•RIVER: LA HISTORIA DEL CLUB AL QUE NO LE SALE NI UNA

El juego de la gallinita ciega

Nuestro River, tan mareado y enceguecido después de su última vuelta, también juega a La gallina ciega. Avanza en zig zag y corre detrás de algunas sombras que, se ilusiona, sí podrían rescatarlo de esta tortura cruel.

El juego de la gallinita ciega
21-08-2026 | 22:38

Gallina, gallina ciega, ¿qué has perdido en el pajar? ¿Una aguja o un dedal?

–¡Una aguja!

–¡Ya: date una vuelta y búscala! ¡un-dos-tres y la del revés!”


Inicio del juego de La gallina ciega; óleo de Francisco de Goya (1789).


Cubiertos sus ojos por un pañuelo, la gallinita mareada avanza tambaleante después de lavuelta final y persigue a éste o aquel, lo mismo da; mientras los demás participantes se ríen, laeluden, la desafían y a veces la engañan dejándose atrapar para que ella los palpe, intenteadivinar de quién se trata y se equivoque, una y otra vez. Era la diversión preferida de las noblesniñas inglesas de la época victoriana y hasta el gran Francisco de Goya eligió una de esas tiernasescenas para decorar el cuarto de las hijas del rey Carlos IV de España, las infantas Carlota,María Amalia y María Luisa.

Nuestro River, tan mareado y enceguecido después de su última vuelta, también juega a La gallinaciega. Avanza en zig zag y corre detrás de algunas sombras que, se ilusiona, sí podrían rescatarlode esta tortura cruel. Se desespera. Necesita dejar de ser “el que dejó de ser”; el quepasó de campeón a canillita. Confía en un cambio de suerte, pero hasta ahora, ha sido infalible. Nole salió ni una.

Los Abstemios del Tablón, la ejecutiva barra liderada por el presidente Aguilar, es gentesimpática; bien pensantes todos, dueños de un discurso seductor. Tienen, eso sí, un problema. Elresultado de sus gestiones suele ser asombrosamente ineficaz, por decirlo de una manera amable.“Manejo desprolijo”, es el eufemismo elegido para referirse a estas cuestionesviscosas. Mmm. Parece más que eso. Son un mamut en una cristalería.

Lo de Fabbiani, más que una transferencia, fue un hecho pasional, como dicen las crónicaspoliciales. El abandonado fue Newell’s, el estafado Vélez; y la víctima, el pobre Salcedo.Herido en su honor aunque no tanto en su ego, el pobre paraguayo estalló. “¡No soy unacamioneta!” dijo, reservándose al menos algo de valor económico a su condición de objeto.Andrés Ríos sería el siguiente manoseado. Triple X.

La re-re vuelta de Gallardo y los eternos amagos con Ortega fueron la otra novedad. Bah. Otravez sopa; dicho esto con todo respeto, don Aguilar. Ambos son, aún otoñales, una esperanza deresurrección para los más fieles. ¡Ah...! La fe tiene intrincados senderos, hermanos míos. El buenodel Muñeco pasó sin pena ni gloria por Francia y ya en el DC United de Washington, las lesiones leimpidieron competir como él había soñado en la liga de la que huyó Beckham y donde deslumbra elmellizo Guillermo. Only in América.

El paso de Ortega por Mendoza no ha servido ni para encumbrar a su club en el Nacional B ni paracurar su adicción al alcohol. Una pena. Lo que todavía sirve, y mucho, es la idolatría quedespierta. Todos recurren al viejo póster cada vez que el equipo es humillado. Lo usan, por unratito. Para aquietar las aguas, subir la imagen positiva o callar de una vez al coro griego queclama, suplicante, “¡Orteega Orteega!”.

En busca de ese paraguas protector, una dirigencia con la soga al cuello y Carlos Avila, exdueño del fútbol y aspirante a presidente, se trenzaron en una insólita puja por su pase. Avilaquería pagarlo caro y regalárselo al club, en un conmovedor acto de desprendimiento que, de todosmodos, le iba rendir bastante más que la mejor campaña publicitaria. No pudo ser. Aguilar,desconfiado, amagó con una nueva oferta por quien puede volver gratis en unos meses y la cosa secayó por culpa de viejos rencores entre los dueños de los billetes. Habrá que ver cómo reaccionaOrtega frente a esta frustración, aunque uno tiembla de solo imaginarlo. Después de tanto manoseo,River –engolosinado– se aseguró un nuevo conflicto. El equipo deberá jugar como elBarça para calmar a las fieras. Difícil.

El club entrega la vida por algo de mística, de idolatría. Lo que hoy llaman “unreferente”. Lo intentaron con Abreu, experto en moral ganadora y liderazgo de duchas; un tipocapaz de “arreglar” un vestuario en crisis con un mate y dos medialunas. Ahora trabajapara la unión de los vascos en la Real Sociedad. Deberían reclamarle, como a los plomeros.

¿Cómo estará Fabbiani, el refe-rente virgen de Gorosito? ¿Habrá entrenado bien, solo? ¿Cómoandará de peso? Horror. A ver si se pone bien recién a mitad del torneo, la rompe y vuela; como eldinero y los mejores. Por suerte en carpeta siguen el Pi-rulo Rivarola, Shaffer; el marido deWanda, uno de Europa que no viene, el suplente de Andújar; Fernando De Tomaso que está libre yMercier, el 5 de Argentinos; ex Platense, Tristán Suárez, Morón y Flandria. Todo sea por elequilibrio.

No soy pesimista, amigos millona-rios. River puede despegar, ¿por qué no? No tiene malosjugadores, al contrario. Esto es la Argentina y hay lo que hay; veteranos de vuelta, jóvenes de iday un enorme grupo standard, carne de liga sudamericana. San Lorenzo saca ventaja a fuerza dechequera; Boca, gracias a la continuidad de un proyecto exitoso; Vélez y Lanús por sus dirigentes yEstudiantes, por Verón.

Si Aguilar y sus chicos consiguen, al menos, controlar su asombrosa persistencia en el error, elequipo puede resucitar y pelear arriba.

¿Qué, no me creen? ¡Jah! En este fútbol donde el tuerto es rey todo es posible, muchachos. Hastalo bueno.

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