No está claro que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner vaya a lograr llegar a laselecciones de octubre de 2011 sin que los síntomas de la crisis fiscal hayan adquirido magnitudesimpresionantes para la gente que tendrá que votar y elegir un nuevo gobierno. Pero tampoco estáclaro que la política de mentir en todos los frentes y apelar a todas las reservas de ahorros ycapital, aún de las que están muy lejos de pertenecer al Estado, no les vaya a permitir seguirescondiendo aquellos síntomas y continuar con el cuento de la economía en crecimiento, conequilibrio fiscal e inflación controlada. Tienen a su favor la bonanza de las economías emergentes,en especial las asiáticas, que los vienen ayudando sin interrupción desde 2003 y las reservas decapacidad productiva que se acumularon gracias a la fuerte inversión modernizadora de los 90. Estasúltimas se están agotando, pero la bonanza del mundo emergente, por el momento, pareceinagotable.
Lo que es cada vez más claro es que quienquiera que gane las elecciones del año que viene va aenfrentar un año 2012 muy complicado, al menos, en el ámbito de la economía y de la situaciónsocial. La crisis fiscal se manifestará de manera dramática y, si Argentina no recupera rápidamenteel crédito público, el riesgo de aceleración inflacionaria será muy elevado. Los cuellos de botellaen la producción por falta de inversión se habrán multiplicado y aparecerán claramente reprimidosmuchos precios de bienes y servicios que ya no podrán mantenerse artificialmente por debajo de suscostos. Las demandas de ajustes salariales serán cada vez más frecuentes y la presión fiscalgenerada por la necesidad de financiar subsidios alcanzará magnitudes extravagantes. Los juicioscontra el Estado con sentencias en firme, desde las que responden a reclamos de los jubilados hastalas que se derivan de los reclamos por violación de los tratados de garantía de inversionesexternas y por incumplimiento de obligaciones financieras, tendrán una magnitud mucho mayor que laque tenían a fines de la década de los 80, cuando 13 años de estanflación y dos años dehiperinflación habían dado lugar a millones de reclamos judiciales.
La operación de las empresas argentinas en el exterior (desde sus exportaciones hasta susinversiones) estará cada vez más condicionada por las represalias que irán tomando más paísescontra la arbitraria intervención del Gobierno argentino en los negocios internacionales, muyfrecuentemente violatoria de los compromisos asumidos ante la Organización Mundial del Comercio yde los demás tratados comerciales internacionales. También atentarán contra los negocios externosde las empresas argentinas el alto costo financiero que enfrentan, en comparación con el que paganlas empresas del resto de las economías emergentes.
Frente a este panorama, una pregunta que siempre me formulan quienes escuchan estadescripción del panorama que describo para 2012 es si estará mejor preparado un gobierno de losKirchner o uno encabezado por alguno de los dirigentes de la oposición que hoy se visualizan comocandidatos. Mi respuesta es que tendrá mucho mejor chance de encontrar una salida ordenada para esacrisis en perspectiva un nuevo presidente surgido de la oposición al actual Gobierno que unoencabezado por Cristina o por Néstor Kirchner. La razón es simple: no hay forma de conseguir elcrédito público que será necesario para transformar la crisis en controlable y no explosiva sin quecambie en 180 grados el actual discurso económico y político del Gobierno.
El discurso de los Kirchner, desde 2003 en adelante y, crecientemente en los tres últimosaños, se ha basado en la mentira reiterada y sostenida con una alevosía nunca vista antes en elplano de la comunicación política. Es imposible imaginar que la gente que tiene que hacer apuestasa futuro, tanto en Argentina como en el exterior, vayan a creer que los Kirchner han decididocomenzar a gobernar con la verdad y se comprometan a dejar de mentir. Y sin capacidad para inspirarconfianza en el nuevo discurso será imposible recuperar el crédito público.
Un gobierno diferente del de los Kirchner no tiene asegurado su éxito en la difícil empresade recuperar la confianza pública, pero al menos tendrá la posibilidad de intentarlo. Será claveque llegue al poder haciendo campaña con la verdad.
Esta será la gran herramienta de diferenciación con los Kirchner y, si da resultados en laetapa electoral, se transformará en el mejor activo con que contará el nuevo presidente paraenfrentar los desafíos que planteará la realidad económica y social de 2012.
*Ex ministro de Relaciones Exteriores y de Economía.




