•violencia y seguridad

El futuro es de los niños, aun de los que delinquen

La niñez es inimputable porque es fundamentalmente un tiempo de formación de valores y de maduración de la emotividad. Pero no es un bien que disfrutan todos los seres humanos.

22-08-2026 | 16:49

La niñez es inimputable porque es fundamentalmente un tiempo de formación de valores y demaduración de la emotividad. Pero no es un bien que disfrutan todos los seres humanos que tienenedad de un dígito; aunque parezca paradojal, hay niños que no parecen niños porque han trascendidola edad mágica. Y actúan llevados por las circunstancias, casi siempre durísimas, de la vida, ypresentan un comportamiento de alto riesgo para la sociedad. Un delincuente es peligroso, pero unniño delincuente lo es más, porque agrega la inconsciencia y la temeridad irresponsable de ignorarlas consecuencias de sus actos. Un niño delincuente es ante todo un ser que sufre, una persona ala que le está siendo negado el derecho a vivir una etapa que debería ser privilegiada.Laprimera conclusión es que un niño delincuente debe ser tratado como un niño. los niños no puedenser tratados como adultos pero tampoco deben ser tratados peor, que es lo que siempre ha pasado. Noestoy en contra de la preservación de la seguridad por encima de todo, pero se puede encontrar unpunto medio entre preservar la seguridad pública y las condiciones de dignidad para con un niño queha sido colocado por la misma sociedad afuera de la infancia. El futuro es de todos los niños, aunde los que delinquen. La sociedad se configura con la suma de todos, y el tiempo formará adultosque no necesariamente tienen que acarrear los errores del pasado.Un niño delincuente correctamenteamparado y alentado puede ser un adulto recuperable. Esa es la segunda conclusión.

Los niños son un bien de la sociedad, no una posesión de los padres. Hay un derecho que vuelapor encima de las condiciones que pueden ofrecer los padres. Así son las viejas prácticas dedefensa de la minoridad de agresiones y desamparo, aun de los mismos padres.

La tercera conclusión es que un niño no es responsabilidad exclusiva de los padres sino de todala sociedad, porque los seres humanos no son propiedad de nadie y, por lo tanto, su destino nopuede ser marcado solamente por los padres.

Los excesos de la modernidad nos hacen olvidar que el tema de los niños delincuentes no aparecióen el siglo veintiuno sino mucho antes. Hay demasiados errores en el tratamiento que el pasado dabaa la tan manoseada “minoridad” que deben ser redimidos. Hay que replantearse seriamentela prevención de la delincuencia infantil y la mejor manera de administrar la justicia frente a loshechos consumados. Un juez de la infancia que se precie puede agregar a sus conocimientos dejurisprudencia algunos rudimentos de psicología infantil que le permitan interpretar de modo ampliolas acciones de los niños delincuentes y organizar la recuperación en reemplazo de la penalidad. Lacuarta conclusión es que un niño delincuente es una sombra para el futuro porque seguirá viviendo ycrecerá positivo o negativo para la sociedad, conforme reciba ayuda o castigo.

No es barato comprender y asumir responsabilidades, ni para la Justicia ni para lasinstituciones de amparo social, pero si no se gasta parte del dinero del fisco en elevar la calidadde vida de los ciudadanos del futuro, estamos exterminando el porvenir, que incluye a nuestrosamados hijos y nietos. La quinta conclusión es que nuestros niños están en estrecha relacióncon los otros niños menos afortunados y que todos juntos caminan hacia un futuro. que no será buenopara los nuestros si no lo es para los ajenos. El mundo tiembla ante los menores que matan ymutilan sin piedad, y yo no soy una excepción. Niños asesinos que matan a compañeros de colegio,pequeños artífices del horror que preferiríamos excluir de nuestra realidad. Pero no puedo olvidarque los seres humanos poco a poco aceptamos la degradación y perdemos noción de las cosas.

Traslademos esa condición humana a un niño de nueve o diez años que no tuvo la suerte deconvivir con los límites y los recortes necesarios para crecer moderado. Todo niño delincuentetiene un origen que hay que contemplar, nadie nace de gajo. Todos sobrellevaron una vida que lollevó hacia la marginalidad.

Esa condición de vida no es su responsabilidad; es nuestra como sociedad. La sexta conclusión esque no podemos evaluar la ferocidad de un niño delincuente con la misma vara que medimos la de unadulto delincuente y, por ende, no podemos castigarla con la misma severidad.

Protegernos del daño, evitar la proliferación de niños violentos, organizarnos pararecuperarlos, alentar esperanzas para con la niñez, que es nuestra única forma de inmortalidad,deben ser una sola cosa.


*Artista infantil.

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