Patética impresión: se suceden cortes, paros, tensión social, violencia implícita y, comorespuesta, el Gobierno deriva a su responsable del tema, el ministro Florencio Randazzo, para quevenda por TV las excelencias de una reforma electoral y el módico precio que los argentinos van apagar por su nuevo documento de identidad. O el ex presidente Nestor Kirchner, único tutor de lavida política en el país, entiende que la prioridad de su vida –y la de los otros– esvolver a pilotear el Partido Justicialista, luego de que hace dos meses pensara lo contrario, comoun párvulo casquivano del colegio secundario. Como si mirar hacia el Norte lo desligara de observarel incendio del Sur, como si él y su supértiste Randazzo se ocuparan sólo de cuestiones importantesy no de los padecimientos callejeros que padecen los ciudadanos. Un fenómeno de sorprendenteevasión que no repara en los acampes con familias completas, en la interrupción diaria de avenidaso autopistas, en la suspensión de servicios vitales (el subte, los maestros), ni en lamultiplicación y variedad de demandas exigidas por los quejosos: desde más dinero para salarios acambios en el encuadramiento sindical, desde nuevas y más partidas para grupos sociales marginadospor el Gobierno (a favor de otros) a reclamos por la expulsión de delegados de fábrica en algunafábrica. Si uno tuviera humor y no sufriera el estorbo cotidiano de esta pérdida de tiempo, quizásresultara gracioso el caleidoscopio de protestas que invaden al país, casi una curiosidad turísticaimposible de registrar en otra parte del mundo.
Cerca de la revolución
No debe ser cierto que la abundancia de colapsos callejeros determinen inevitablemente unasituación prerrevolucionaria –secreta y conjunta ambición de los incautos veteranos de laderecha y la izquierda–, pero el agobiante clima revela un crescendo obvio y, al no encontrarlímites esta expansión, se multiplica y prospera con mentalidad adolescente. Por lo tanto, despuésde cortar una docena de veces la 9 de Julio, ¿cuál es el próximo paso? Podría hablar EduardoDuhalde al respecto: durante su gobierno no temía en mudarse de Olivos a Lomas de Zamora paraevitar los escraches, la batahola sobre su dormitorio y, cuando finalmente quiso ensayar ciertoorden, culminó con las muertes de Kostecki y Santillán. Y con la de él mismo, políticamentehablando. Si uno retrocede a otras experiencias peronistas, la de Isabelita por ejemplo, losantecedentes son aún más inquietantes. Nadie pide que se lea la Historia Universal, apenas latradición oral del barrio.
Además de no explicar, disipar o contener, el Gobierno se paraliza por sus contradicciones ymiedos: justo es que no pretenda ni un solo herido en su cuenta (por no hablar de situaciones másluctuosas), pero más de uno en su cercanía quizás admita que no disfruta de la autoridad necesariapara implementar ciertas órdenes, de que no se atreve a instruir por la eventualidad de que ledesobedezcan. Evidencia: lo que no puede o se anima a ejercer frente al disturbio sindical o social(prefiere conceder cualquier tipo de reclamo), tambien se advierte en su actitud frente al planodelictual. ¿O acaso alguien puede pensar que la Policía aplicará más energía frente al desborde deladrones o criminales cuando en esos cuerpos pagos reina el criterio de evitar comprometerse enacciones de dudoso final, porque serán por último ellos quienes paguen con la carrera o la prisión?Hasta quienes carecen de información reconocen –por no señalar los vaticinios de la pitonisaElisa Carrió– que se avecinan picos de mayor gravedad para fin de año, que el tumulto crecerácon el calor del verano.
Se vienen los camiones
Casi una escapatoria parece el regreso de Kirchner al aparato del PJ esta semana, luego de haberenlodado referentes, sean gobernadores, ministros o intendentes por el último fracaso electoral.Con quienes, claro, volverá a convivir en dulce himeneo. Junto a Hugo Moyano, quien introducirá aNéstor en la sociedad peronista –ya cobró el peaje con la designación de su propio abogado enel APE– para que todos recuerden a quién se le debe tributo, aunque al ex mandatario a vecesle repugne otorgarles ese tributo. Sea por esta actitud o porque cada uno juega su partido, Moyanoprepara actos públicos y mantiene otros en secretos. Por la difusión, para diciembre, ensaya unaconvocatoria en Velez para celebrar el engrandecimiento sin límites del gremio camionero (avaladopor un decreto de Fernando de la Rua, aunque ésa es otra historia) y, de paso, insistir con unapostulación como posible gobernador bonaerense: deberá constituir más guardias de corps paraobligar a que lo respalden libremente en los comicios, o tal vez suponga que la forzada facilidadpara doblegar a los supermercados o a los distribuidores de Clarín es extensible a la voluntad delvotante. No se sabe si, a su lado, en esa jornada lo acompañarán los Pérsico y los D’Elía,esas incorporaciones nuevas a la CGT moyanista que por el momento no puede exhibir ni siquiera enfotografías.
