•obama y gulliver

El Capitán naufraga en Washington

Cuenta Jonathan Swift que, cuando el Capitán Gulliver naufragó en Lilliput, los nativos lo trataron bien. El retribuyó sus atenciones ayudándoles a capturar una nave. Pero se negó a ayudarles a sojuzgar a sus vecinos. En castigo, los lilliputienses lo condenaron a arrancarle los ojos. Puesto que no medían sino unos 15 centímetros de estatura, para dominarlo esperaron a que se durmiese.

23-08-2026 | 11:47

Cuenta Jonathan Swift que, cuando el Capitán Gulliver naufragó en Lilliput, los nativos lotrataron bien. El retribuyó sus atenciones ayudándoles a capturar una nave. Pero se negó aayudarles a sojuzgar a sus vecinos. En castigo, los lilliputienses lo condenaron a arrancarle losojos. Puesto que no medían sino unos 15 centímetros de estatura, para dominarlo esperaron a que sedurmiese.
Una vez dormido, lo sujetaron con cuerdas a estacas clavadas en la tierra. La unión hace lafuerza. Pero a veces la astucia supera a la fuerza. En efecto, sabemos que el astuto capitán logróhuir, y que visitó otras tierras extrañas, tales como Laputa.
Swift ubicó esos acontecimientos en 1699. Tres siglos después, el Capitán Obama llega aWashington con una gran visión y con la ilusión de ponerla en práctica. Sueña un porvenir justo,próspero y pacífico para su patria y para el mundo. Pero nuestro capitán naufraga a poco de llegara puerto y pierde a casi todos los miembros de la tripulación que lo había acompañado en su viaje:los liberales movilizados por su visión generosa.
El Capitán no podía prever la crisis económica que se desató de golpe y que parece hecha amedida para hacerlo naufragar; ni con que sus asesores económicos, casi todos heredados delgobierno anterior, han ayudado a reflotar a los financistas pero no a los desocupados. La tasa dedesocupación en los EE.UU. se ha duplicado en poco más de un año y llega casi al 10 por ciento.
Mientras tanto, los mil funcionarios principales de Goldman Sachs, una de las firmasfinancieras rescatadas con dineros públicos, acaban de cobrar bonificaciones de un millón dedólares por cabeza. Se sigue premiando los fracasos en gran escala, así como se castiga a lospequeños. ¡Qué contraste con los gobiernos conservadores de Francia y Alemania, que acaban deimponer una cota superior a tales bonificaciones! El Capitán prometió crear 3 millones de puestosde trabajo; pero éste es, precisamente, el número de puestos perdidos desde que fue electo. ¡Quécontraste con el gobierno laborista australiano! Su “paquete de estímulo” fue invertidoen ayudar a los jubilados y a las familias con niños, así como en renovar o construir escuelas,todo lo cual hizo aumentar el consumo y mejorar la educación.
Tampoco contaba el Capitán Obama con la negativa de los parlamentarios de su propio partido aclausurar la infame prisión de Guantánamo, ubicada en tierra cubana, y donde el gobierno anteriorhabía estado torturando a niños. Ni previó que su partido, en complicidad con las compañías deseguros, se negaría a reformar el sistema de asistencia médica, la gran causa por la cual luchó elfinado senador Ted Kennedy durante cuatro décadas. Al prometer un cambio de rumbo de la políticaexterior norteamericana, el Capitán Obama la puso en manos de Hillary Clinton, quien había aprobadolas agresiones militares del gobierno anterior. El resultado es que no hubo cambios importantes eneste capítulo, salvo de retórica. Por ejemplo, Joe Biden, el imprevisible vicepresidente, visitóUcrania y Georgia para asegurarles el sostén de sus políticas respecto de Rusia, su poderosavecina, al mismo tiempo que anunció al mundo que su país había renunciado a la política de lasesferas de influencia.
El nuevo gobierno advirtió a Irán que no toleraría que fabricase bombas nucleares, pero nadadijo sobre las 200 bombas que se le atribuyen a Israel, la única potencia nuclear del MedioOriente. Ni mencionó el destino de las 800 bases militares norteamericanas distribuidas entre loscinco continentes, y cuya clausura aliviaría considerablemente el déficit fiscal, estimado en 10millones de millones (la unidad seguida de 13 ceros) de dólares. En cambio, afirmó que la Guerra enAfganistán es necesaria, aunque sin mencionar que sólo lo es para el siniestro Talibán, que se hainfiltrado en Pakistán.
Tampoco contaba el Capitán Obama con la resistencia de la paquidérmica burocracia del Estadofederal, engordada por todos los mandatarios republicanos al mismo tiempo que discurseaban contrael Estado. Ni con la pasividad de sus conciudadanos. El Capitán les queda grande a loslilliputienses, que lo han pescado dormido y lo han atado al suelo por negarse a seguir la hondahuella que dejaron sus antecesores.
El Capitán Gulliver era vulnerable por haber perdido a su tripulación. El Capitán Obama escasi impotente por el mismo motivo: porque no lo acompaña su propio partido, debido a que nocomparte su visión y es casi tan conservador como el Partido Republicano. Este conservadurismo noes propio de un grupo marginal, sino la ideología básica del pueblo norteamericano desde Nixon enadelante. Mientras escribo estas líneas, millones de norteamericanos anuncian que van a sacar a sushijos de las escuelas públicas para protegerlos de la “propaganda socialista” que leatribuyen al presidente. Esa debe ser la misma gente que aún no se ha enterado de que la Tierragira en torno al Sol, ni de que los humanos somos animales, productos de la evolución.
Ya nadie recuerda las reformas sociales puestas en práctica por los gobiernos de Franklin D.Roosevelt y Lyndon Johnson, que ni siquiera los gobiernos de Reagan y los Bush lograron demoler.Tampoco se recuerda mucho la excelente película política Mister Smith va a Washington (1939). Eneste clásico de Frank Capra, un honesto e ingenuo político provincial, que encarna el gran JimmyStewart, va al Capitolio a limpiarlo, como Hércules cuando se le ordenó limpiar los establos deAugías. El senador Smith no logró terminar su misión, pero sacudió a la opinión pública.
¿Logrará desatarse el Capitán Obama? Lea los próximos episodios.
*Filósofo.

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