Si hoy el planeta vive una crisis histórica, que determinará cambios profundos en el sistemamundial, la Argentina no podría estar al margen de ella. Hay, en nuestro caso, un factor adicionaly significativo: la crisis argentina se inicia antes que el cataclismo mundial y tiene causaspropias, motorizadas principalmente por el estilo y la orientación del Gobierno del matrimonioKirchner.
Ese estilo y esa orientación siguen teniendo como signos de identidad el aislamiento del país enel mundo, y del propio Gobierno en relación con los ciudadanos y la confrontación con todos lossectores sociales e instituciones de la Nación y que no parece tener otro límite que elaplastamiento del interlocutor, considerado como un enemigo.
En lo internacional el Gobierno del matrimonio Kirchner ha sido una verdadera máquina de crearconflictos. Estamos peleados con casi todo el mundo. En lo interno, se ha desacoplado de la granmayoría de los argentinos y está cosechando hoy lo que sembró con su gestión: se dedicó a extremarla confrontación política y social a tal punto que parece decidido a transformar nuestro país en laVenezuela de Chávez. Es impotente para conservar el orden y la seguridad. El delito y elnarcotráfico se adueñan de las calles en todas las ciudades argentinas y especialmente en elconurbano bonaerense. Esto sucede ante la absoluta pasividad de las autoridades responsables, que,en vez de enfrentar a la delincuencia, hostigan y degradan a las fuerzas de seguridad.
A todo ello se suma la corrupción. El Caso Skanska, los gigantescos sobreprecios en las obraspúblicas, el escándalo de la bolsa descubierta en el baño de la ex ministra de Economía, la valijarepleta de dólares interceptada en el Aeroparque son apenas algunos episodios. Dije, repito y mehago cargo de las consecuencias: éste es el Gobierno más corrupto de toda la historiaargentina.
La reciente iniciativa oficial de promover el adelantamiento de la convocatoria electoral es unanueva y acabada demostración del absoluto desprecio que este Gobierno tiene por las institucionesde la República. La intención de modificar arbitrariamente las reglas de juego y de ajustar lasleyes vigentes a sus necesidades proselitistas es un nuevo atentado contra la vigencia del sistemademocrático de parte de los Kirchner, pero hay otro dato relevante: el gesto políticamentedesesperado del Gobierno notifica a los argentinos de que no se siente en condiciones de conducirel país hasta octubre sin la certeza de sufrir una tremenda paliza electoral, que será la justarespuesta de nuestro pueblo a la absoluta incapacidad gubernamental para responder a los gravísimosproblemas que afronta la Argentina y que nos acerca peligrosamente cada vez más a una nueva crisisde gobernabilidad.
El crecimiento de la pobreza y la indigencia, las medidas que asfixian a la producción agraria ya toda la Argentina interior y la inoperancia de los Kirchner para gobernar colocan al país alborde de un estallido social, de esa alteración de la paz que la Iglesia ha mencionado con alarma.A eso se suma la inseguridad, que el Gobierno niega en lugar de enfrentarla declarando laemergencia, como han hecho con energía y prudencia Brasil, Colombia o México, que llamaron a lasFuerzas Armadas para que custodiaran las calles, persiguieran a las bandas criminales y saturaranlas zonas más conflictivas. Este Gobierno se ha dedicado irresponsablemente a erosionar valores einstituciones y hoy no se encuentra en situación de apelar a todos los instrumentos de orden conlos que debe contar el Estado.
Hoy más que nunca, enfrentados al desafío de una crisis de grandes proporciones que requieredecisión y lucidez, el país necesita gobernabilidad y unión, no desorden y confrontación estéril.Es preciso trabajar con la mira en la reconciliación nacional. Hay que terminar para siempre con laagresión y la difamación permanente contra los adversarios políticos y el ataque sistemático a lasinstituciones fundamentales y fundacionales de la Nación, como son la Iglesia Católica y lasFuerzas Armadas. No se puede gobernar un país mirando permanentemente hacia atrás, manejando con elespejo retrovisor.
Hoy los argentinos no tienen la misma agenda que el Gobierno, que sólo parece preocupado por loscomicios legislativos. Hoy los argentinos quieren vivir en paz. Hay que cambiar en forma urgentelas leyes para que haya seguridad para todos los argentinos. Y hay que resolver de una buena vez elconflicto con el campo y la Argentina interior, escuchando el reclamo de los pueblos y losproductores. Los Kirchner no quieren hacerse cargo de esa agenda; más bien al contrario, en lugarde asumirla y resolverla, usan su poder como un obstáculo.
*Senador por La Rioja. Ex presidente de la República.