Los Kirchner conocen y avalan estas apariciones públicas. Disfrutan, inclusive, cuando Moyanohace chistes aviesos, como el que le endosa a Luis Barrionuevo, su rival en el movimiento obrero.Debido a que Barrionuevo sufrió la borocotización de uno de los suyos, de apellido Frutos, a ésteahora lo llaman “arándano” por el precio que le costó al dirigente gastronómico. Perotambién hay otro mundo, más secreto y menos risueño, que preocupa al santacruceño. Tanto a él comoa su mujer, al margen de las bromas, ¿les agrada que Moyano también irrumpa en sectores no aliadoscomo la Iglesia, dialogue tres horas, se confiese y comulgue con el cardenal Jorge Bergoglio? Y sino cumplió con esos rituales religiosos en la reunión, aún es peor la noticia para el matrimoniopor estos devaneos del camionero. ¿O no sabe él que en la Casa Rosada el jefe religioso de loscatólicos es considerado como el más endemoniado de sus adversarios? O, quizás, Bergoglio debasospechar que Moyano se le presentó en la entrevista como enviado de la pareja, como un mensajerode paz y amor, un rol que no le sienta. Díficil saber los entresijos por la naturaleza reservadadel encuentro, pero esos movimientos excitan el celo kirchnerista, implacable con los débiles quedesprecia Dios. Como el secretario general de un gremio que habilitó, en su ingenuidad, unanfiteatro para que disertara Duhalde, ese mínimo gesto significó que Julio De Vido –elhabitual ejecutor de Néstor para ciertos castigos– le negara el aumento ya concedido alsindicato, a menos, claro, que ese secretario general presentara su renuncia al cargo.
Algunos interrogantes
Le amargan a Néstor estas novedades de Moyano, justo en días cuando su dieta y cronologíafisiológica parecieron algo alteradas, más complicación para un hombre de cuidados extremos para elfuncionamiento orgánico: podrá salir de su casa sin limpiarse los dientes de porcelana marca Cechi,pero jamás sin cumplir con ciertas necesidades inherentes al cuerpo y a verificar en el baño. Deesas traiciones menores tampoco hablará, igual que se prescinde del fenómeno callejero de protestatan inflamado para los ciudadanos, más bien induce a que Randazzo distraiga con la reformapolítica, ese juguete rabioso que tal vez pueda morder al dueño. ¿Tiene garantías de que en el PJcompetirán, para el bien de su negocio, media docena de candidatos? ¿Hay una póliza de dispersión,sea persuadida o paga, para que él emerja como candidato? Otras preguntas: ¿hay previsiones paraque la obligatoriedad del sufragio no se vuelva en catarata contra sus intereses, de que loscontingentes en tropel vayan a votar en su contra? O, lo más grave en términos institucionales parasu mujer: si las internas ofrecen un resultado estrepitoso para el Gobierno, la fecha nunca puedeestar lejos de la elección general, pues sus continuidad sería irrelevante. El peligro de este tipode convocatoria es que, en rigor, en ocasiones pueden significar la verdadera elecciónpresidencial. Por estas dudas, más de uno ha empezado a desconfiar del talento político de Néstor,aunque le admitan una iniciativa jamás igualada por otros contendientes. Pero esta cualidad nosuple la improvisación en la cocina: finalmente, fue sólo Kirchner quien decidió el adelantamientode las últimas elecciones, fue sólo él quien diseñó las candidaturas testimoniales, y esosportentos contribuyeron al fracaso oficial, permitieron el triunfo de Francisco de Narváez, unadvenedizo ante el profesional, como se autocalifica Néstor, un empresario que a pesar de esaextraordinaria victoria hoy apenas si recluta un colaborador fiel a su lado, ingratitud típica puesgracias a colgarse de su nombre, ingresarán en diciembre con sueldo pago multitud de legisladores yediles. Ese vacío y soledad hoy de De Narváez hacen aún más calamitosa la última performance deKirchner.
No se arreda la pareja y ensaya esa doble línea de no olvidar ni perdonar a los enemigos (casoClarín y otros medios o periodistas) y mostrar, como ejercicio, cierta apertura y pluralidad: seapor concederles oídos a economistas de otro cuño, allanarse al canje que juraba sepultar, fingirque el INDEC es otro por el llamado a un consejo asesor o el propio Néstor hace decir que enDiputados, cuando asuma, se dedicará a controlar una suerte de grupos asesores que colaboren condistintas áreas de gobierno. Es decir, que no sólo mandará en Economía y Política, sino tambiénconvocará a hombres para analizar otros ministerios. Como, en alguna medida, le susurraron que sehacía en tiempos de la renovación, cuando había equipos de apoyo y hasta de alternativa. En estapráctica desde el Congreso, se ufanan jóvenes de La Cámpora, Néstor instrumenta una política deizquierda con oriundos de la derecha (como le atribuían, al revés, a Jacobo Timerman, señalando queproducía un diario de derecha como La Opinión con periodistas de izquierda). Y, si sonimprescindibles las pruebas, enumeran los originarios de la UCeDé que alternan y se someten almatrimonio: Boudou, Etchegaray, Bosio (de alta vara en el Gobierno, hachero de figuritas comoDeborah Gorgi, más altanero que ciertos kirchneristas), Durañona y Vedia hijo, también unacolección de asistentes provenientes de la misma línea.
Sopapos finales
Otros no creen en esta variante, suponen que el temor financiero y la realidad de los números ledemuestran a la pareja oficial que el camino de la estabilidad es la lógica de los mercados. Vayauno a saber lo que piensa el dúo, ajeno a lo que ocurre en la calle porque se traslada enhelicópteros, herido porque no la controlan con las instituciones ni con tanto dinero dilapidado enorganizaciones sociales, provocando dudas, idas y vueltas y hasta conflictos en sectores que noencuentran su destino. Como los dos jerarcas empresarios que, en la puerta del Sheraton, la semanapasada, discutiendo sobre el daño de los Kirchner al país, sobre la utilidad de acompañar alGobierno o no, pasaron de los agravios a los empellones, se cruzaron algún sopapo y, si no fuerapor el árbitro pacífico que medió, Ignacio de Mendiguren, alguno de los dos habría caído al suelomás por el sopor y el infarto que por alguna trompada. Los nombres, preguntarle a De Mendiguren; esposible que lo niegue, del mismo modo que devaluará el episodio, como suele ser su costumbre.




