•la tendencia a creer que argentina es el centro del mundo

El egocentrismo K

Cristina Kirchner está convencida de que Néstor Kirchner es como Barack Obama, pero con mucho a su favor para el primero: lo que está haciendo el presidente de los Estados Unidos empezó a hacerlo hace casi seis años el santacruceño.

El egocentrismo K
21-08-2026 | 21:01

Cristina Kirchner está convencida de que Néstor Kirchner es como Barack Obama, pero con mucho asu favor para el primero: lo que está haciendo el presidente de los Estados Unidos empezó a hacerlohace casi seis años el santacruceño. En una declaración inolvidable, la Presidenta postuló que“un joven desgarbado” (su marido) inventó lo que ahora intenta hacer el primer negroque llega a la Casa Blanca.

Es fácil tomar las incontables grageas de creatividad presidencial para consumo del circocriollo. Lo de Cristina, sin embargo, es serio: el Gobierno vive una verdadera emergencia deautoimportancia desde siempre, y eso se le hace muy evidente en la dura arena internacional.

Los Kirchner quisieron quedarse con el trofeo de la franco-colombiana Ingrid Betancourt y lesfue mal. Durante algunos meses aspiraron a poner en libertad circulatoria a la confinada HildaMolina, la médica cubana a quien los hermanos Castro no le permiten salir de la isla. Hasta elcierre de esta edición de Perfil, la oficina cubana de migraciones permanece cerrada para esamujer.

Ahora, la pasión es Obama, aunque la realidad fehaciente le viene jugando malas pasadas alactual poder político argentino.

El nuevo presidente norteamericano, como no podía ser de otra manera, eligió a su colega Lulacomo uno de los dos mandatarios latinoamericanos con los que Washington se manejará en condición deprimacía. El primero fue Felipe Calderón, el presidente de México, que fue recibido por Obama aunantes que éste asumiera.

La llamada telefónica de Obama a Lula fue clara: Brasil es clave y Luiz Inácio da Silva, unestadista estratégico. La pena que embargó a la residencia de Olivos es que los Kirchner estabanembriagados de orgullo con la visita de Cristina a Fidel Castro, pese a que el episodio de la fotofue truculento y de clara matriz soviética. Sólo los rusos de la era bolchevique manejaban contanto celo el registro documental de la historia, convertido en razón de estado.

Por empezar, el 22 de diciembre, cuando se concretó la cumbre entre Brasil y la Unión Europea,se formalizó una sociedad estratégica entre ambos colosos. El 23 de diciembre, Le Monde de París lodijo, negro sobre blanco: “Por su tamaño, su peso demográfico (un sudamericano sobre dos) porsu condición de líder regional y el vigor de su democracia, Brasil se ha convertido en actoresencial en la arena internacional. Diplomacia, comercio, energía, medio ambiente, inmigración,espacio, drogas, terrorismo; todo le interesa y todo le preocupa”.

Un dato es demoledor: la Unión Europea recibe el 25 por ciento de las exportaciones brasileñas einvierte en Brasil más que en las tres mayores naciones llamadas “emergentes”, Rusia,India y China.

La actitud argentina en su pueril y primitiva pretensión de intermediar entre la Cuba entransición al post socialismo y los Estados Unidos suena, así, de una ramplonería conmovedora.

Obama llamó por teléfono a Lula el 26 de enero y le dijo que cuando visite Brasil “nadiese dará cuenta de que no es brasileño”.

“Sé que si camino por las calles de su país nadie va a percibir que no soy brasileño, sólocuando abra la boca”, le dijo al llamar a Lula para invitarlo a una reunión de trabajo enWashington en marzo, cuando el brasileño debe estar en Nueva York participando de un seminariointernacional sobre biocombustibles, asunto decisivo para Brasil.

Lula replicó invitando a Obama para que visite Brasil en abril, aunque tal viaje sólo podráhacerse, ya le confirmó Obama, entre julio y septiembre. La charla Obama-Lula duró 25 minutos y sehabló de las relaciones entre los EE.UU. y América latina, las políticas de ambas potencias enAfrica y la necesidad de fortalecer al Grupo de los 20 (G-20). El 15 por ciento de lasexportaciones brasileñas va a los Estados Unidos, el mayor socio comercial de Brasil.

