•la mirada DE ROBERTO GARCIA

El golpe generacional

Si la aceleración geométrica se mantiene, el actual proceso de desgaste político –al margen de otras consecuencias– podría determinar que, acercándose a la fecha de 2011, por ejemplo los radicales ya no piensen en el exitismo actual de Julio Cobos como puerta de emergencia para recuperar el poder.

24-08-2026 | 00:35

Si la aceleración geométrica se mantiene, el actual proceso de desgaste político –almargen de otras consecuencias– podría determinar que, acercándose a la fecha de 2011, porejemplo los radicales ya no piensen en el exitismo actual de Julio Cobos como puerta de emergenciapara recuperar el poder. Tal vez emerja como candidato otra figura de su viejo tronco, por ejemploun Ricardo Alfonsín (siempre y cuando el hijo del prócer supere ciertas inhibiciones personales),hoy en el banco de suplentes. El interrogante es obvio: ¿hasta cuándo podrá permanecer en elinvernadero el actual vicepresidente, nutriendo merecimientos por el silencio y la campaña antiCobos que desarrolla el Gobierno que integra? Y cuando salga obligadamente de su cálida madriguera–aunque el partido ofrece el antecedente mudo del mudo Yrigoyen–, ¿quién garantiza queaumentará las adhesiones en lugar de perderlas radicalmente, como corresponde a un hombre de esafracción? Son dos años los que faltan, no hay cuerpo que aguante, ni siquiera la corazahipopotámica de los políticos.

Todo se renueva

El caso no es Cobos solamente: el fenómeno de renovación y crítica se extiende a otras franjaspartidarias, cierto hastío político alcanza a los dirigentes conocidos que, mientras se ocultan,ganan. Pero ese juego de escondidas resulta efímero y les costará evadirse de las raspaduras yalijamiento que padece el Gobierno, el cual se obstina –y persistirá en esa estrategia–en contaminar a los otros. Empezando por el justicialismo, agrupación capaz de acercar más bisoñosaspirantes que la propia UCR en la tarea de rejuvenecerse ante el público: si Alfonsín podría seruna eventualidad en el tablero de arena, los ascendentes cuarentones peronistas son más y hasta sehan convertido reservadamente en posibles números dos de cualquier fórmula interna.

En la foto, con esa pretensión, del elenco primario aparecen el gobernador salteño Juan ManuelUrtubey, también el intendente de Tigre, Sergio Massa y el gobernador chaqueño Jorge Capitanich,aunque este par de menciones escandalice a más de uno. Vertiginoso este avance juvenil en elmercado ante gerontes sin mercadería a la vista, impasibles o poco activos. La oportunidad de ventade los nuevos cuadros responde no tanto a las calidades de la oferta o al ejercicio que los jóvenesdespliegan para alcanzar fama y poder, sino por el deterioro causado –hay queinsistir–, en el lento y cuidadoso esmeril que una sociedad irritada les reserva a losdirigentes de la primera fila. Y dos años en esa licuadora sinfín es un plazo que abruma acualquier veterano y más que suficiente para intentar una revolución generacional. Esas palabras,que aluden a la transformación, habitualmente despiertan un cándido entusiasmo en gente con escasafe y particular encono hacia lo establecido por su infelicidad. Resumiendo, el que se vayan todosde 200l hoy más tenue, pero latente.

Como hay cierta recurrencia a los 70, no vendría mal un planeo por esos años desgraciados,tiempos en que los argentinos buscaban y endiosaban a un padre o abuelo de familia como Perón (nose necesita recordar que el apego hasta podía alcanzar a otro pariente, el fiel Tío de San Andresde Giles), justo cuando deslumbraba la teoría de un pediatra cordobés, Arnaldo Rascovsky, quien leencontró diversos gambitos de actualidad cotidiana al concepto histórico de filicidio, milenario endiversas religiones, pero difundido por personajes y literatura, de Herodes a Tántalo, de Agamenóna Medea. Entonces, hasta en la tele atrapaba ese Rascovsky psicoanalista con sus explicacionessobre matar a los hijos, lectura que podía explicar ciertos acontecimientos de entonces.

El parricidio

Mientras, sin embargo, también en esos dos lustros calamitosos, se redescubría otra ondaopuesta, el parricidio, imperante en el cerrado culto literario al humorista Saki Munro, un birmanobritánico que admiraba Jorge Luis Borges y que flotaba espeso en las calles con las organizacionesarmadas. Aunque fingieran adorar a viejos como Perón, Vicente Solano Lima o al propio Cámpora, enrigor guardaban como hecho y metáfora matar a los padres (cuestión que hacia finales de la décadaexpuso el novelista Adolfo Bioy Casares en La guerra del cerdo), mirado el autor hoy por la ópticakirchnerista como un reaccionario, seguramente. Opiniones aparte, esa rebelión mortal contra losmayores tan común en el ambiente artístico y cultural, tambien disponía de antiguos antecedentes,de Séneca al más teatral Sófocles, de la novelística de Dostoyevski (Los hermanos Karamazov), delEdipo constante y freudiano con el que se agobiaba a los pacientes y, sobre todo, por la falta deentendimiento contumaz de los padres para enfrentar la decadencia y las visiones únicas,sectarias.

