•gran cuado

El humor nos protege del infarto social

En mi columna anterior (“Medios y política”, PERFIL del domingo 11 de mayo), intenté discutir la pregunta: “¿Pueden los medios (…) tener una influencia importante sobre el comportamiento de voto?”. Al recordar esa vieja y complicada cuestión, pensaba en el discurso de la información. Pero sorpresivamente, la pregunta invadió los medios estos últimos días.

22-08-2026 | 18:18

En mi columna anterior (“Medios y política”, PERFIL del domingo 11 de mayo), intentédiscutir la pregunta: “¿Pueden los medios (…) tener una influencia importante sobre elcomportamiento de voto?”. Al recordar esa vieja y complicada cuestión, pensaba en el discursode la información. Pero sorpresivamente, la pregunta invadió los medios estos últimos días–preocupando al Gobierno sin ningún disimulo– ¡a propósito del “GranCuñado” de Tinelli! Que este hecho es sintomático, no cabe duda; lo importante es determinarde qué es un síntoma. Porque contrariamente a lo que expresó Lanata en su programa de televisión,la comedia política ha sido, desde antes de Aristófanes, una cosa muy seria.

Dejemos de lado los aspectos más groseros de la situación. Por ejemplo, a propósito de losprimeros episodios de “Gran Cuñado”, las declaraciones del ministro Aníbal Fernándezsegún las cuales ese programa “tenía excesos” y “debería regularse”. O elhecho de que el propio ex presidente Kirchner y varios funcionarios de su gobierno –como lorecordó acertadamente Pepe Eliaschev en este diario– se prestaran alegremente en 2005 a unaparodia televisiva de Fernando de la Rúa, también producida por Tinelli (el video está, claro, enYouTube). Se podrá argumentar que una cosa es satirizar a un ex presidente y otra, a un presidenteen ejercicio. Vale. Además, claro, de aquel ex, difícilmente se podían esperar represaliassignificativas.

Desde mi punto de vista, la opinión pública puede ser modelizada como un conjunto extremadamentecomplejo de lo que llamo espacios mentales, configuración de operaciones cognitivas que combinatres órdenes de fenómenos: los afectos, la percepción de hechos y la adhesión a normas. Muchas deesas configuraciones de espacios mentales se agrupan en “mundos” (por ejemplo: el mundodel trabajo, de la familia, de la política, de la sexualidad). Entre esos mundos hay distintosgrados de permeabilidad o de aislamiento, y sobre las leyes que regulan las maneras en que lossignificados “viajan” a través de esos espacios, los modos en que los eventos de un“mundo” pueden afectar a otro, sabemos todavía muy poco. Pero hay operadores detransición, que facilitan las conexiones entre espacios mentales. No es imposible que la emociónasociada al humor sea, para el tejido de los espacios mentales, comparable al vino: facilita lacirculación. Un aspecto siempre problemático de las emociones es su objeto; la sátira política semantiene “aferrada” a su objeto, no lo suelta (de ahí la importancia del parecidofísico a través de la caricatura), y produce a su respecto una emoción intensa. Tal vez sea poresta característica estructural que la comedia política, desde hace milenios, genera miedo en losocupantes del poder. Y en democracia la vuelve “peligrosa” –perdón,destituyente.

En Francia, el más famoso programa satírico de la televisión, Les guignols del’information, nacido en el cable durante la segunda presidencia de François Mitterrand yvisto desde entonces cotidianamente por unos 3 millones de televidentes, inquietó a más de unpresidente y a muchos funcionarios. Los payasos de la información festejaron en marzo pasado susveinte años, e invitaron al aniversario a los personajes originales, muchos de los cuales sehicieron presentes.

La sátira de los Guignols se aplica a personajes públicos de todos los sectores (funcionarios,políticos, empresarios, personalidades de la farándula, del deporte, etc.) y, como el nombre delprograma lo indica, también busca a sus víctimas en el sector de los medios. Durante esos veinteaños, el payaso central encarna al presentador del noticiero de la noche de la primera cadena de latelevisión abierta, y comienza invariablemente diciendo: “Buenas noches, usted mira demasiadatelevisión”.

En este caso, la voluntad autocrítica por parte de los propios medios es un componentefundamental y hace más improbable que del otro lado se produzcan reacciones en espejo como la quetuvo el publicitario del kirchnerismo Fernando Braga Menéndez quien, en el debate que este diariopublicó el pasado domingo a propósito de “Gran Cuñado”, no dudó un instante enproyectar sobre el conjunto de los ciudadanos argentinos los problemas del Gobierno, diciendo que“si 40 millones de personas depositan en los políticos sus fracasos, lo malo, lo mediocre,algo anda mal”.

Tomo otro trago de un muy buen merlot y reflexiono sobre el extraño exabrupto de Braga Menéndez.Y me pregunto: algo anda mal, sin duda, ¿pero dónde?


*Profesor plenario Universidad San Andrés.

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