Mientras vamos a votar en esta especie de internas abiertas en que se han convertido laselecciones legislativas, para empezar a perfilar a los candidatos presidenciales de 2011, y a lavez, la estructura de poder de estos próximos dos años, pienso en los ñoquis de la cena de mañana(gordito de cuerpo y glotón de alma) y en los problemas que enfrenta la economía argentina ganequien gane.
Repaso. Primero lo fiscal. La caída en el nivel de actividad interna, en los precios deexportación y en el volumen de comercio redujo dramáticamente la recaudación impositiva, sólosostenida por los nuevos ingresos de los aportantes al sistema jubilatorio y por el no pago dereintegros y reembolsos a la exportación y de otras deudas. (Con jubilados, generadores deelectricidad, proveedores varios). Mientras tanto, el aumento habitual del gasto electoral, sumadoal crecimiento del gasto “natural” (salarios, jubilaciones, subsidios, universidades),ha hecho, en la práctica, desaparecer el superávit fiscal y obligado a Cristina y Néstor a recurrira todas las “latas y latitas” que tenían guardadas en la cocina (para seguir con lamisma temática) para poder hacer frente a los gastos y a los compromisos de deuda pública del año.A eso hay que sumarle un problema similar en las arcas provinciales, con menos margen para ajustargastos, dado que el mayor porcentaje de sus erogaciones son los salarios. Con este panorama y elmercado de deuda voluntario cerrado, queda claro que en el segundo semestre no se puede repetir, enmateria fiscal, lo hecho en el primero. Lo que viene es una desaceleración del gasto, (¿menoressubsidios a las tarifas? ¿freno de la obra pública?). Alguna presión impositiva adicional. Algunaexpropiación disfrazada (¿ahorro patriótico obligatorio para canalizar liquidez excedente de bancosy empresas?, ¿aceleración de la devaluación?, ¿más uso de las reservas del Banco Central?).
El mix de todos estos instrumentos dependerá de cómo quede configurado el mapa del poder y delmargen de maniobra del Gobierno de aquí en más. Pero, insisto, resulta difícil imaginarse unsegundo semestre fiscalmente parecido al primero.
Y esto me lleva al segundo problema. El primer semestre se ha caracterizado por un sectorprivado dolarizando sus portafolios y ajustando sus consumos y por un sector público compensando,parcialmente, la menor actividad privada, con la reducción del superávit fiscal mencionado. El netofue recesivo pero mucho menos de lo que hubiera podido esperarse si el sector público hubieramantenido sus ahorros. Ahora bien, da la impresión de que cualquiera sea el resultado de laelección, la dolarización de portafolios no se revertirá en el corto plazo (seguiremos“esperando para ver”) y sin el motor del sector público al ritmo actual, el nivel deactividad difícilmente se recupere fuerte. Es cierto que el escenario internacional ha mejorado enmateria de demanda regional y precios de exportaciones, pero no ha cambiado lo suficiente como paramodificar, drásticamente, los pronósticos recesivos.
En ese contexto, la discusión en el mercado laboral no será menor. Hasta ahora, los problemas deempleo y de ingresos afectaron, principalmente, al 40% de los trabajadores de la economía informal,sin protección sindical, ni regulatoria. Los trabajadores de la economía formal, por su parte,vieron empeorar sus ingresos por reducción de horas extras, y por suspensiones o “vacacionesanticipadas”, compensados, en algunos casos, por subsidios oficiales o aumentos de suma fija“a cuenta del día después”. Llegado el día después, los conflictos serán crecientes,entre sindicalistas tratando de defender el poder adquisitivo del salario (retrasado por lainflación real y no la del INDEC), en su propia pelea de poder en la interna sindical y en laexterna peronista y por dirigentes empresarios presionados por el control de precios directo de miamigo Moreno, e indirecto de la menor demanda, los altos impuestos al trabajo, y el menor volumende actividad que sube los costos fijos.
Finalmente, un problema más estructural. El camino a estas elecciones estuvo marcado por unacreciente intervención del Gobierno (no del Estado, que es otra cosa), en el funcionamiento de laeconomía. Controles de precios, restricciones a la exportación y a la importación,“llamados” de todo tipo a empresas, bancos, compañías de seguros, etc. para que comprental o cual instrumento, otorguen tal o cual crédito, cobren tal o cual tasa, financien tal o cualproyecto, compren tal o cual producto, etc. etc.
Esos mecanismos “no institucionales” han sido fuertemente distorsivos y han generadouna maraña de incentivos perversos para un funcionamiento razonable de la economía. También estotendrá que ser revisado, si se quiere que el dinero debajo del plato del 29, siga valiendo algo yque los dos últimos años de este Gobierno transcurran razonablemente. Independientemente delresultado de esta noche.




