•RENE FAVALORO

El “hacedor de vida”

Querido y agradecido por muchos, envidiado por otros tantos en las internas de la profesión, olvidado por los que tenían obligación de no olvidar, atormentado por eso que él sintió como un gran desprecio, René Favaloro se suicidó hace nueve años, un 29 de julio.

23-08-2026 | 04:28

Querido y agradecido por muchos, envidiado por otros tantos en las internas de la profesión,olvidado por los que tenían obligación de no olvidar, atormentado por eso que él sintió como ungran desprecio, René Favaloro se suicidó hace nueve años, un 29 de julio.

Hombre al fin, con sus grandezas y sus defectos Favaloro siempre tuvo vigencia como un ícono dela anticorrupción pero bastante más después de muerto, siguiendo el devenir institucional y ladegradación de los responsables del país. Fui uno de sus miles de pacientes aunque no le pudeperdonar por algún tiempo su autoliquidación y precisamente con un tiro certero en el corazón, eseorganismo imprescindible que como cirujano ayudó a preservar, a darle un fuerte aliento vital.

Favaloro fue, para mí, un “hacedor de vida” y una mano maestra en frenar lasdesventuras del destino. Me operó en dos oportunidades, a “corazón abierto”, con elmétodo por él creado y perfeccionado, el bypass aorto coronario, una revolución quirúrgica que diovuelta la historia de la medicina en la segunda mitad del siglo XX. Como es sabido las enfermedadescardíacas son una de las principales causas de muerte en la Argentina y en los paísesdesarrollados. Favaloro no las definía como “enfermedades individuales” sino como“dilemas sociales”.

La carga genética importaba. El tabaquismo, la obesidad y la ausencia de ejercicios erandecisivos en el desencadenamiento de la enfermedad pero en tanto no cambiaran los elementosgeneradores de estrés no se derrotaría esa patología coronaria. ¿Qué se hacía con“salvar” al paciente coronario si continuaba viviendo en un país sin rumbo, donde lasdecisiones del poder eran imprevisibles, si los salarios estaban sumergidos, si la inflación, ladesocupación, la realidad económica terminaban acorralándolo? Es en esas cuestiones donde metransformé en un proveedor de estadísticas e informes económicos que me pedía periódicamente paraavalar sus presentaciones en público. Desde ese lugar dejé mi traje de paciente en el perchero ypude conocer y dialogar en distintos momentos mano a mano con un médico sensible, de gran presenciafísica, de verbo fácil, inquieto por los sucesos públicos, respetuoso del equipo profesional con elque trabajaba con intensidad todos los días, de enfermeras y mozos que lo atendían en losrestaurantes. Era un “contenedor”, un médico que “protegía” respetuosamentecon autoridad moral y conocimiento del espíritu humano.

Cada uno de los discursos que pronunció Favaloro, en todas las entrevistas periodísticas que sele hacían, en sus apariciones por televisión, en su participación en los congresos internacionalesdonde siempre era un invitado de lujo, jamás dejó de tener presente la “carga de laproblemática social” entre sus pacientes. Esto daba a sus palabras un vigor y un valor que elEstado nacional pocas veces le reconoció.

Dejó cuatro cartas póstumas. Tres de ellas fueron editadas en una recopilación del historiadorRicardo de Titto en un libro reciente y la última –liberada por el juez que actuó en elsuicidio– circuló por Internet. Todas expresan un dolor enorme, un desamparo inaudito. Ytienen el sentido de una “carta abierta” a la sociedad argentina.

En una de ellas escribe, siguiendo palabras de Atahualpa Yupanqui: “Estoy cansado deluchar y luchar, galopando contra el viento. No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil, perosí meditada. No se hable de debilidad o valentía”. En otra, dirigida al entonces titular delPoder Ejecutivo, Fernando de la Rúa, le dice, desde la “desesperación” y la“depresión” que la “Fundación” que lleva su nombre y que fundó, “estáal borde de la quiebra”, no tiene contactos con empresarios y necesita 6 millones de pesospara subsistir. En la tercera explica que se le adeudan 18 millones de dólares, que es maltratadopor empleados de obras sociales cada vez que reclama, que “me he transformado en unmendigo”.

Favaloro sabía en detalle de la corrupción del sistema de salud, de los “retornos”,de los “acomodos”, de otras indecencias, y se resistió a participar de esa juerga dondees el país entero el que sale perjudicado. Una realidad despiadada para su concepción del oficio.Se mató abrumado y sin que pudiera encontrar la salida.

Comprometido con el destino nacional, rechazó ofertas millonarias para radicarse en el exteriorjunto a su equipo. El empecinamiento no fue retribuido.


*Periodista y economista.

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