Es hora de que los semiólogos difundan los resultados de sus investigaciones sobre lasmotivaciones de la conducta de un lector de diarios. Hace mucho tiempo que no sabemos nada sobre eltema. Hay tantos consultores, asesores, programadores, especialistas en medios, que no pareceexcesivo pedir que divulguen sus estudios sobre los variados perfiles del lector nacional. Sólohablamos de los medios y nos olvidamos que sin nosotros los lectores, oyentes y televidentes, noson nada. Nos vendría bien analizar este asunto ya que estamos en una situación en la que el granpúblico contempla con cierta sorpresa una guerra entre gobierno y periodistas, entre los mismoscomunicadores, en medio de tribunales y juicios, además de los desfiles con fotos de periodistasestigmatizados.
Hay tantas preguntas por hacer y tan poco se ha discutido. Es tan grande el griterío que da lasensación que nadie tiene interés en analizar el tema. Clarín, por ejemplo, ¿vende más o menos quehace dos años? Un lector de Clarín que lo leía en el 2006 y sigue ahora, ¿ha variado sucomportamiento político por el cambio de orientación del diario? ¿Por qué y cómo se lee un diario?¿Cuál es la razón por la que en estos días los periódicos ingleses toman posiciones a viva vozsobre los candidatos, cambian de preferencia o las mantienen, sin sentir por eso que violan lacondición de objetividad de la que una presunta ética los hace acreedores?
Los diarios “serios” de Gran Bretaña o los catalogados como “amarillos”no parecen arriesgar su reputación ni temer el desplante de sus avisadores y de su caudal delectores con estas tomas de posición electorales.
A la espera de la información requerida de los especialistas correspondientes, no me queda otraalternativa en este momento que dar mi opinión de lector de diarios y de mero cliente dekioscos.
Voy a hacer una pregunta algo disparatada por lo obvia: ¿se sabe cuánta gente lee los diarios?¿Cuánta lee en la ciudad de Salta, en Río Cuarto, en Bahía Blanca, en el país?
La verdad que muy poca. Es de público conocimiento que los diarios los leen unos pocos y son declase media y alta. Se trata de un fenómeno mundial. Lo que sucede es que de lo publicado por losdiarios se alimentan las radios que leen las noticias a la mañana, mientras la televisión tambiénlo hace hasta que por tener medios de producción propios pueden renovar las novedades de la primerahora del día.
Sigo con otra pregunta: ¿para qué sirve la teoría de la alienación que sostiene que los mediostiene el poder de manipular a la gente? ¿Somos tan idiotas los miembros de la clase educada, mediay solvente, que los cronistas hacen lo que quieren con nosotros?
Muchos creen que sí. Tanto poder dicen que tienen los medios que la inseguridad se convierte enuna sensación y la corrupción se reduce a un titular tendencioso.
Es increíble que cada vez sean más numerosos los que “se dan cuenta” del podermanipulador que tienen los medios que los aún manipulados. Llegamos a la paradoja de que nadie sedeja melonear porque todos están meloneados.
La relación que un lector tiene con su diario es compleja. No se basa en una fidelidad absoluta.Hay algo que los analistas no toman en cuenta y es que el vínculo que tienen con los medios loslectores de diarios, los oyentes de radio y los televidentes se basa fundamentalmente en la pereza.Nos distendemos con la actualidad. Nos hace compañía cuando nos afeitamos, durante el desayuno, enla mesa familiar, cuando cenamos, en los intervalos del trabajo, en los viajes en colectivo. Nosinformamos y a la vez nos distraemos.
A la hora de votar por un candidato esas vivencias cotidianas se sumergen en un torrentedisolvente y lo que cuenta en la urna es un voto imprevisible. La mayoría de la gente tiene unavida pareja todos los días con problemas de subsistencia bastante apremiantes y temores varios. Enmedio de esto las noticias entretienen, permiten cierto desahogo y nos descansan.
La agitación que vive el personal de las redacciones, de las agencias de noticias, de losestudios de televisión y radio, el permanente estado de excitación que creen que todo el mundocomparte, en realidad no es más que un teatro de exageraciones de esa megaproducción llamadaactualidad.
Todavía los ideólogos del control total no se dan cuenta de que el pequeño hombre que abre undiario o enciende un aparato no es un feligrés sino un ser reactivo que disfruta de la noticia. Sedetiene en esas caras graves y preocupadas a cargo de los informativos, se identifica con lasindignaciones que padece el locutor, prestaba atención a lo que proponía Bernardo Neustadt quesoportó el odio de la mayoría de sus connacionales con el más alto rating que haya logrado unperiodista.
¿Qué características tiene un lector ecléctico? Hay dos tipos de lectores con estascaracterísticas. Uno es el que no lee los diarios durante la semana porque no tiene tiempo, sesatisface con la televisión, y junta varios periódicos el domingo para leerlos a la mañana, tarde ynoche, con alternancias de siestas y comidas. Otro es el que usa los diarios como material detrabajo ya que quiere por razones de oficio tener una idea de los acontecimientos de actualidad através de la expresión de los sectores de la sociedad en los nichos informativos.
La realidad es una cebolla que se pela, o para ser más tajante, un alcaucil sin corazón. Lasnoticias se fabrican y la realidad se entrega por partes. Consumimos trozos de una actualidad sinfin a elección del oferente, y cambiamos de diario, dial y canal si queremos degustar otrosabor.
Ya todo el mundo parece estar de acuerdo en que no existe la objetividad. Y también se está deacuerdo en que se transmiten verdades parciales. Por eso el periodismo hegemónico en nuestro países el que confronta verdades parciales. Es decir mentiras acotadas.
Pero los diarios no se identifican sólo con su línea editorial, por el hecho de que ademásescriben en él periodistas que no son todos iguales. Se me ocurre que el mejor diario o medio decomunicación en general es aquel que tiene la mayor heterogeneidad posible de pensamientoperiodístico.
No existe, salvo casos aislados, en nuestro país, un periodismo de pensamiento que se preocupepor plantear problemas, averiguar datos, sumar informaciones, ofrecer del modo más completo ycrítico un panorama lo más exhaustivo posible respecto de cualquier tema.
Despreciamos el oficio y más aún a los receptores de la información. Hay tan pocas excepcionesque esta realidad parece no tener fisuras. Da la sensación que los que están a cargo de laactualidad se esmeran por encontrar cada día o cada semana un argumento a favor o en contra de unenemigo declarado. Es ésa la que creen los periodistas que es su tarea. Como que no tuvieran otra.O son pastores de la corrección y de la indignación moral o parte de una cruzada de justicieros conmicrófono. Nadie quiere perder a sus “compañeros”, clientes o avisadores con sorpresasdesagradables, como las que se tiene si un análisis o una información va a contracorriente de undeseo del consumidor o de algún patrón estatal o privado.
Hay que dar masticado lo que se espera, y siempre lo mismo.
*Filósofo www.tomasabraham.com.ar