La Argentina mira, la ñata contra el vidrio, al G-20, que debe reunirse en Londres en abril yque sería una de las dos ocasiones para que Cristina Kirchner le dé la mano. La otra es en PuertoEspaña, la capital de la caribeña Trinidad Tobago, donde se reúne la próxima cumbre iberoamericana.Salvo estos dos episodios, que al ser multilaterales sólo permiten ocasiones globales y noencuentros personales, la Argentina debe asumir que, en la perspectiva de Washington, y como nopodría de ser otro manera, ocupa un rango secundario.

Por eso, asombra la mezcla de ingenuidad y provincianismo con que manejan estos temas quienesconducen al país hace ya casi seis años. Gran parte de lo que se piensa y ejecuta pivotea sobre lasoportunidades fotográficas (la imagen de Cristina “manifestando” en París con boina enla cabeza por la liberación de Betancourt es insuperable) y ocasiones puntuales que siempre seconstruyen sobre lo excepcional, lo fugaz y el azar, todo lo contrario de una estrategiainternacional edificada sobre la frugalidad retórica y la solidez conceptual.

Las aspiraciones de jugar en primera división mundial, encima, se vienen arruinando con rachasde mala suerte. La Presidenta pensaba viajar a la India en febrero, un destino verdaderamenteimportante y trascendente, pero desde Nueva Delhi cancelaron el viaje, alegando que el primerministro Manmohan Singh debió hacerse un by pass cardíaco. Sin embargo, el jefe de gobierno de laenorme nación asiática, que fue operado en una intervención delicada pero sin riesgos esta semana,será dado de alta hoy sábado y, de acuerdo con lo informado por The Times of India, estará devuelta trabajando en jornada completa el 22 de febrero.

Pero es indudable un hecho incontrovertible, especialmente en América del Sur: la existencia deun denominador común en varios gobiernos que, al margen de sus particularidades históricas,manifiestan una clara tendencia. Esa tendencia no es hegemónica ni excluyente, pero la Argentina nopuede dejar de tomarla en cuenta. Se corporiza en los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Venezuela,que comparten entre ellos al menos dos de las siguientes características:

a) Expresan un deliberado propósito de marchar hacia formas de socialismoexplícito y nacionalizan, estatizan y/o confiscan empresas.

b) Se consideran representantes o emisarios directos de pueblos indígenaspreexistentes a la llegada española al hemisferio y reivindican derechos y reclamosancestrales.

c) Desarrollan estrategias invariablemente fundacionales y modifican lasConstituciones políticas y los sistemas institucionales con que se encontraron al llegar alpoder.

d) Desarrollan las mejores relaciones posibles con Cuba, Irán, China y Rusia.

e) Sus máximos caudillos (Morales, Correa, Chávez) se postulan claramente paraperpetuarse en el poder, de manera de poder “asegurar” esos cambios.


Pero sería engañoso tomar esta parcialidad por el todo. En la misma región se adviertenproyectos y políticas muy diferentes.

Sin incluir a una Colombia resueltamente decidida a privilegiar sus relaciones con los EstadosUnidos y Europa, gobiernos de origen progresista, como los de Brasil, Chile, Paraguay, Perú yUruguay apuestan, en mayor o menor medida, a la seriedad, el rigor, la mesura y el esfuerzo haciaadentro. Algo vincula a los presidentes Lula, Bachelet, Lugo, García y Vázquez: casi todos ellossuelen ser formidablemente cautos en su retórica y preservan unos modos públicos especialmentecuidadosos y discretos.

Así, la Argentina se encuentra en un contexto donde se le presentan dos posibilidades bastantebien delineadas.

Hay una America latina vociferante, pendenciera, muy seducida por los modos semi oantidemocráticos y resuelta a asociarse con el diablo si ello les da valor agregado a los regímenesen el poder.

Hay otra, pragmática, moderna y poco afecta a las exteriorizaciones emocionales, para la cuallos furibundos años 60 y 70 no pasaron en vano, del mismo modo que han aprendido de lasfrustraciones de los 80 y los 90.

