El libro en la ciudad

Como veníamos diciendo, es decir en la columna de la semana pasada, acabo de leer El pensamiento político posfundacional. La diferencia política en Nancy, Lefort, Badiou y Laclau, de Oliver Marchart, publicado por Fondo de Cultura Económica.

El libro en la ciudad
23-08-2026 | 08:41

Como veníamos diciendo, es decir en la columna de la semana pasada, acabo de leer El pensamientopolítico posfundacional. La diferencia política en Nancy, Lefort, Badiou y Laclau, de OliverMarchart, publicado por Fondo de Cultura Económica. ¿Es un libro tan importante como para dedicarledos columnas seguidas? Bueno, ni que mis columnas valgan tanto… En todo caso, la relaciónentre los libros y la lectura, o entre la lectura y la escritura, es siempre profundamenteantieconómica: pequeños libros han producido grandes lecturas, libros menores han dadoextraordinarios comentarios, libros cruciales han pasado inadvertidos y comentarios trivialesdieron cuenta de libros igualmente banales. Cualquier libro puede generar cualquier lectura, muchomás en alguien como yo, perdido ya sin retorno en un modo de lectura lateral, incidental, menor.Para mí, una buena frase escondida en una nota a pie de página vuelve relevante cualquier libro.Especie de pesimista optimista, no espero mucho, o no espero mucho más que eso, una fraseinteligente, que no es poco en realidad: basta con leer la mayoría de los libros de la recienteliteratura argentina más exitosa, y rápidamente se comprobará que no hay allí ni siquiera una ideainteresante.

Pero mientras leía el ensayo de Marchart, había algo que me iba disgustando: muchas veces citabaa autores franceses, pero lo hacía en ediciones inglesas o incluso alemanas y no en las propiasfrancesas. Hasta que, no se por qué, llegado a la mitad de libro, leí la solapa con los datos delautor: no escribe en francés como yo suponía (prejuicio de mi parte por llamarse Marchart yescribir sobre Nancy), sino que el grueso de su obra –seis libros– está en alemán, yademás FCE tradujo el libro de su edición inglesa, publicado en 2007 por Edinburgh University Press(un verdadero editor lo primero que lee de un libro son los datos legales, pero yo, editorocasional y amateur, recién reparé en ese dato 250 páginas después). Marchart no cita en francéssimplemente porque no escribe en francés.

Pero esta lectura de las legales del libro desembocó en otra reflexión más importante (de la quedebería ya haber hablado, si no hubiera consumido más de 2.000 caracteres en otras disquisiciones).Quiero decir: en inglés el libro está publicado por una pequeña editorial universitaria de bajacirculación, mientras que en castellano lo está en una gran y muy prestigiosa editorial, con fuertepresencia en librerías. ¿Cómo entender esta situación? Una respuesta lineal sería errónea. Más deuna variable se entrecruzan antes de dar una contestación a la pregunta. Pero quisiera reparar enuna: la inmejorable relación que buena parte del mundo intelectual tiene en la Argentina con lapolis, con la ciudad, con la vida urbana. Por supuesto que por ser editado por FCE, una editorialcuya casa central es mexicana, no hay por qué descartar que el libro también salga en aquel país.Pero eso, en este caso, es secundario. Lo central es que, en la Argentina, libros de ensayoerudito, riguroso, filosóficos o literarios, todavía tienen su lugar en la ciudad y no replegadosen un campus, o en librerías universitarias encerradas en el claustro. Que el mismo libro estéeditado en inglés en una editorial universitaria escocesa, mientras en Buenos Aires lo está en FCE,señala sobre un cierto estado de situación del campo cultural local: aun en crisis (en crisis launiversidad, en crisis el ensayismo crítico que no quiere integrarse al mundo académico, en crisisel mercado editorial, en crisis el sistema de librerías independientes), el intelectual argentino–y yo diría el latinoamericano e incluso el latino tout court– mantiene una productivatensión entre el aula y la calle, entre la biblioteca y la voz pública, entre la lectura y laintervención, que no deja de ser destacable. Es que, puesto a elegir, prefiero leer libros de Fondode Cultura Económica que de Edinburgh University Press.

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