterapeuta le dice que tiene que hacer trabajar el cuadriceps.¿Cómo se llega al diminutivo de cuadriceps? No, no me lo diga que hasta me ruborizo, tan espantosaes la palabra resultante. Los diminutivos de los nombres propios son más fáciles y en eso estoycasi (dije casi) de acuerdo con la señorita de la bijouterie, pero los nombres de los meses o delos días de la semana son atroces si se nos da por adjudicarles los diminutivos correspondientes.
En suma, ¿qué es un diminutivo? Sin necesidad de abrir el Pequeño Larousse (¿o Laroussito?)digamos que es un sufijo que una adosa a ciertas palabras para indicar pequeñez o falta deimportancia (recordar a la señorita del regalito, y a propósito: ¿señorita es diminutivo deseñora?) o afecto o alguna otra cosa. Pero, ¿y si dentro de no mucho tiempo los diminutivostriunfan en la conquista del idioma que han emprendido hace poco y todo se habla en diminutivos? Ysi las amables señoritas son cabeceras de puente en la invasión de sufijos que restan importancia yagregan cariño a las palabras?

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