En muchos sentidos, parece prevalecer en el sistema kirchnerista de poder una tendencia casiinnata a encolumnarse con aquellos gobiernos que evocan los experimentos de “nacionalismorevolucionario” de los años 70. Es allí donde los peronismos se sienten más en casa. Pero larealidad los coloca, racionalmente, ante la obligación de preservar y mejorar las relaciones concentros de poder poco afectos a las cercanías con las exuberancias.

Además, las elecciones presidenciales de Uruguay y Chile en 2009 pueden deparar sorpresasamargas al progresismo. Los uruguayos eligen al sucesor de Tabaré Vázquez el 25 de octubre, concasi segura segunda vuelta el 29 de noviembre, mientras que Chile reemplaza a Michelle Bachelet enlos comicios del 11 de diciembre. En ambos casos, hay chances reales de que los oficialismos(Frente Amplio, Concertación Democrática) pierdan ante fuerzas de centro y centroderecha. Se tratade dos países fronterizos de importancia crucial para la Argentina.

Tampoco está todo dicho en Bolivia, pese al triunfo del plebiscito constitucional armado por elpresidente Morales para refundar al país. Los números son ostensibles y marcan que la mayoríademográfica del país lo apoya, pero 40 por ciento de bolivianos no sólo discrepan con elindigenismo socialista de La Paz, sino que, desde los más desarrollados departamentos de la llamada“media luna”, expresan un peso específico económico que sería suicida para Moralesignorar, al riesgo cierto y posible de una secesión lamentable para todos.

Por eso, asombra y desconcierta cierto zigzagueo y una falta de convicción en los pasosinternacionales que da el Gobierno argentino, muy evidentemente pautados por la frivolidad o, almenos, la improvisación, siendo la llamada “política de derechos humanos” un casoelocuente.

La misma presidenta que en 2008 humilló públicamente en la Casa Rosada al presidente de laafricana república de Guinea Ecuatorial (única nación hispano hablante de ese continente),acusándolo de que su gobierno viola derechos humanos, luego visita países donde ese panorama, almenos, no es mejor, como Túnez, Argelia, Libia, China, Venezuela y la propia Cuba, y nada dice deese tema. ¿Se condena a unos y no a otros, o se condena selectivamente a los más débiles e ignotos,en exhibición de grosero oportunismo?

Si algo revelan estas derivaciones bruscas de un gobierno que no atina a elegir de manera claray jerarquizada a sus socios principales, es que en la Argentina es muy habitual que temas de estatrascendencia se manejen con improvisación de aficionados e, igualmente grave, usando cuestionesque conectan la país con el mundo sólo en función de muy sórdidas necesidades domésticas deurgencia. Esto se demostró en el desgraciado disparate de haber primero alentado y luego toleradoel bloqueo piquetero de la frontera internacional con Uruguay.

Las confusiones, cambios bruscos y manipulaciones en política exterior se revelan en la impuneduplicidad con que se adoptan criterios. ¿Es admisible que el canciller Jorge Taiana reciba en laCancillería a una delegación parlamentaria de los dos partidos políticos norteamericanos,oficialistas demócratas y opositores republicanos, cuando en seis años de kirchnerismo jamás seconvocó, se pidió opinión ni se incluyó en una gira oficial a expresiones de la oposiciónargentina?

Estas dañinas ambigüedades alcanzan expresión sublime con la saga de episodios referidos alMedio Oriente y a los escraches antisemitas de la última semana, que asustaron a los Kirchner. Sinembargo, no emitieron ni una sola señal de excomunión para quien encarna el destacamento pro Irán,pro Hamas y pro Hezbollah del kirchnerismo, Luis D’Elía, levemente desautorizado, pero nuncaexcomulgado y siempre stand by, por si Néstor lo necesita como fuerza de tareas.

Por eso, el paralelismo oficial entre el “joven desgarbado” de Santa Cruz y elafroamericano de Chicago llegado a la Casa Blanca es desopilante, además de vergonzoso. LaPresidenta y su marido creen ser lo que no son.

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