•DESAFIOS PERONISTAS

El fin del gorilismo

El mapa político de un país puede pensarse bajo prismas cartesianos o empíricos. El primer criterio auspicia el estereotipo de un partido de centroizquierda y otro de centroderecha.

22-08-2026 | 21:42

El mapa político de un país puede pensarse bajo prismas cartesianos o empíricos. El primercriterio auspicia el estereotipo de un partido de centroizquierda y otro de centroderecha; así, enEstados Unidos están los demócratas y los republicanos o en España el PSOE y el PP. Insistir en esasolución para nuestro caso implica ignorar la importancia de las tradiciones y los atavismosdomésticos. No es posible establecer cartabones con ortopedias forzadas ni con prótesis abstractasdiseñadas en un laboratorio, por más que esas categorías se hayan revelado eficaces en otrospaíses. Hay modalidades o supersticiones locales a las que es preferible resignarse.

La Argentina funcionó, en los hechos, durante más de medio siglo, como un tripartidismoimperfecto: el peronismo, con una clientela arraigada en las clases trabajadoras; el partidoradical, con fuerte penetración en las clases medias y, por fin, el partido militar (como lodenominaba Robert Potash), que era llamado por las clases más aventajadas cada vez que saltaban lostapones. Así, todas las clases sociales estaban de algún modo representadas por sus respectivos“partidos”. Con Menem se produjo un doble fenómeno de fusión y disolución: por un ladocapturó a las clases más altas e incluso incorporó a su gobierno a la familia Alsogaray; por elotro, desapareció la posibilidad de los golpes de Estado. De este modo, partido peronista y partidomilitar (con sus respectivas clientelas) quedaron mimetizados y en algún sentido disueltos. Con Dela Rúa, que fue una suerte de fleco tardío del menemismo, el partido radical también se plegó a eseamasijo: las tres individualidades quedaron confundidas y anuladas. Por eso, cuando ese esquemasaltó por los aires, en 2001, el poder quedó mostrenco, boyando, suspendido como polvo en la nada.Al cabo de varios años de tanteos y experimentos, como si la novedad hubiera que buscarla en lostachos de basura, estamos asistiendo al espectáculo inesperado del renacimiento de los partidosradical y peronista.

El radicalismo solo no alcanza para articular un mapa político, necesita su contrapeso, sucontrafigura, su reverso, de manera tal que el peronismo acude a ocupar ese lugar. Por eso, lopertinente no es combatir al peronismo, ni ensañarnos en resaltar ciertos rasgos fascistas quejalonaron su historia, sino alentar su reconfiguración. Pero además, como el radicalismo mantienesu mayor gravitación en las clases medias más bien progresistas, el peronismo deberá abarcar a sutradicional clientela, la clase trabajadora, pero también a las clases altas. ¿Qué otra cosa era elviejo Partido Conservador sino una aristocracia dinamizadora con gran penetración en las clasespobres? ¿No era el caudillo conservador Robustiano Patrón Costas el ídolo laico de Perón? ¿No sellama acaso Partido Popular la centroderecha española? ¿No fue Solano Lima, del Partido ConservadorPopular, el vicepresidente elegido por Perón para acompañar a Cámpora en la fórmula de 1973? ¿Noapuntan Macri –votado principalmente en Recoleta y Villa Lugano–, el millonario DeNarváez y quizá también el estanciero Reutemann a reconstruir esa alianza entre capas bajas yaltas?

El nuevo peronismo debería volver a la utopía de la movilidad social ascendente y renunciar a suhábito de ayudar a los pobres con dádivas. Conquistar prosélitos y no asegurar votantes cautivos.Más seducción y menos “aparato”. Más trabajadores que migren hacia las clases medias ymenos barrabravas. Como propone cualquier centroderecha sensata, el Partido Republicano en losEstados Unidos o el PP en España, el peronismo de la próxima década deberá alentar y no combatir almercado. Este sería el novedoso esquema bipartidista en el que el peronismo dejará de ser unapalabrota para las clases altas, que mutarán de enemigo a vanguardia. De ser así, como en unaaporía aleatoria, el hijo putativo descarriado volverá a su antecedente intrauterino, elconservadurismo decimonónico, pero ya despojado de la mácula del fraude. Borges dejará derecordarnos que son incorregibles y el gorilismo pasará a ser una leve pieza museística.

*Escritor y periodista.

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