•a 40 aos del crimen de vandor, aun impune

El Lobo que desafió a Perón y fundó un estilo sindical

El martes se cumplen 40 años del asesinato de Augusto Timoteo Vandor, “El Lobo”, el más influyente dirigente gremial de la Argentina. Una figura compleja, con varias caras: creó la estrategia de “golpear y negociar”, fue elogiado por el Che Guevara, se opuso a Frondizi e Illia y se convirtió en interlocutor de los militares, a quienes les arrancó las obras sociales, que siguen constituyendo el núcleo duro del poder sindical. Además, fue el único dirigente peronista que se atrevió a desafiar a Juan Perón al propiciar una suerte de laborismo. Su crimen nunca fue esclarecido.

23-08-2026 | 00:11

Cuando atravesó las puertas blindadas de su “búnker” de la calle La Rioja 1945, el30 de junio de 1969, el estratega, que siempre tenía un as en la manga, que confiaba al extremo enla intuición y llegó a sentirse imbatible en muchas ocasiones, el único dirigente sindical que seatrevió a medir fuerzas con el caudillo en el exilio, certificó con su vida que había traspasado ellímite de lo posible. Hacía un tiempo que ya no se controlaban las fuerzas desatadas, sedeterioraban los vasos comunicantes que oxigenaban el circuito de relaciones de su imperio. Y tantopoder sin rumbo, librado a su suerte, factiblemente haría encallar al capitán de tormentas.

El juego pendular de “golpear y negociar” se había roto abruptamente en la cúspide.Comenzaba, entonces, la leyenda. Para Juan Carlos Torre, autor de insoslayables trabajos sobre elsindicalismo peronista, el pragmatismo de Vandor consistió en valorar, en primer lugar, la suertede la organización sindical. Con esto se quiere subrayar que fue un dirigente escasamenteinteresado en los planteos estratégicos y en los esquemas ideológicos. Frente a todos reaccionóhabitualmente con la natural desconfianza de alguien que juzga la realidad circundante desde laóptica de la organización sindical y se preguntaba en cada caso si en ésta se perjudicaba o sebeneficiaba. Participar permaneciendo en la oposición, he ahí la idea que quizá resume mejor laposición de Vandor y que a lo largo de su trayectoria lo opuso tanto a la llamada línea dura delsindicalismo peronista como a los dirigentes que se inclinaron por congraciarse con los poderes deturno en un país sin democracia.

Otro perfil del personaje trazará Eduardo Luis Duhalde, que fuera con Rodolfo Ortega Peñaabogado de la UOM en la década del 60. Aquí se describe a Vandor esencialmente como un laboristaque tenía muy presente la experiencia de Luis Gay y Cipriano Reyes, los dirigentes obreros de lostiempos inmediatamente anteriores al surgimiento del peronismo que tributaron a éste, pero que eracapaz de apreciar los ejemplos del Labour Party de Inglaterra, que veía la política como arte de lanegociación, y a ésta, sólo posible desde posiciones de fuerza.

Pléyades de dirigentes sindicales crecerían bajo su advocación, muchos entre ellos buscaríanemularlo. Para otros tantos será el símbolo de todo aquello que había que enfrentar y cambiar, elarquetipo de la burocracia sindical que había traicionado a la clase obrera y el principalobstáculo en la lucha popular revolucionaria.

Su amigo Miguel Gazzera recuerda una comida en una cantina de Paraguay y Anchorena, en los mesesfinales. “En esa conversación –estaban presentes Paulino Niembro, Avelino (Fernández) yLorenzo (Miguel)– le sugerí: “¿Por qué no te vas unos meses del país?, las cosas hanquedado muy mal, te van a matar”. La respuesta tardó unos días: entre contrariado yreflexivo, me contestó: “Si hay algo que puede ser jodido para mí, prefiero que seaacá”.

Cansado, casi extenuado, Vandor envía mensajes a diestra y siniestra. Ofrece su respaldo aOngaro buscando la unidad del movimiento obrero, pero la CGT de los Argentinos no responde yratifica el paro general para el martes 1º de julio. Envía a sus colaboradores a entrevistar alpresidente de la Junta de Comandantes en Jefe, almirante Pedro Gnavi, y al secretario de Trabajo,Rubens San Sebastián. Agenda mentalmente una probable reunión con Onganía que podría concretarseluego de un encuentro en el recreo del Sindicato de Aguas Gaseosas, el mismo lunes 30 de junio.

El relato de Gazzera. El sábado 28 de junio, aproximadamente a las 21 horas,mientras se hallaba elaborando un informe para la Mesa Coordinadora, lo visita Vandor y le solicitaun proyecto de declaración para que fuera dado a publicidad por la CGT de Azopardo, refiriéndose ala situación del país, y repudiando al gobierno como ejecutor de la política liberal. A esa hora,luego de trabajar todo el día, Gazzera no estaba en condiciones de producir la declaración, así quepromete que la tendría preparada para la mañana del día siguiente. “Ese domingo 29 meencontré con Augusto Vandor, que hasta ese momento no había conocido… Había olvidado ladeclaración que teníamos que analizar y se entregaba al juego con los niños casi con necesidad:desbordando ternura… Habló largo rato conmigo con sus dos hijos sentados en sus rodillas quelo hostigaban empeñados en prolongar el juego, mientras su compañera nos servía un segundodesayuno… Nos olvidamos de la declaración y era casi el mediodía cuando le entregué elproyecto que había preparado, y me despedí de Vandor. Entonces, naturalmente, ignoraba que meestaba despidiendo definitivamente de Augusto Vandor” .

