•El escandalo redrado y sus consecuencias

El crimen y el castigo

El Gobierno terminó dándole la razón a Arturo Valenzuela sobre la débil seguridad jurídica nacional. Para hacerlo, quisieron despedir al presidente del Banco Central como si fuera un mucamo.

24-08-2026 | 02:40

Antes de partir, hace pocos días, el primer enviado oficial de Barack Obama al país, ArturoValenzuela, planteó: “Me preocupa la inseguridad jurídica en la Argentina”. Seescandalizó el kirchnerismo por ese diagnóstico hasta enrojecerse con las típicas diatribas contrael imperialismo, a pesar de que el funcionario norteamericano sólo amplificaba lo que infinidad depersonas repetían hace tiempo. Pero el episodio recuperó la esencia del dogma de Néstor Kirchner,expresado en España al poco tiempo de asumir como mandatario: no miren lo que digo, sino lo quehago. Y, al margen de palabras huecas, esta semana el kirchnerismo se permitió avalar a Valenzuelacon la expulsión del cargo a Martín Redrado, titular del Banco Central, encendiendo una revueltajudicial, institucional, legislativa, política, seguramente económica. Justo cuando parecía que elpaís se recomponía por el empuje internacional, llegó la equivocación malhadada, esa que según elperverso Tayllerand es más grave que el crimen.

Como si fuera un mucamo lo quisieron despedir a Redrado.

Con la prepotencia de patrón bonaerense, Aníbal Fernández lo apremió diciéndole que su jefaCristina le había aceptado la renuncia –la cual el titular del Banco Central no habíapresentado– y que, en su lugar, ya había designado a Mario Blejer. “No me voy nada, soyel custodio de las reservas, tengo autonomía”, replicó Redrado, acantonándose en el edificioque preside para arrebato furioso del matrimonio.

No podía creer el dúo que ese mosquito le provocara una de las peores crisis, los conmoviera yles dejara una roncha que, es de confiar, no sea un bulto negro como la peste.

A ellos, ocurrirles este desatino, si son peso pesado que se cargaron militares, Iglesia,Justicia, Menem, De la Rua, Duhalde. Pero esa categoría boxística merece una revisión: esospoderosos han sido víctimas de mosquitos imprevisibles, como Juan Carlos Blumberg en su momento,Julio Cobos con la l25 y Francisco de Narváez en la última elección. De ahí que, enardecidos,además de insistir con otro decreto y una reunión de Gabinete (un acontecimiento extraordinario ensus vidas) para echar a Redrado, le hicieran decir a sus lenguaraces: “El titular del BancoCentral cree que las reservas son de él, le pertenecen; se equivoca, son de este Gobierno, esteGobierno las acumuló”. Como si fueran propias, como si fueran los fondos de Santa Cruz.

Ese criterio sobre la titularidad de las reservas era, justamente, una de las razones por lascuales Redrado se oponía al último decreto de Cristina (tomar financiamiento del BCRA, en exceso alo que autoriza la Carta Orgánica y se autodispensa del incumplimiento de esos límites), el DNU yafamoso sobre el Fondo del Bicentenario, el cual en un principio el propio titular del BCRA no sóloaceptó sino que hasta aplaudió en la ceremonia ad hoc, sin advertir que se trataba de unachambonada jurídica.

Tampoco él estuvo serio en esa ocasión, lo empujó la voluntad de congraciarse con la Rosada.Luego, claro, le llegaron las prevenciones y empezó a demorar la ejecución de la medida, o sea eltraslado de unos 6.500 millones de dólares del Central al Tesoro.

Dilación que enojó al Gobierno, reclamante de ese dinero con una urgencia inusual –no haycompromisos inminentes con acreedores internacionales–, como si tuviera que salvar un asientocontable desconocido (como el del cajero infiel de un banco que saca plata de la caja parareponerla al final del día).

Más allá de la exigencia y la postergación, Redrado se apoyaba –se apoya, hay un dictamenjurídico de su propia institución que lo respalda– en que existe un riesgo cierto de que lasreservas del BCRA sean embargadas por la existencia de un documento público que probaría –almenos una parte de las reservas– su aplicación a pagar obligaciones del Tesoro (como loconfesó el número dos del Banco Nación, Roberto Feletti).

O sea, que no tienen fines monetarios o propios del BCRA, son –como dicen los vocerosoficialistas– reservas que acumuló el Gobierno, son de los Kirchner, como los fondos de SantaCruz.

A Redrado, al margen de cálculos personales y contactos con opositores (desde el radicalismo aFrancisco de Narváez, en los últimos meses), de una inquietud por la espiral inflacionaria enciernes, derivada de esa decisión (de la cual no se preocupó demasiado en los últimos años deservicio a la pareja oficial), lo acometió otra realidad de sus abogados: podrían imputarleadministración fraudulenta, incumplimiento de deberes y, sobre todo, malversación junto al restodel directorio, lo que además de prisión implica una multa de 20 al 50% de la cantidad distraída,unos l.300 millones de dólares en el caso de pena mínima.

