•la construccion de la historia

El filósofo y sus guerras

Es posible escribir una historia de la filosofía de acuerdo con el efecto que tuvieron las guerras en la composición de los textos filosóficos. Nos hemos habituado los lectores de la filosofía a ignorar que en el mismo nacimiento de la disciplina, la sociedad que la vio emerger era guerrera. Nos imaginamos a los griegos discutiendo en el ágora o disfrutando de los discursos en los simposios, pero nada sabemos de la vida de una comunidad permanentemente acechada por los conflictos bélicos.

El filósofo y sus guerras
24-08-2026 | 13:04

Es posible escribir una historia de la filosofía de acuerdo con el efecto que tuvieron lasguerras en la composición de los textos filosóficos. Nos hemos habituado los lectores de lafilosofía a ignorar que en el mismo nacimiento de la disciplina, la sociedad que la vio emerger eraguerrera. Nos imaginamos a los griegos discutiendo en el ágora o disfrutando de los discursos enlos simposios, pero nada sabemos de la vida de una comunidad permanentemente acechada por losconflictos bélicos.
Sin embargo, todo el mundo sabe que el proyecto de la filosofía de Platón se enmarcaba en laidea de crear un orden político ya que Atenas se corrompía e ingresaba en una decadenciairreversible debido a la desunión de sus ciudadanos.
Poca atención les hemos otorgado a las Guerras del Peloponeso y a su autor Tucídides–para muchos el creador del género literario llamado “historia”– cuando nosiniciamos en el siglo de Pericles.

Los grandes filósofos vivieron presentes convulsionados. No es cierto que las crisis sonmovimientos sísmicos esporádicos que interrumpen el devenir de la historia, y menos cierto aún esque vivimos en nuestra época un momento singular de decadencia, muerte, hambre, explotación ygenocidio, que autoriza a los pensadores de hoy a sentarse en la cumbre con el horizonte temporalenfrente para meditar sobre el fin y el sentido de la historia.
Las crisis son la normalidad de la historia. Por supuesto que esto no significa que la vidacotidiana de todos los hombres en los miles de años de su recorrido sea una pesadilla diaria. Perolos períodos de remanso se despliegan entre eclosiones que colisionan a grupos, estados y naciones.
En todo caso, la aparición de un filósofo original casi siempre tiene que ver con lairrupción de un acontecimiento monstruoso –por ser un miembro fuera de especie– quedeja anonadados a sus contemporáneos y que es inevitable de pensar.

Louis Althusser afirmaba que la filosofía se conectaba con dos instancias que le marcaban elterreno teórico sobre el que desarrolla su problemática: la ciencia y la política. Con respecto ala primera, se refería a las revoluciones científicas; es decir, a las rupturas epistemológicas quea pesar de producirse en la práctica no encuentran el nuevo lenguaje con el que pensarse y a menudoemplean un vocabulario anacrónico para definirse a sí mismas. La filosofía, según esta idea, seaboca a la labor de encontrar la serie de nombres adecuados a los nuevos tiempos y trasladar laruptura teórica de la ciencia a una teoría de la producción de conocimientos pertinente.

Respecto de la política, el abanico de sucesos que supuestamente la define es muy amplio. Perocuando hablamos de política no sólo nos referimos a un sistema de dominación o a un determinadodispositivo de poder, sino a los momentos en que este poder se hace crudamente visible. Laregularidad de un orden político y la rutina de un tiempo aplanado coexisten con la hegemonía deuna ideología dominante que les hace creer a los hombres que la vida que viven es“natural” y universal.
Cuando esta supuesta naturalidad se quiebra, y su aspecto necesario o inevitable se diluye,aparece el rostro arbitrario del poder, la violencia de su ejercicio y la sangre previamentecoagulada de la dulce letra de la ley.

Michel Foucault decía que Nietzsche se había particularmente interesado en la articulación entreel cuerpo y la historia, y lo hizo a partir de una investigación sobre los sistemas de castigo ylas modificaciones en las legislaciones penales.
Las guerras son la continuación de la política a la vez que también pueden concebirse como sumuerte. Hay guerra cuando la política se ha vuelto inútil. En caso contrario, debe aceptarse que elhecho de la guerra, es decir la muerte del adversario, es una alternativa siempre válida en eldesarrollo de los conflictos que atraviesan a las sociedades.

Para muchos es así, y si no existiera esta alternativa, consideran que la política es unamentira elaborada por la clase dominante y por la comedia del sistema representativo destinado areforzar su poder.
Pero más allá de esta discusión interminable acerca de los vaivenes entre violencia yconsenso que giran alrededor de la resolución de los conflictos políticos, detengámonos un momentoen la inquietud de los filósofos y de sus aportes frente a la guerra de la que fueron testigos.
Séneca y Marco Aurelio han sido protagonistas de uno de los imperios más poderosos de lahistoria. El primero, secretario político de Nerón; el otro, emperador; estos dos filósofosestoicos meditaron sobre el poder y la piedad, aquella virtud antigua –en realidad un llamadode atención– sobre el uso de los recursos de los que dispone quien frente al débil ejerce elpoder. La mansuetudo, la humilitas, la generositas son formas de conducta de un hombre que debesaber contenerse, ser moderado, benevolente, y que no hace abuso de sus posibilidades dedominar.

San Agustín interroga la causa por la que la gran Metrópolis, el imperio invencible de Roma, caeen manos bárbaras, al tiempo que cuestiona la soberbia de una filosofía que desde hacía diez siglosdejaba el destino del hombre bajo el control supuestamente ecuánime del logos.
La lucha de Santo Tomás ante la captura mahometana de los escritos de El filósofo, la obraque elabora para reconquistar a Aristóteles e impedir que sea un blasón legitimador de losfilósofos árabes como Averroes, es una única batalla con su intento de mostrar en la Suma que elcamino hacia Dios pasa por la materia, labor imprescindible en contra de las sectas maniqueas comola de los cátaros que seducían a los Burgos y burgueses con su prédica apocalíptica y supermisividad ética. Tiempos de cruzadas e invasiones.

Los escritos florentinos de Maquiavelo son estratégicos y coyunturales una vez fracasada sutarea política que lo llevó a la cárcel y a la tortura. Su idea de milicias populares contra laacción de los condottieri coexiste con sus consejos al príncipe.
Montaigne se encierra en su torre por el resto de sus días ante el espanto por la masacre deSaint-Barthélemy y el asesinato de los hugonotes. Sus Ensayos son el fruto de la meditación de unhombre retirado del oficio público y desencantado de la acción política.

La guerra civil inglesa fue un acontecimiento que determinó la historia de Gran Bretaña.Poblaciones civiles enteras masacradas por el fanatismo religioso marcaron un límite de no retornoy toda la reflexión de la filosofía política desde Hobbes en adelante, se dedica a pensar el modoen que puede construirse un Estado que tenga el monopolio de la violencia y encuentre sulegitimación en otro tipo de miedo que no sea el del infierno celestial.
Kant y la Revolución Francesa; Hegel y las Guerras Napoleónicas; y en el siglo XX Heidegger yel nazismo; Hannah Arendt y el stalinismo; Sartre y la Guerra Fría; Foucault y Mayo del 68; Rorty yla Guerra de los Balcanes; Baudrillard y las Torres Gemelas; León Rozitchner y la Guerra deMalvinas; Oscar del Barco y la violencia argentina de los 70; en síntesis, los grandes filósofoshan intentado pensar su actualidad beligerante y el futuro incierto que se abría, ya fuera aurora ocrepúsculo.

*Filósofo, (www.tomasabraham.com.ar).

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