El catorce

El catorce
24-08-2026 | 15:24

Hola, buenos días, cómo le va, qué tal. ¿Bien? Me alegro. Sí, yo también muy bien. Hace calor,¿no? Y bueno, es la época. ¿A qué fecha estamos? Julio, claro, 24 de julio. ¿De qué año? Una estásiempre tan ocupada que hasta se olvida del año en el que vive. Ah, sí, eso es, 1389, sí, qué añointeresante, ¿no? Yo diría que es un siglo interesante, vea. Usted estará de acuerdo conmigo en queeste siglo catorce va a pasar a la historia como un siglo clave en la evolución de la humanidad.Fíjese en todas las cosas importantes e interesantes que pasan. Bueno, en cuanto a la cultura, ahítiene a hombres cuyas obras serán estudiadas por las generaciones que vengan. Pienso en DanteAlighieri, Bocaccio, Chaucer, Juan Manuel, Petrarca, Ockham. Ah, por supuesto, hay que tenercuidado, los intelectuales, ya se sabe, a veces se van para el otro lado, así que hay que estaratentos, no sea que nos hagan caer en alguna trampa tendida por el Maligno. Creo que para eso hayque leer a quienes supieron alertarnos, San Bernardo de Claraval por ejemplo, gran defensor denuestros valores. O la devotio moderna de Tomás de Kempis. Y orar, orar mucho. Porque si nocorremos peligro, ay, sí, corremos peligro. Se pierden los valores, ya no hay respeto, la juventudestá desorientada y hay que volverla al recto sendero como sea. Y es que de no hacerlo, llegainexorable el castigo. Recuerde cómo pasó la peste por sobre nuestras cabezas llevándose a losherejes, a los apóstatas, a los que nos inclinaban hacia el abismo, a los que deseaban ladisolución de la familia, la decadencia de la sociedad, un aliento mefítico que se expandía pordoquier. Pasó, gracias al Cielo, y hemos visto cómo prosperan las ciudades, cómo la riqueza inundalas faltriqueras de quienes trabajan honestamente, cómo las caravanas van hacia el Este y nos traende allá sedas y especias y artículos de lujo, oro y piedras preciosas, y cómo los burgraves y losalcaldes y los síndicos se preocupan por las poblaciones a su mando y sacan de sus murallas a losindeseables dejándolos morir de hambre y sed en el desierto a menos que se arrepientan y tomen elrecto sendero. Cierto, muy cierto, a veces nos enteramos de acontecimientos nefastos, el Papa se vaa Avignon abandonando Roma, la temperatura del mundo cambia y va en disminución con lo que lascosechas se han malogrado y las revueltas de los campesinos son terribles tanto en Inglaterra comoen Francia, y mire lo que pasó en Kosovo, qué terrible. Y Tamerlán allá en los confines, amenazandocon el Corán, aunque está tan lejos que no sé si no es una amenaza sin consecuencias. Sí, yo tengoconfianza. ¿Usted, no? Ah, me parece bien, sí eso es lo que hay que hacer. Hay que terminar conquienes minan los cimientos de nuestra civilización, hay que declarar la guerra santa, hay queerradicar a los que no piensan como nosotros, como la gente honesta y creyente que quiere lo mejorpara sí, para su familia, para su ciudad y para este mundo en el que vivimos. No hay que andarsecon contemplaciones, no señor, de ninguna manera. Hay que aplicar la ley del más fuerte. Porquenosotros, usted, yo, nuestras familias, las gentes que conocemos, el párroco de la iglesia de laSanta Trinidad, el juez ante quien se llevan esos casos, todos somos los más fuertes, los que nohemos errado en el camino de la vida, y los que debemos velar por que los demás piensen y hablen yactúen como nosotros. Eso mismo. La horca si es necesario, la horca, el cuchillo, el látigo, elpotro, la doncella de hierro, la dislocación de las articulaciones, el fuego, el embudo, el aguahirviente, todo lo necesario para que esas pobres conciencias sepan hacia dónde dirigir sus pasos.Y la hoguera cuando ya no hay esperanzas. Levantemos hogueras en las plazas, quememos a las brujas,recordando a Kramer y su manual de instrucciones para tratar con esos súcubos. No dejemos queSatanás se haga dueño de cuerpos y de almas. Nadie está libre de equivocarse, de apartarse delrecto camino, pero por lo mismo debemos estar alertas sobre nuestras palabras y nuestras acciones ylas palabras y las acciones y sobre todo los deseos de los demás. Si es necesario, yo también mesiento capaz de llevar leña a las hogueras, de acercar antorchas a la leña para regocijarme en elespectáculo de la quema de quienes se opusieron a lo que es verdadero y conveniente. Estoyconvencida de que así la historia recordará a nuestro siglo con unción y de que el tiempo futuro hade imitarnos en nuestra cruzada. Amén.

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