•un mar de fondo inquieta a los depositantes

El cambio inútil

Con la salida de Redrado, no acabarán los problemas para los K ante la aparición de conatos de rebelión en el PJ bonaerense. Pese a las críticas de Cristina, serán los fondos buitres los que ingresen al canje de deuda.

24-08-2026 | 04:44

Nadie, en apariencia, le agradecerá a Martín Redrado los “servicios prestados” luegode renunciar, a última hora de ayer, a su cargo en el Banco Central, el mismo que no podía ocupardesde el pasado domingo por orden de Cristina de Kirchner (aunque un jurista puntilloso bien podríadecir que la comisión a expedirse –Prat Gay, Cobos, Marconato– no reúne ciertascondiciones elementales, ya que los representantes de las provincias carecen de presencia en ella ynadie entiende cómo un tema de tamaña envergadura se resolverá postergando, otra vez, lascondiciones federales que se atribuye la Argentina). Una formalidad la de los “serviciosprestados”, aunque el furioso Gobierno, la oposición toda y, sin duda, la población quizás ledeban reconocer a Redrado que, al dilatar la transferencia de reservas al Tesoro Nacional, se evitóun embargo masivo sobre esos fondos, vía el juez Griessa. En un país en el que se brinda cátedrasobre cómo no pagar las obligaciones, que es hábito no honrar las deudas, el aporte realizado porel controvertido titular del BCRA parece interesante.

Para el dúo Kirchner, cerrar el caso Redrado resulta imperioso. Hay encuestas (Giaccobe yasociados, por ejemplo) en las que al “golden boy” le reconocen que defiende más losintereses de la República que la propia Cristina, que es más confiable que Amado Boudou, que no esun “traidor” como dice el Gobierno y, sobre todo, mayoritariamente expresa que hizobien en no entregar las reservas sin aprobación legislativa. Acostumbrados a determinacionesrápidas, casi violentas, inclusive algo improvisadas, el transcurso del tiempo y la no ejecución delos dos decretos del l4 de diciembre y del 7 de enero han sido una traumática indigestión. Casi dosmeses de mal humor sin un laxante correctivo y con la irritación agravada de que, ahora, ya nodeciden por su cuenta (no sólo en el tema reservas) sino que deberán soportar auditorías y, talvez, repartir parte de los fondos que se imaginaban propios. Por lo tanto, quien mira hacia delantepuede colegir que el tema de la inflación en el país puede recorrer cimas más altas que lasconocidas hasta ahora en los períodos Kirchner. Finalmente, ciertos apoyos políticos vienen de lamano del pensamiento “un poco de inflación” no viene mal (con devaluacionesposteriores). Justo cuando uno podía imaginar que ya es hora de instalar en el Código, como delito,que deben ser punibles aquellos actos que desemboquen en alta inflación o eninfradevaluaciones.

Nada será igual ya al pasado kirchnerista. Aunque el Gobierno disimule su debilidad y,seguramente, radicalice sus posiciones. Sea con actitudes de menor inclinación libreempresista ocon la meta de despejar su entorno, catapultando de su sillón al vice Julio Cobos, hoy un pococonmovido por los últimos ataques en su contra (los Kirchner, Scioli, los titulares oficialistas delas bancadas, hasta líderes de la oposición). Nadie imagina un frustrado juicio político, como esel deseo del mendocino, tal vez una ofensiva tipo “él o yo”, dilema que podríaencontrar al vice institucionalmente más sólo que al Redrado de hoy. Habrá quien encuentrecomparaciones con Venezuela, que de un día para el otro se despojó del titular del Banco Central ydel vicepresidente de la Nación, aunque otras sean las realidades y Hugo Chávez haya dejado de serél –como confesó– para convertirse en el “pueblo”. Pavada de jactancia.

Del apoyo empresario y su vinculación con el sector, ahora la mandataria guarda reservas: depoco y nada sirvieron sus prometedores asados de fin de año y, menos, los respaldos formales paraechar a Redrado. El Grupo de los 7 se canibalizó a tres o cuatro, sólo inscriben para declaracionesde entidades a Wagner (construcción), Gabbi (bolsa) o De la Vega (comercio), siempre listos paratodo servicio. Quizás algun otro. Por no hablar de la larga lista de los propios, más útiles paradisfrutar operaciones comerciales que para solventar las medidas del Gobierno. En cuanto a Cobos,aunque manda mensajes de que “no pone palos en la rueda” –impugnador latiguillooficial– y se presta a consumar buena letra, tropieza con dos dificultades: su propia ymenguada energía –finalmente, optó por el voto “no positivo” en el tema del campocuando se quedó sin alternativas, ya que él había sugerido un cuarto intermedio– y la escasezde sostenes: buena parte de la UCR lo quiere más lejos que cerca (léase Alfonsín), tambien laCarrió se congratularía con su partida (no le perdona, dicen, que en su momento se haya pasado alkirchnerismo). Por no hablar de otras agrupaciones políticas: nadie parece tolerar candidatosfuertes para 2011.

