Al condenar al sacerdote Julio Cesár Grassi a 15 años de prisión por abuso deshonesto ycorrupción de menores agravada, los jueces Luis María Andueza, Mario Gómez y Sergio Carreras delTribunal Oral N° 1 de Morón, consideraron que Grassi, a través “de distintos hechos, promovióuna desviación en la sexualidad en formación” del joven conocido como Gabriel.“(Grassi) le decía (a Gabriel) que lo viera como a su padre, que era normal que los hombresse conocieran mientras llevaban a cabo conductas”, dice el fallo. “Primero lo sentósobre sus faldas, luego le tocó las piernas aproximándose al pene, después lo sorprendió dándole unbeso en la boca. Otro día le propuso una fellatio a la que accedió antes de escuchar la respuestasde una víctima paralizada”.
Pese a la condena de quince años de prisión por pedofilia, Grassi continuará en libertad hastaque no haya sentencia definitiva. Lo decidió el tribunal oral que, además, le concedió,insólitamente, la posibilidad de visitar la Fundación Felices los Niños de lunes a viernes de 7.30a 18.30. El cura podrá hacerlo siempre acompañado por “una persona que él mismoelija”.
Grassi vive actualmente en la quinta La Blanquita, un terreno de 300 metros cuadrados con piletay un amplio parque, frente a la Fundación Felices los Niños de Hurlingham. La decisión de losjueces encolerizó a los abogados de las víctimas y a los fiscales del caso. “Los jueces nisiquiera pusieron reparos sobre los antecedente penales de la persona que escoja Grassi. Esrídiculo”, analizó un miembro de la Fiscalía General de Morón.
El juicio contra Grassi comenzó el 19 de agosto de 2008. Duró diez meses y se realizaron 202audiencias. Se sentaron frente al tribunal alrededor de 130 testigos. En las 1.447 horas grabadascon audio por la Fiscalía General de Morón hubo revelaciones sorprendentes, investigaciones sinprofundizar y puntos oscuros que nunca salieron a la luz. PERFIL recogió algunos de las anécdotasmás sobresalientes.
Grassi niega el vínculo con el empresario fallecido Alfredo Nallib Yabrán pese a que susabogados defensores –los más costosos del país– Julio Virgolini y Jorge Sandrodefendieron al jefe de la custodia de Yabrán, Gregorios Ríos, condenado por el crimen del reporterográfico José Luis Cabezas en Pinamar.
Durante el juicio el apellido Yabrán sobrevoló la sala en dos oportunidades. Luis, uno de loschicos que denunció por abuso al cura, lo introdujo directamente: “periódicamente, a la sedela fundación solía entrar Mariano Yabrán y lo hacía para pagar el sueldo de los contadores que élmismo puso”. Luis agregó que las visitas se repetían “cada tanto” y que losvehículos en los que se movilizaban causaban revuelo en Felices los Niños. “Venían encamionetas 4x4 negras”, soltó el chico.
Iván. 26 de mayo de 1994. El sacerdote Elvio Luigi María Mettone, responsable delhogar La Casita de Paso del Rey, recibió un pedido por parte de Grassi. “Elvio hay unmatrimonio que quiere adoptar a Iván y me gustaría ver si lo podemos presentar con unafamilia”, le rogó el cura luego de un breve diálogo. Grassi ejercía en ese entonces su laborpastoral en La Casita. El padre Elvio aceptó la propuesta sin inconvenientes. Supuso que un hogarpara Iván, que provenía de una historia familiar cargada de violencia, era una noticia parafestejar. Sin embargo, a las pocas semanas, el sacerdote de origen italiano se arrepintió. Mettonese enteró que la joven pareja jamás había conocido a Iván. “Acá, nunca estuvo”, le dijoel matrimonio. Molesto, el padre Elvio acudió al Juzgado de Mercedes para saber dónde estaba elmenor que Grassi había sacado para una adopción de La Casita. “Se lo había llevado a vivircon él”, concluyó el padre Elvio. Lo habría hecho sin autorización judicial y cuando la sedede la Fundación Felices Los Niños en Hurlingham recién comenzaba a construirse. El 18 de octubre de1995 el juez de menores de Mercedes, a cargo de la tutela de Iván, intimó a Grassi para queexplicara dónde se encontraba el menor. El creador de Felices los Niños jamás respondió. Así, Ivánse convirtió en uno de los colaboradores más protegidos por el cura Grassi. El episodio quedóregistrado en uno de los 21 cuerpos del expediente. Aunque estaba en las listas de testigos, elobispo emérito de Morón, monseñor Justo Oscar Laguna, se escudó en los fueros eclesiásticos para nodeclarar. Cuando los fiscales Alejandro Varela y Carolina Rodríguez fueron a su casa a notificarlo,a cien metros se quedaron perplejos. Grassi y un secretario salían del departamento de Laguna, enCongreso. El contenido de esa extraña visita jamás trascendió. La Fiscalía denunció que Grassivisitaba a los testigos. En su fallo, el tribunal ordenó investigar presiones a Laguna. En todo elproceso contra Grassi, la Iglesia mantuvo silencio. “Tengo el apoyo de Bergoglio”, dijoel cura en una audiencia. “Es una afirmación que corre por su cuenta”, respondió elvocero del Episcopado, Jorge Oesterheld.
*Redactor de PERFIL y especialista en el Caso Grassi.