Algunos entienden que Redrado actuó en consonancia con la opinión de Marcos Moiseeff (habríarecomendado la vía parlamentaria como complemento de la instrucción del Ejecutivo), controvertidoideólogo legal del BCRA como gerente de asuntos legales, con influencia en los fueros de CapitalFederal, especialmente en el Contencioso Administrativo, que será el que entienda en el amparo quepresentará el expulsado titular del Central. Aunque más decisiva fue, dicen, una abogada deapellido Urquiza (otro dato para el galimatías: Moiseeff es el jefe de Abelardo Giménez Bonet, elabogado que representa al Central ante la UIF, escenario de la nueva batalla del Gobierno contra elmonopolio Clarín por el tema del JP Morgan).

Como Redrado entonces se protegía con un “no me ordenen que cometa un delito”, loecharon como a la primera mujer de Carlos Menem. Y, si no hubo necesidad de fuerza pública, fueporque el funcionario evitó una confrontación física –aunque de la CNV, cuando se atrincheróen su momento, hubo que echarlo del mismo modo– y se montó con un pedido de amparo a un limbojurídico del cual piensa volver como titular del organismo otra vez, repuesto por el Congreso, laJusticia o la Santa Madre.

Ya logró ayer que la ahora reconocida jueza Sarmiento lo restituyera temporariamente en elpuesto, ya que la Cámara –se asegura– modificará ese fallo. Algo así como el procuradorde Santa Cruz, al que apartaron hace años del cargo Néstor Kirchner y Carlos Zanini, y a quienluego la Corte obligó a devolverle los atributos.

El entuerto judicial ahora se ramifica, igual que la discrepancia de poderes con el Legislativo(empiezan este lunes en el Senado): la misma jueza impidió que se aplique el DNU sobre lasreservas, como señalaba Redrado, y su propio caso ingresó por demanda del Ejecutivo a la tutela deNorberto Oyarbide, el magistrado que saca todas las bolillas que los Kirchner quieren para susexámenes, naturalmente por sorteo. Lo que se dice un casino, según el término italiano.

Le tocó a Miguel Pesce, el vicepresidente del Central, la fallida operación del traspaso defondos (evitada tambien por trabas de la propia línea del banco), curiosamente un radical allegadoa Cobos, luego “albertista” de Fernández –por lo tanto sobreviviente–, hoya cargo de la institución con otros directores de ausencia repetida (Farías) o el presuntoconocedor financiero Chodos, heredero de la patria contratista de la Cámara de la Construcción,quien habría sido el numen del DNU cuestionado por Redrado (aunque otros le atribuyen la autoríadel engendro a Pesoa, el hombre que le llena los oídos de números a Néstor).

Hasta, claro, la llegada del reemplazo, Blejer, quien dijo sí con demasiada facilidad y ahora sepregunta si no debe hacer públicas sus condiciones de economista ortodoxo para que alguien lo tomecon seriedad.

Ya que no alcanza con otro comunicado de Adeba a su favor, como el poco explicable que estenúcleo de bancos emitió reclamando la dimisión de Redrado. Sobre todo, si se lo compara con lo queocurrió en 200l, cuando se lo pretendía despedir a Pedro Pou del BCRA (hecho que ocurrió finalmentesiguiendo los procedimientos parlamentarios y con Pou pudiéndose defender) y la asociación debancos de entonces afirmaba que esa expulsión debía ser por una causa clara, no por razonespolíticas ni por imputaciones falsas de lavado de dinero. Igual, ese proceso aceleró la brutalcrisis posterior de la economía.

Sin comparar, lo cierto es que ahora los Kirchner aparecen disminuidos y con un núcleo técnicoque los defiende en público que inspira reserva: los expertos Gullo, D’Elía (las reservasestán para gastarlas en planes sociales), De Petri (no deben ser ciertas las versiones que loasocian al hermano de Ricardo Jaime en una empresa de construcción), la diputada Conti (hablando decarpetas contra Redrado cuando, se supone, también Redrado debe tener carpetas sobre movimientos decapitales de ciertos personajes), al tiempo que el ministro Boudou se muestra como lo que pareceser: volátil, superficial, insolvente para explicar las medidas. En la AFA, como se sabe, losequipos de primera C no ganan los campeonatos de la primera categoría.

Lo deberían saber en Presidencia, ahora que disponen de fútbol para todos. Ya que tantaimprovisación para gastar más (ya suman este mes 20% más de lo que era el gasto preelectoral),disponer y repartir no se explica sólo con la idea de lograr nuevas adhesiones de la gente. Justocuando a éstas hoy –en apariencia, según las encuestas– no se las consigue condinero.

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