El episodio que se describe a continuación es ilustrativo de los momentos que se están viviendodentro del Gobierno. Ocurrió el viernes último. El asesor de un ministro interrumpió el diálogo queestaba manteniendo con un visitante para levantar el volumen del televisor, sintonizado en TN, enel que hablaba el senador oficialista José Pampuro, presidente Provisional de la Cámara Alta. Allí,Pampuro corregía lo que había expresado más temprano en un reportaje en Radio 10, en el que habíaseñalado que el llamado al diálogo entre los sectores políticos era responsabilidad del Gobierno.Esto molestó profundamente al matrimonio presidencial, que emitió una orden para que ese ministrosaliera a desautorizar al senador en caso de que éste, oportunamente anoticiado del malestarreinante en la Babel de Olivos, no hubiera producido la correspondiente rectificación consistenteen decir exactamente lo contrario a lo expresado en su primera manifestación. “Qué suerte quelo hizo. Nos evitó tener que salir a desmentirlo.”
En la semana que pasó, la Presidenta hizo y dijo cosas que han desconcertado a más de unfuncionario oficial y que han roto cualquier puente de negociación con la oposición. Haberinaugurado las sesiones ordinarias del Congreso anunciando dos decretos, uno de ellos de necesidady urgencia, constituyó una verdadera provocación. Por si eso fuera poco, lo expresado el jueves porla jefa de Estado cuando, por Cadena Nacional, al anunciar su propósito de desconocer una ordenjudicial disponiendo la prohibición de usar reservas del Banco Central para hacer frente a lospagos de los acreedores privados, fue algo de una profunda gravedad institucional. “Apoyo ydefiendo a la Presidenta en cada una de sus iniciativas pero, en esta, no. No puedo convalidar estaactitud de desacato de un fallo judicial”, reconocía con pena un legislador del riñón delkirchnerismo. Parecen no sólo lejanos, sino también olvidados los días en que, siendo miembrotitular de la estratégica Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, la hoy Presidentabregaba por el respeto a la independencia de los poderes del Estado. Su mensaje del jueves fuemalísimo. La jefa de Estado tiene, como cualquier otro ciudadano, todo el derecho de criticar losfallos judiciales. Ante la disconformidad que tales fallos le produjeron tiene el recurso de apelarente las instancias superiores. No obstante, mientras todo ello transcurre, su deber es el deacatar las disposiciones de la Justicia. El problema es que la actitud que adoptó la Presidenta nofue la de criticar el fallo, sino la de la descalificación de la jueza. “A la jueza Sarmientole mandamos la Policía y la maltratamos por las actividades de su padre en las que nada habíatenido que ver, y a la Dra. Rodríguez Vidal, desde el atril presidencial, le pegamos por el‘delito’ de ser la pareja de un juez que al Gobierno no le gusta. Esto, lisa yllanamente, es un escrache”, sostenía un ministro que horas antes había aplaudido “confervor” a la Presidenta.
Lo que la Presidenta olvidó decir es que con el fallo de la jueza Rodríguez Vidal, el Gobiernoya acumula cuatro dictámenes adversos a la metodología de disponer, por medio de un decreto denecesidad y urgencia, el uso de las reservas del Banco Central para cancelar deuda externa.
Ante esta ofensiva del Gobierno, la preocupación reinante en los ámbitos tribunalicios esenorme. La Corte es objeto de las críticas ácidas del matrimonio presidencial. El mayor encono sefocaliza en el presidente del cuerpo, el Dr. Ricardo Lorenzetti, a quien consideran un traidor. Decara a este panorama, los Kirchner están pensando en alguna movida que le quite poder al órganosupremo de la Justicia argentina. Por otra parte, hay que consignar que la realidad judicial delmatrimonio presidencial está lejos de ser desahogada. “La causa vinculada al espectacularcrecimiento patrimonial de los Kirchner es muy complicada. El presuroso sobreseimiento quedictaminó el juez Norberto Oyarbide es de una endeblez formidable. Una de sus debilidades es quetransformó una verdadera megacausa en una causa simple, por lo que hay motivos más que sobradospara invocar una razón de ‘fraude procesal’, que implicaría la posibilidad cierta deuna reapertura del caso”, explica una voz que conoce el día a día de Tribunales.
Lo que además quedó plasmado en el discurso del jueves de la Presidenta fue, a su vez, laverdadera situación de precariedad fiscal que vive la Argentina. Además, la posición de laaspirante a ocupar su sillón presidencial del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, pende de unhilo de coser. “Quedate tranquila que yo te apoyo” le dijo la Dra. Fernández deKirchner, a lo que Marcó del Pont, con descarnado realismo, respondió: “Cristina, si elCongreso no aprueba mi pliego yo no puedo quedarme ni un minuto”.
El miércoles y el jueves fueron días de furia en el Congreso. La oposición hizo sentir su peso ydoblegó al oficialismo. En el camino cometió errores y excesos. El jueves, el temple y lasconvicciones de un senador radical impidieron que varios de sus correligionarios y aliadoscometieran un verdadero atropello en los tiempos y las formas concernientes al procedimiento defuncionamiento de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los decretos de necesidad y urgencia. Laoposición debe saber que la furia es mala consejera.
Algunos tomaron nota de lo riesgoso de esta circunstancia de enfrentamiento de los poderes de laRepública y decidieron levantar el pie del acelerador. En ese contexto fue que se produjo elepisodio que involucró al senador Pampuro. Su pensamiento real es el que expresó en su primeradeclaración. Por lo tanto, es él quien está llevando adelante una negociación con el jefe delbloque de senadores de la UCR, Gerardo Morales. El lunes, cuando se reúnan, tratarán una iniciativapara congelar la entrada del senador Luis Juez a la Comisión Bicameral de seguimiento de los DNU yotorgar la presidencia de la comisión a la oposición. El nombre que suena para ese cargo es el deldiputado radical Rubén Lanceta. Habrá que ver si el matrimonio presidencial acepta esto o no. Y ésees el problema del Gobierno: todo depende del humor de Néstor Kirchner y de su esposa, misterioinsondable del que son testigos mudos unos pocos allegados al matrimonio presidencial y las paredesde la Babel de Olivos y de la mansión de ricos que poseen en El Calafate.
Producción periodística: Guido Baistrocchi con el aporte de Santiago Serra.




