José Mujica, el flamante presidente uruguayo, propuso que los militares condenados por loscrímenes durante la dictadura tengan la posibilidad de ser excarcelados cuando cumplan setentaaños. En la Argentina, algo así parece imposible. Si en la otra orilla la población votó en contrade reabrir los juicios por delitos de lesa humanidad, en esta se han anulado la leyes e indultosque amparaban a los genocidas de los setenta. Mientras el presidente oriental, desde el recuerdo desu propio martirio, invoca consideraciones humanitarias para liberar a los presos, los militantes ylas organizaciones de derechos humanos argentinos reclaman penas de prisión perpetua, noexcarcelables y a cumplirse en cárceles comunes (cuyas condiciones son pavorosas) como garantíaúltima de memoria, verdad y justicia.
El proyecto de Mujica no cuenta con el respaldo de todo el Frente Amplio. Pero en la Argentina,una idea semejante por parte de un político de izquierda –o aun de centro– sería unmotivo de escándalo. De hecho, sólo la derecha puede hablar en los términos en los que lo haceMujica, decir cosas como “mirar para adelante“ o “que no haya vencedores nivencidos”. Es que la identidad como progresista de un argentino depende en primer lugar de sudefinición sobre este tema, mucho más que de su opinión sobre las políticas universales o elaborto. El kirchnerismo, a su vez, fundó en la reapertura de los juicios su coartada ideológica ydesde allí ha construido el apoyo de buena parte del progresismo histórico local. Se puedenarriesgar varias hipótesis que expliquen las diferencias entre lo que ocurre a uno y otro lado delrío: que la dictadura argentina fue más cruel y devastadora, que el Uruguay tiene una tradición detolerancia que nos es ajena, que Mujica posee la autoridad moral necesaria como para hacer eseplanteo. Pero hay una muy perturbadora: que las distintas actitudes son consecuencia de que laizquierda uruguaya intenta salir de sus encrucijadas históricas, mientras que la argentina seinstala cada día más en un pasado a cuyas tragedias les teme menos que a quedarse sin un discursoconfortable.
*Periodista y escritor.





