•Panorama // La apuesta de lula por los planes sociales

El Hambre Cero y el hambre de Dios

“Hay gente tan imbécil (...) que todavía sigue diciendo que ‘los planes sociales son para personas perezosas’”, dijo más ofendido que furioso el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, esta semana en un acto en Belo Horizonte.

El Hambre Cero y el hambre de Dios
23-08-2026 | 06:32

Hay gente tan imbécil (...) que todavía sigue diciendo que ‘los planes sociales sonpara personas perezosas’”, dijo más ofendido que furioso el presidente de Brasil, LuizInácio Lula da Silva, esta semana en un acto en Belo Horizonte.
El fraile dominico Frei Betto explica que fueron tres las razones que llevaron a Lula aimpulsar el programa Hambre Cero: la primera fue el combate a la pobreza, una cuestión deprincipios. La segunda residió en que, en el año 2002, Brasil figuraba entre los cinco mayoresproductores de alimentos en el mundo, por lo que no faltaba comida pero sobraban bocasinsatisfechas. La tercera fue subjetiva, la luz oleosa de un pasado amargo: el propio Lula provienede la pobreza extrema.
El presidente suele recordar que cuando niño sufrió mucha hambre, como un odio de Dios. Hastalos cinco años no conoció a su padre, porque trabajaba como estibador portuario en San Pablo, y asus doce años comenzó él mismo a trabajar como “lustrín”. Por ello es que lo de“personas perezosas” lo hirió antes que enojarlo.
En el mundo hay cuatro factores de muerte precoz: la guerra, el terrorismo, el sida y elhambre. Este último mata más que la suma de las víctimas de las tres primeras causas. Según laOrganización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cada día muere dehambre el equivalente a 70 personas por minuto.
En Brasil, la inequidad parecía ser parte de un paisaje inmutable al paso de las estaciones,pero hoy la gente percibe que cambiar depende de sí. Fuentes de la Fundación Getulio Vargassostienen que, de las series estadísticas con las que cuentan (desde 1960 hasta la fecha), nunca seobservó una reducción de las desigualdades tan importante.
El 11 de septiembre de 2001 el episodio de las Torres Gemelas conmovió al mundo: casi tresmil personas perdieron la vida. Los datos difundidos a fines de junio por la FAO muestran que aeste mundo capaz de calificar de “perezoso” a un indigente se le caen un poco más de 33Torres Gemelas por día sin que esto cause rechazo, dolor, huelgas o protestas. Por primera vez enla historia de la humanidad, más de 1.000 millones de personas padecen subnutrición. La cifrasupera en casi 100 millones la del año pasado.


Cuando hace unos años Lula propuso Hambre Cero Mundial, se dice que un presidente de Europaoccidental sentenció: “Sí, mi país va a enviar a Africa mucha comida”, y que Lula lerespondió: “No, de ninguna manera, nunca comida”. Porque hay tres errores en estacaridad de filántropo: primero, es la mejor manera de justificar los subsidios agrícolas en Europa(y en Estados Unidos también); segundo, destruye las culturas locales; tercero, crea dependencia.
Todo indica que el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA, 1996) de reducirel número de personas hambrientas a la mitad para el año 2015 no podrá ser alcanzado. “Unamezcla explosiva de desaceleración económica mundial y precios de los alimentos que se empeñan enpermanecer altos en muchos países ha empujado a unos 100 millones de personas más al hambre y lapobreza”, aseguró Jacques Diouf, director general de la FAO.
Hambre Cero nació con la decisión de hacer un verdadero programa de integración social. Elpunto nodal era ejecutar una política pública tal que la gente beneficiada pudiera caminar desde laexclusión social hacia la inclusión. La primera decisión fue no hacer una maratón de delivery decomida. Se definieron entonces las prioridades: los “sin tierra”, las aldeas indígenas,la gente que vive de y en la basura, los grupos descendientes de esclavos y las zonas del nordeste.Se unificaron todos los mecanismos federales de transferencia de renta en uno solo denominado BolsaFamilia –en portugués, “bolsa” es “beca”.
“¡Imbéciles, ignorantes!” No es frecuente que el presidente Lula da Silva useesas palabras, pero el hambre de Dios pudo más. Desde sectores de la oposición cuestionaron losresultados del plan conocido como Beca-Familia, que garantiza una ayuda de 34 dólares como mínimo y100 como máximo para hogares cuyos miembros ganan hasta 35 dólares mensuales. La variación delmonto depende de dos factores: la cantidad de niños en edad escolar y la de adolescentes que seesmeran en cursar la enseñanza media. Las críticas contra Beca-Familia se apoyan en dos razones: laelectoral, dicen, y el segundo retoque al estipendio, por cuanto Lula consideró que la cifrainicial resultaba “insuficiente”. Están en juego 250 millones de dólares, un númeroirrisorio.
En total, el programa le cuesta al Estado unos 5.800 millones de dólares anuales pero quedódemostrado que amplía el mercado de consumo apuntalando la actividad productiva interna. A losdetractores fue a quienes apuntó Lula: “Su ignorancia es de tal magnitud que piensan que unafamilia va a preferir vivir con 85 reales (42 dólares) mensuales antes que ganar un salario dignode 616 reales (308 dólares)”. Lula dijo esto durante la entrega de 457 diplomas a jóvenes queestudiaron diferentes oficios. Es un plan de inserción profesional, parte de Beca-Familia. Deacuerdo con el presidente brasileño, “es una forma simplista de ver las cosas que nocontempla que el país está dividido entre personas que tuvieron oportunidades y personas que no lastuvieron”. Las críticas al aumento por parte de la oposición y por el diario Folha de SãoPaulo fueron hechas mientras detrás de bambalinas resuenan los bronces de la frase proferida por elsenador opositor Demóstenes Torres el 7 de agosto: “¡Somos una banda (de ladrones)!”.
Entre 2001 y 2006, hubo una reducción sostenida de la desigualdad. Mientras que el ingresoper cápita de la población subió un promedio de 2,6 %, el ingreso de la población más pobre lo hizo11%. 27 millones de brasileños dejaron de ser pobres. En 1995, el 15% de los chicos de 7 a 14 añosestaba fuera de la escuela; hoy sólo el 2,5% está en esa situación.
“No me voy a ofender más con esas cosas; dicen que el Bolsa-Familia es demagogia, peroesas personas creen y creyeron siempre que una persona vive en una casa precaria porque quiere yque no trabaja porque no quiere”, machacó Lula ante una tribuna de personas que se capacitanpara entrar al mercado laboral formal. Como al pasar, recordó que ni él ni su vicepresidente, JoséAlencar, tuvieron la suerte de ostentar un diploma universitario. Aprender, entre otras cosas,enseña a no olvidar.

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