Se pagó cara aquella contradicción entre el filicidio y el parricidio. Apelar al recuerdo,también a una tamaña infusión de datos históricos –junto a la comparación de declives en elpaís– parecen exagerados si uno pretende enfrentar la incipiente rebelión juvenil en lapolítica (“entre nosotros y con los adversarios, aún con diferencias, hablamos un lenguajepacífico, sin rencores”, admite uno de los peronistas protagonistas) con lo ocurrido en los70. Pero hoy se esboza ese movimiento, se reúnen –como la semana pasada en el Castelar,Urtubey, Santiago Montoya y otra lista común bajo el imaginario juvenil de Alberto Fernández porrecrear el grupo Calafate que promovió al estrellato a Nestor Kirchner–, discrepan ycoinciden en el acecho a una generación. No está en ellos asaltar trincheras, ninguno se perfilasiquiera como el chilenito Marco Enrique Ominani, apenas si se entrenan para ocupar espacios yaprovechar situaciones. Si ahora son partenaires obligados, en dos años pueden ocupar cartelfrancés. Lo determinará el mercado.

La batalla contra Clarín

Y éste, claro, obedece a las contingencias que abruman: la inflación (2% para este mes, le gusteo no al INDEC), los dos dígitos de desocupación en algunas provincias y el significativo deterioroque envuelve al Gobierno, complicado en multitud de batallas de tiempo completo. Sea con losEstados Unidos (el enviado de Obama sólo dijo lo que repiten los argentinos hace meses y,simplemente, ofició de traductor), los “grupos sociales” que reclaman subsidios fueradel aparato oficial, el marginamiento de fuerzas políticas con la nueva reforma o sea con el grupoClarín –batalla a intensificarse en los tres meses venideros– con el tema de los ADN yel más importante en términos económicos, la no fusión del sistema de cable. Los Kirchnerdescubrieron esa caja concentradora, decidieron dinamitarla, mientras, hablan contra el monopolio:gracioso argumento que no esgrimieron en su momento, cuando le obsequiaron la fusión al grupo yhasta hicieron renunciar a quien se oponía a esa decisión, José Sabatella, titular de la Defensa dela Competencia. Ni siquiera lo reivindican, como tambián se olvidaron de quienes por añosimpugnaron el proceso dominante de Clarín, no sólo bien vista –también usufructuada–por el kirchnerismo en sus primeros cinco años de gestión.

Futuros dinosaurios

Por su personal anclaje en ese pretérito bien definido de los 70, tampoco los Kirchner podránintegrarse a ese golpe generacional subterráneo, casi parricida, si se produce hacia el 20ll. Porlo que demuelen –aún en sus actos elogiables– por el desprecio parvulario quemanifiestan y por el vacio que generan, tanto que si su proyecto fuera sustantivo, una juventud lecubriría las espaldas; pero, hasta ahora, solo recogen jóvenes que expresan la reivindicación de unpasado perdido, monotemáticos con aquellos “años de plomo” y, casi lo peor, con losslogans políticos de entonces. No han motivado la creación de pensamientos alternativos, nisiquiera la iniciación en otros rubros del progreso. Desde allí, sin duda, no saldrá el cambiogeneracional para el 20ll, y eso que la vasta mayoría de los imberbes que los acompañan se alimentacon la leyenda de la liquidación de los mayores. Paradojas de la vida.

Si la pareja apunta a convertirse en dinosaurios irrepetibles en el 20ll, otros de esa especie–casi al borde los 70 años– se aferran a una última oportunidad consagratoria, al tirodel final según un tango modernoso. Léase Eduardo Duhalde, Carlos Reutemann, Pino Solanas (el másinquieto Peter Pan con sus poleras y estilo para no representar lo que cuenta en la cédula),personajes para los cuales los próximos dos años constituyen un plazo asfixiante, tanto como paralos Kirchner. Unidos todos en una misma e incierta angustia sobre el final del destino y la saludque acompañará en la llegada. Quien dude del traspaso generacional debe saber, sin embargo, que eseproceso está implícito en las cúpulas, aún cuando se le reste importancia. A dos años del comicio,Duhalde ya decidió que sea Urtubey quien lo acompañe en el binomio presidencial si, finalmente, suapuesta adquiere galladura en el Partido (o en otro núcleo si el kirchnerismo lo impide). Otrasangre para sus arterias, al margen de los intereses territoriales. Igual que Reutemann, quienhacia el marzo venidero podría admitir que competirá por la presidencia, pensando –por elimperio de la necesidad de llevar a un bonaerense en la fórmula– en el intendente Massa, undescuidista de la política que ofrece parcelas de la provincia que suponen escrituradas a su favortanto Duhalde como Kirchner. La vía Massa, para Reutemann, significaría evitar la avenida Duhaldeen ese territorio. Sinónimos de Alfonsín en el radicalismo, quizás. O de un Mauricio Macri hoydevaluado, imaginando más cambios en su gabinete para tomar oxígeno o convocando a una interna conFrancisco de Narváez, como si éste se fuera alejar del justicialismo.

Nuevo fenómeno con un horizonte de dos años que, en la Argentina de las formas, pasa más por lacantidad de años que por el pensamiento, sin importar las valoraciones. Aunque la realidad es quelos modales tambien importan.

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