El Bien y el Mal

Invitado a inaugurar una Semana do cinéma en una ciudad brasileña, paso tres días en casa de queridos y viejos amigos con los cuales jamás hemos tenido una discusión que involcurara tópicos más graves que los disparatados horarios a los que se levantan todos los días, incluidos los domingos (antes de que los gallos canten, naturalmente, pero también antes de que Morfeo haya podido reparar las huellas fatales de la jornada anterior).

El Bien y el Mal
23-08-2026 | 20:53

Invitado a inaugurar una Semana do cinéma en una ciudad brasileña, paso tres días en casa dequeridos y viejos amigos con los cuales jamás hemos tenido una discusión que involcurara tópicosmás graves que los disparatados horarios a los que se levantan todos los días, incluidos losdomingos (antes de que los gallos canten, naturalmente, pero también antes de que Morfeo hayapodido reparar las huellas fatales de la jornada anterior). Son cosas del clima. En las largassobremesas, una cosa lleva a la otra y terminamos a grito pelado defendiendo posiciones contrariasen relación con la situación política argentina, que ellos interpretan en los mismos términos queel Poder Ejecutivo.

Como yo disiento en los diagnósticos “destituyentes” y las generalizacionesabstractas como “los medios de comunicación” me parecen un pobre intento para construirun enemigo imaginario, terminan tirándome por la cabeza los mil dislates que en los diarios másconservadores y derechistas se leen y las aberraciones que los sedicentes periodistas televisivosse atreven a sostener sin ruborizarse por su ignorancia y su mala fe (de la que, por cierto, somosconscientes desde hace décadas).
Me niego a que me involucren en la vaga corriente de los “destituyentes” y“desestabilizadores”, quienes, por las recientes palabras del Gobierno, parecen habervuelto a ocupar las primeras filas de un “combate” del que a mi juicio, la mayoría dela población está un poco harta y le interesa más bien poco. Me echan en cara que no acompañe confelicidad las decisiones de nuestros gobernantes. Les explico que tengo sobradas razones para nohacerlo, pero que en modo alguno eso me obliga a tomar parte en una polarización que detesto y quetampoco eso implica un pedido jacobino de cabezas.

Ellos reconocen que el “estilo” de comunicación del gobierno es exaltado demais,pero consideran que su “proyecto” es defendible. Les contesto que la estilística no esmi fuerte y que no evalúo los estilos (aún cuando cierta intensidad termina agobiándome) porque meparece que eso escapa un poco a la política. Cuando les pregunto cuál sería el proyecto quepatrocinan me contestan con una figura de discurso: “la redistribución”.
Sea: nadie puede no acordar con ninguna palabra de cinco o más sílabas (y por eso me gustahablar de la “reterritorialización paranoica” en las alarmas estatales).
En el momento en que les pregunto cuáles son las herramientas redistributivas la pocaracionalidad que conservábamos se hunde en el barro. Naturalmente, el subsidio universalrecientemente aprobado es lo más a mano. Pero yo me he pronunciado favorablemente en relación conesa herramienta, y no veo que demasiados sectores hayan levantado su voz en su contra, salvo porcuestiones técnicas como el origen de los fondos que financiarían el programa (los aportesjubilatorios y de los monotributistas y no las modificaciones en el impuesto a la renta financiera,como habría sido, para mí, más “redistributivo”).

Como en la discusión introduzco mi hipótesis (probablemente gorila hasta el tuétano) de que elperonismo es el Mal Elemental, me acusan de matafísico trascendentalista. También me niego aaceptar esa caracterización. Mi señalamiento tiene que ver con la incapacidad del peronismo parareconocer y dotarse de exterioridad. Nuestra discusión es una prueba de ello: nosotros, que nosqueremos tanto, no podemos sino pensar la política argentina en relación de adhesiones y rechazosal discurso, la ética, las maneras y, sobre todo, la interna peronista (que, dicen, sería laresponsable última de los actuales embates “desestabilizadores”).
Me niego a participar de esa lógica, les digo. No estoy ni a favor ni en contra del“peronismo” gobernante (evalúo sus medidas una a una). Les recuerdo que el liberalismode los años noventa que tanto se mienta como el símbolo más dramático del fracaso argentino fuetambién el “peronismo” gobernante. ¿Y qué son esos colectivos nunca analizados,“los medios”, “el campo”, “el neoliberalismo”, sino el intentode presentar ante la opinión pública un demonio simétrico (un espejo del propio semblante)?
Alarmados por nuestros gritos, los camareros que nos atienden nos preguntan en la dulcelengua de Drummond si está todo bien. Les contesto con una metáfora tristemente adecuada: tudo bom,tudo legal, los argentinos somos como los gatos, cuando gritamos no nos estamos matando, sinoreproduciéndonos.
Como lo que tenemos es lo que nos merecemos, y como somos lo que decimos y lo que callamos,nos volvemos a la Unidad Básica Reina Cristina (sección catarinense) a dormir la siesta.

También en Perfil