•El periodismo que viene

El futuro no nos va a esperar

Me gusta mucho el diseño de las buenas revistas periodísticas de papel. Me gusta más que el de las buenas publicaciones en Internet. En esas revistas textos, tipografías y fotos trabajan, integradas, para realzar el contenido: un relato, un punto de vista, una intención.

23-08-2026 | 13:07

Me gusta mucho el diseño de las buenas revistas periodísticas de papel. Me gusta más que el delas buenas publicaciones en Internet. En esas revistas textos, tipografías y fotos trabajan,integradas, para realzar el contenido: un relato, un punto de vista, una intención. Brindan allector una experiencia que une la información a la estética, una forma hermosa de conocimiento.
La mayoría de las buenas publicaciones periodísticas en Internet no logran esa calidad. Lostextos y las imágenes comparten un espacio común pero no dialogan ni se potencian.
Mario García, talentoso pionero del diseño periodístico, descubrió años atrás que en Internetla fotografía no era un foco de atención tan poderoso como en el papel. Se me ocurre que una pruebade eso (y de la dificultad de su integración con el texto) es, aún hoy, el slide show: lopredominante es que si uno quiere ver fotos, va a un lugar donde están todas juntas, a vecesreunidas por un tema, muchas veces reunidas sólo porque son lindas (y así descontextuadas ydevaluadas).
¿Por qué esas dificultades en el lenguaje y el diseño? Es oportuno preguntarlo. Primeroporque los diseñadores argentinos pueden hallar respuestas: tienen un alto nivel en el mundo deldiseño periodístico. Segundo, porque dentro de pocas semanas se realiza en Buenos Aires elprincipal acontecimiento anual sobre el tema, el congreso de la Society of News Design (Clarín esel anfitrión). Así que es esperable que algunos de estos interrogantes se aborden aquí entrenosotros.
Fred Ritchin, profesor de fotografía de la Universidad de Nueva York, atribuye la pobreza demuchos sites periodísticos, en parte, a una cuestión económica: es más barato trabajar sobreformatos sencillos y preestablecidos.
Carlos Guyot, director de diseño de La Nación, me ha dicho que “el diseño editorialtodavía no está haciendo su aporte a la revolución digital. Hay cientos de profesionales yacadémicos pensando y protagonizando la transformación del periodismo pero el diseño editorialtodavía no registró la crisis”.
Guyot sostiene que “Internet aún no encontró su lenguaje propio”. Señala unacarencia verdadera: “En general los ‘especiales multimedia’ son una yuxtaposiciónde los clásicos modos texto+video+audio. Yo creo que así como a fines de los 60 se creó el nuevoperiodismo (un género propio del modo textual) en los próximos años alguien desarrollará un géneronarrativo para on line”.
Coincido con Guyot y agrego una hipótesis: quizás haya más de un lenguaje en Internet.
Según John Borthwick, capitalista de riesgo, creador de Betaworks, la metáfora dominante enInternet hasta hace poco era la de las páginas y la lectura, estática y unidireccional. (Ahoraentiendo por qué la mayoría de los diseños en la web no me gustan).
Borthwick dice que las redes sociales están transformando la vieja metáfora por el paradigmadel flujo (stream). Es una metáfora “fundamentalmente diferente: una corriente dinámica deinformación que fluye en tiempo real, en la que nosotros, como usuarios y participantes, podemosentrar y salir y ser parte de su flujo, y participar o sólo observar”.
Terry Heaton (recomiendo sus artículos en The Digital Journalist) sostiene que ese flujo(stream) está constituido por las redes sociales (Tweeter, Facebook, etc) y los agregadores denoticias (RSS). La gente ya no recurre como antes a los grandes portales en busca de noticias. Cadavez más actúa desde aquellas redes sociales y desde los agregadores que les traen los contenidosque ellos han elegido salteando a los navegadores (Explorer, etc) y a los sitios que producen esasnoticias. El mundo digital ordenado según la metáfora de las páginas y lectura está en retirada.
La metáfora del stream no es la de un arroyo que fluye linealmente. Es la de un oleaje capazde volver sobre sí mismo sin dejar de avanzar en distintas direcciones: piensen en la experienciade leer un texto con links, hostiles a un discurso lineal. Uno arranca viendo en directo el triunfode Susan Boyle, pasa a un texto en Wikipedia sobre la ópera, opina en un foro sobre la calidad delcanto de la Boyle, sigue por la producción de té en Japón y termina alquilando un bungalow en laplaya recomendado por una amiga en Facebook.
Tal vez por la misma naturaleza de ese flujo –información que entra y sale y se mezclay remezcla, consumida y producida por muchos– no podría surgir allí un lenguaje universal. Meimagino que habrá lenguajes distintos hilvanados por las necesidades de una persona o de un grupo yconstruido con distintas combinaciones de lenguajes y de dosis de esos lenguajes.
¿Cómo serán esos lenguajes? ¿Qué diseño nos ayudará a aprovechar toda esa riqueza? ¿Cómo seráel periodismo en esta “ecología mediática”? ¿Cómo será la publicidad que ya hoy, conGoogle, va directamente junto a los contenidos, y no necesita estar en un site? Permiso, quierorepetirme: pensar estos temas puede parecer un acto ilusorio cuando la atención está tomada por lapelea por la Ley de Medios y el periodismo parece sólo una variable en la lucha por el poder. Perono es ilusorio. Es urgente. El futuro no nos va a esperar.

*Periodista (www.robertoguareschi.com).

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