Mientras, claro, se avecinan confusiones y fuertes temporadas de ardiente calor. Tal vez por lasminucias de la ética oficialista a la hora de comprar dólares –lista legítima de 2009 quenadie se atrevía a divulgar–, aunque en las últimas horas apareció otro preciado historial,referido a la crisis de octubre de 2008, cuando algunos sindicalistas (para no señalar sólo a losempresarios), sobre todo uno se esforzó en el trámite permitido de posicionarse más de una vez endivisa extranjera (dos millones de dólares tope) y posiblemente sacarla del país, justo cuandoarreciaba una corrida. El mismo que se infla el pecho defendiendo el modelo y maldiciendo depalabra a los que objetan ciertas políticas. No es ésa, sin duda, la perla mayor de ese período.Tamaño conocimiento informativo, dicen, proviene de allegados al prisionero bancario Juan JoséZanola, quien purga cárcel con razones para estar detenido por edad en su domicilio –tal vezde nuevo su mujer–, molestos con quienes se arrogan una cercanía sindical que sólo deviene enprovecho propio y se olvida del resto de los colegas.

En paralelo, el Gobierno se aplica antídotos: despachó al procurador Guglielmino por inoperantee incorporó a Da Rocha, lo que supone otro manejo de la Justicia, ya que es más versado endistintos fueros. Esa llegada supone enfrentamientos con otros operadores oficialistas, late laimpresión de disconformidad con ciertos fallos –se alude al “partido judicial”cuando una medida no sastisface a Olivos– y, al parecer, no alcanza con el azar de quesiempre las causas sensibles le tocan al juez Oyarbide, al cual por el momento se objeta porque“se decora en lugar de vestirse”. Más loable sería revisar el sistema de sorteo, casiparecido a una licitación. Guglielmino, comentaron, se desploma por el complejo fallo de la Cámarade la cual se suponía influyente (el híbrido dictamen determinó simplemente la imposibilidad degobernar: no tocar las reservas y ubicar a Redrado en un limbo sin destino, como un asteroideperdido) o por su pálida actuación explicativa ante la comisión llamada bicameral. Otros, másastutos, le achacan responsabilidad en la chambonada del DNU que le hizo firmar Zanini a laPresidenta sobre las reservas, de quien el renunciado juraba obedecer a pie juntillas. Al obedienteGuglielmino sí le agradecieron los “servicios prestados”.

A estos enredos que sublevan a los Kirchner, se les añade la novedad de que su reservoriopolítico, Buenos Aires, manifiesta conatos de deserción. Típico del peronismo. Allí no puedeofrecer fisuras, se juega parte de su destino, de ahí que Hugo Moyano saliera a explicar –entono humorístico– lo que sucedió en una reunión crítica en la que él no estuvo. Lo que sedice: un lenguaraz, ya que agregó la desmentida de que su gremio –anuncio hecho unas horasantes– iba a invertir en un hotel cinco estrellas en Punta del Este, una actividad en la cualtambién sigue a su jefe. Sostuvo que no estaba en sus planes y objetó al “gorilaje” quese asombró con la decisión. En rigor, en esa especie extinguida, sólo hubo sorpresa; quien sícuestionaría una inversión de ese tipo es el propio Néstor, no exactamente un “gorila”,ya que a él le molesta que su gente veranee en Uruguay; no observa con buenos ojos que losAlperovich se desplieguen por la Mansa junto al ministro Manzur; a Scioli lo aceptan más en Suizaque en el balneario oriental y, por lo que trascendió, le pegaron un sosegate a Débora Gorgi, quienapenas si pudo retozar sin salidas en su departamento de La Brava. La reprimenda se entiende: ellaes responsable también de Turismo, se supone que alienta ese rubro en su país y no en elextranjero, finalmente –como si no hubiera pasado el tiempo y el escándalo– copió elantecedente de Fassi Lavalle, aquel funcionario de Carlos Menem.

Tal vez, entusiasmada con la carne de cerdo –¡tan afrodisíaca que a su marido le haceprescindir del Viagra!, confesó risueñamente la señora–, Cristina la emprendió otra vezbriosa contra los “fondos buitres”, esos que supone no ingresarán al canje de la deuda.No es la visión de los que siguen el tema: al canje ingresarán los que compraron a l4 y venderán a32 (los fondos buitres), no quizás aquellos ahorristas solitarios o mal aconsejados que compraron a80, japoneses, alemanes, italianos. Merece una revisión ese mensaje, igual que especial cuidadohabrá que observar en lo que el Gobierno le responda a la SEC, organismo que para validar laoperación realiza hoy consultas y auditorías más severas que el propio FMI. Pero, como la sigla SECcarece del satanismo de la sigla FMI, pocos lo toman en cuenta.
Por lo tanto, con la radicalización eventual del kirchnerismo, será necesario negociar conotros bloques. Para imponer, quizás, un bono “voluntario” a los bancos y garantizar laobra pública, hacer una reforma financiera, también otra a la carta orgánica del BCRA. Estasnovedades, junto al episodio Redrado y la concesión económica a provincias, más aumento del gastopúblico y la posible inflación, sin duda provocan urticaria en la ortodoxia económica, en esos queel Gobierno califica de gurúes. El problema, sin embargo, no son esos personajes: tal vez preocupee inquiete a los depositantes un mar demasiado revuelto y piensen que, para la Argentina, encajaaquella preciosa definición de Mussolini sobre Italia: “No es difícil cambiarla, esinútil”.

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