Desde el año 2003, al contrario de lo declamado por los gobiernos anteriores pero nuncacumplido, el Gobierno ha desarrollado políticas para asegurar tanto el superávit fiscal como elcomercial. A este respecto, aún en plena crisis mundial se tomaron medidas para asegurar la fluidezde dólares al mercado doméstico, otrora habitual cuello de botella de la economía argentina.
A pesar de la previsión de los agoreros de siempre, que a principios del 2009 auguraban unsuperávit de balanza comercial inferior a los US$ 6 mil millones, dicho resultado arrojó la suma deprácticamente US$ 17 mil millones.
Respecto del aumento de los precios, lejos de asistir a un proceso inflacionario, se verificaclaramente una suba en los precios de la variedad carne vacuna del Indice de Precios al Consumidor,producto muy relevante en el consumo de la población argentina. En efecto, al realizar un análisisserio de los índices de precios, tanto del correspondiente al Gran Buenos Aires que elabora elINDEC, como de los de algunos aglomerados (no existen índices realmente provinciales), surge que elaumento de dicho producto tuvo una incidencia de entre 70% y 80% en la variación de esosindicadores, en el mes de febrero de 2010. Sin perjuicio de ello, cabe aclarar que los índices deprecios con los que se compara el IPC-GBA, tienen metodologías absolutamente diferentes y adolecende criterios de calidad en la recopilación y en el análisis de la información. Muchos de ellostienen antiquísimo año base (1980 o 1988, según el caso). En consecuencia, las diferencias sonabsolutamente lógicas (por ejemplo, si aumenta el precio del boleto de colectivo en la ciudad deRosario, no tiene por que impactar en el GBA). En el mismo sentido, por las razones expuestas, noes cierto que las diferencias hayan comenzado recién en 2007.
Es reconocido por muchos sectores que durante el año 2009, a pesar de la más grave crisismundial que afectó a la mayoría de los países, que opositores como Prat-Gay soslayan con increíbleinfantilismo, las medidas activas de política económica aplicadas por el Gobierno nacionaldestinadas a incentivar la demanda agregada, conservar el empleo, mantener la inversión pública,fomentar el consumo a través de la asignación universal y las jubilaciones, entre muchas otras,tuvieron el efecto deseado, con un aumento del PIB del 0,9% en el año 2009.
Muestra de ello es que el promedio de aportantes a la AFIP –el último dato a septiembre de2009– creció 0,5% en los primeros nueve meses de ese año, respecto a igual período de2008.
En consecuencia, intentar presentar la situación de la economía argentina durante el año 2009como una situación de estanflación (recesión con inflación), como hace Prat-Gay en un artículo deldiario PERFIL del domingo 4 de abril, sin tener en cuenta –y ni siquiera mencionar– lasimportantes previsiones de crecimiento para el año 2010, con las que coinciden prácticamente todoslos analistas privados, es producto de una matriz de pensamiento en la que pareciera que no entraninguna idea alternativa al ajuste del que todos los argentinos tenemos cruda memoria.
Una política monetaria restrictiva junto con la eliminación de los subsidios a las tarifas, comoparece sugerir el autor de la nota, no tendrán otra consecuencia que el impacto negativo en laeconomía, perjudicando la necesaria inversión –por el lado del empresariado principalmentepequeño y mediano–, y el empleo y los ingresos, en lo referente a los sectores del trabajo.Se necesita una política monetaria que acompañe el crecimiento de la economía y fomente lainversión, y no que los restrinja.
Resulta necesario, para la calidad institucional y democrática del país, que los críticos yopositores expliquen –blanco sobre negro– sus propuestas y el impacto que las mismastendrían sobre la gente, al reducir la actividad económica, la inversión y el empleo.
La política económica que desde hace casi siete años viene desarrollando con éxito el Gobiernonacional están más que claras, tanto como las consecuencias positivas que la misma tiene sobre lapoblación.
*Director técnico del INDEC.