El clima político estaba más que caldeado. Ese viernes 27 de junio había sido asesinado elperiodista Emilio Jáuregui en una refriega policial. Jáuregui había trabajado como cronista en eldiario La Nación entre julio de 1960 y diciembre de 1962. Es decir, hasta que decidió afiliarse alSindicato de Prensa. en el que, después de varias discusiones políticas y divisiones, fue elegidosecretario general. En 1966, Onganía intervino el sindicato. Emilio había encabezado unamanifestación de repudio a la visita que Nelson Rockefeller, gobernador del estado de Nueva York,realizaba a Buenos Aires como enviado de Richard Nixon en una gira latinoamericana. La marcha fueapoyada por todos los partidos políticos; el radicalismo, el peronismo, los partidos de izquierda.La concentración mayor tuvo lugar en Plaza Once y, desde allí, Emilio, junto a un grupo, decidióbajar a la avenida 9 de Julio.

La policía reprimía y los manifestantes corrían; un patrullero persiguió a Emilio y le cruzaronel auto en Tucumán y Anchorena, abrieron fuego y lo mataron. Fue el único muerto y dos medios deentonces contradijeron la previsible versión oficial de que estaba armado: el diario La Prensa y larevista Primera Plana.

A las 8 de la mañana del lunes 30 de junio, Bernardo Neustadt tiene una breve conversacióntelefónica:

—¿Cómo está Augusto?

—Más o menos… Acabo de levantarme de una fuerte gripe.

—Quisiéramos invitarlo a un programa de televisión con jóvenes que quieren irrumpir en lavida sindical, preguntando…

—Puede ser, pero no ahora… Estamos con este problema de la unidad que no me dejadormir. Además mañana tenemos que evitar el paro, porque no lo entendemos útil para el movimientotrabajador, al que lo quieren arrastrar hacia el caos y la desintegración. Y usted sabe cómo esesto: hay que estar con los dos ojos bien abiertos… En todo caso, hablaré con Roqué, o conHéctor López… Mire, véngase para aquí, para Rioja, a las 11, y veremos…

Luego de estos últimos contactos con Gazzera y Neustadt, Vandor atiende por última vez elteléfono: es el dirigente y economista Antonio Cafiero, allegado a las 62 Organizaciones, quienllama a la sede de la UOM buscando a Gazzera. Eran las once y media de la mañana del lunes 30 dejunio del ‘69.

—Hola, Vandor, ¿Qué dice?

—Hola, Cafierito.

—Lo ando buscando a Gazzera. ¿Está por ahí?

—No, aquí no.

—¿Cómo se prepara para mañana, Vandor? Todo saldrá bien, ¿no?

—¿Usted cree, Cafierito?

Cuelga el teléfono y sigue repasando la agenda diaria con sus colaboradores cuando oye ruidosextraños en la antesala de su despacho, en el primer piso del edificio de la calle Rioja al 1945.Acciona el dispositivo eléctrico que abre la puerta sólo desde dentro, le dice a Alfredo Pennisi,secretario de la seccional Santa Fe: “Che, voy a ver qué cornos pasa”, camina dos pasosy apenas alcanza a ver dos rostros y una ráfaga de balas fulminantes que lo tumban. Llegó agritarle a Pennisi: “¡Alfredo, tirate al piso!”. Socorren en vano al secretario generalsu asesor de prensa, Federico Vistalli, y el asistente Mariano Martín. Pennisi y decenas dedirigentes, entre los que estaban Roque Azzolina, Herminio Iglesias y Norberto Imbelloni, habíansido reducidos por el grupo comando de cinco atacantes, que dejan dos artefactos explosivos yescapan sin intervención de la custodia. En apenas quince minutos, la trágica incursión habíaculminado. Trasladado al policlínico del gremio, en Hipólito Yrigoyen al 3200, Vandor murió antesde llegar.

Por esas mismas horas, la atención pública estaba concentrada en otra parte de la ciudad. Unaextraordinaria movilización policial rodea el desplazamiento de Nelson Rockefeller, enviado delpresidente norteamericano, desde el Palacio San Martín a la Casa de Gobierno, donde lo recibe elpresidente Onganía. En las adyacencias de la Plaza de Mayo se apostaron cientos de policías decivil y de uniforme, camiones de la Policía Federal con personal fuertemente armado. Precedido por28 motociclistas y tres carros de asalto de la policía, llegaba el visitante estadounidenseacompañado de una nutrida comitiva. De la parte argentina participan de la reunión el secretario deComercio Exterior, Elvio Baldinelli, el secretario de Agricultura y Ganadería, Lorenzo Raggio, elembajador argentino en los EE.UU., Eduardo Roca, y el asesor general de Planeamiento, MarianoGrondona. Era, hasta esa hora del día, la noticia más importante del día. Pero no lejos deldespacho presidencial, el ministro del Interior y el jefe de Policía recibían los comunicadosinicales de lo ocurrido en la sede de la UOM, en Parque Patricios.

Antes de las 12, las redacciones de los diarios ya conocían la noticia del atentado; lasemisoras de radio y televisión no tardaron en divulgar las primeras informaciones, pese a que elcoronel Luis Máximo Prémoli, secretario de Prensa y Difusión, deseaba que se ocultara el episodiodurante una hora o dos.


*Autores del libro “Saludos a Vandor”, editorial Javier Vergara.

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