•DEBATE ABIERTO

El mundo que se viene

Vivimos una época que ha conocido dos enormes crisis planetarias. En el año 1989 se derrumba una concepción del Estado y de la sociedad. Veinte años después, cae el mercado financiero. Sobre el sentido que acarrea esta última crisis todo está por decirse, y lo que se dice no deja de terminar en puntos suspensivos.

El mundo que se viene
22-08-2026 | 22:45

Vivimos una época que ha conocido dos enormes crisis planetarias. En el año 1989 se derrumba unaconcepción del Estado y de la sociedad. Veinte años después, cae el mercado financiero. Sobre elsentido que acarrea esta última crisis todo está por decirse, y lo que se dice no deja de terminaren puntos suspensivos.

Con la caída del Muro hubo quienes lo vieron como el inicio de su integración al universo de lademocracia. Muchos que habían apoyado a dictaduras criminales, los que estuvieron del lado dequienes alentaron invasiones a países que no respondieran a los intereses de las grandescorporaciones, y a favor de la acción de infiltración para derrocar a gobiernos populares, sesintieron en condiciones de abandonar sus cruzadas en defensa de Occidente. La Guerra Fría habíaterminado con el reconocimiento del fracaso de uno de los sistemas.

Ya no tenía sentido justificar por cualquier medio la defensa de los valores del individuo y dela libertad. El peligro comunista desaparecía. Fue el momento en que el anuncio del fin de lahistoria se ponía de moda.

Durante casi dos décadas, un discurso calificado como “único” tuvo la hegemonía enlas cuestiones económicas. La tercera vía se presentó en escena para proponer reflexionar sobre unnuevo modelo dado el fracaso de las políticas neoliberales y de una socialdemocracia basada en unEstado de Bienestar ya insostenible.

Después del ’89 el socialismo pretendió adaptarse a la globalización y a los cambios en latecnología, con un discurso que rescatara sus principios morales y sociales, y que fuera funcionala un mundo en expansión ilimitada y transformación continua.

La política de Bush dejó totalmente de lado las tibias aspiraciones de la tercera vía y aceleróla dinámica de los mercados desregulados.

Nadie previó el derrumbe del ’89 y menos aún el de 2008. Por supuesto que había señales dealarma, siempre las hay en el mundo de la interpretación infinita. Pero los visionarios de lo quevendrá, y efectivamente ocurrió, se perdieron en la muchedumbre de otros visionarios versados en unsaber conjetural que no es una ciencia basada en predicciones ni en certezas demostradas.

La crisis de las hipotecas es la crisis de un paradigma crediticio y de una política financiera.El mundo creció durante años a tasas difícilmente homologables. La economía norteamericana acelerósu dinamismo y creó un estímulo tras otro para que todos se endeudaran y canalizó los flujos decapital hacia el mercado inmobiliario y la compra de acciones.

Estableció una tasa de interés mínima que abarató el crédito y fomentó la inversión hacia fondosespeculativos. Los EE.UU. asociaron su política a la de China, y solventaron su déficit crecientecon capitales de todo el mundo y la compra de sus bonos federales. China producía y losnorteamericanos consumían, y la economía que concentra la cuarta parte de la riqueza mundial, juntoa su asociado asiático en impresionante crecimiento, ponía en movimiento al resto del planeta.

El 30 de abril de este año, se reunieron en el Museo Metropolitano de Nueva York economistas derenombre, a propósito de un simposio de economía organizado por la New York Review. Fueronconvocados Paul Krugman, George Soros, Jeff Madrick y Niall Ferguson, entre otros.

Ninguno de ellos se muestra optimista. Las soluciones que proponen desde perspectivas distintasestán llenas de dudas. Admiten su desorientación. La palabra “apalancamiento”(leverage) es usada varias veces para describir un funcionamiento financiero a base de deuda futuraque, según reconocen, produjo mucho daño.

No se ponen de acuerdo acerca de cuánto keynesianismo está en juego. Recuerdan que Keynesescribió su texto de referencia general en 1936, siete años después del desencadenamiento de lacrisis. Ven en el gobierno de Obama una acción a dos puntas. Una es la inyección de ingentescantidades de dinero con el fin de restablecer el crédito para que la recuperación no sea tan lentay los efectos tan devastadores como los de la crisis del ’29. No consideran ajena a la mismael acceso al poder de los gobiernos fascistas y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Ningunoquiere siquiera pensar que la crisis actual pueda dar lugar a nuevas formas de autoritarismo y aconflictos mundiales.

Por otro lado, el gobierno de Obama estimula una política de grandes inversiones. Con lamonetización forzada de la economía vía emisión y la asunción de obras de infraestructura por elEstado, más el salvataje de corporaciones financieras e industriales, el déficit de los EE.UU. estácerca del 17% de su PBI.

Los economistas convocados hablan de trillones y billones destinados a un mercado paralizado.Las acciones bursátiles no valen nada, y los recuperos se deben a maniobras especulativas de cortoalcance. El estímulo a la demanda no parece funcionar. Es normal que en una época como ésta losindividuos teman al crédito y se inclinen por el ahorro. El mañana es temible.

Los inversores tampoco quieren arriesgar y no van más allá de pretender recuperar su capacidadinstalada. El Estado se dispone a asumir por el momento el rol que los privados deberían cumplir.No deja de disiparse el fantasma de la deflación de precios, y una posterior estanflación.

Soros insiste en que los mercados financieros deben estar regulados. Ferguson no cree en laspolíticas de estatización ni en que la conducción de la economía deba estar en manos del Estado.Para él, la salida de la crisis depende de los avances tecnológicos y del incremento de laproductividad que históricamente, sostiene, es impulsado por los capitales privados.

Krugman cree que el Estado debe cumplir un rol activo y tomar la iniciativa de la inversión sintemerle en exceso al gasto. Pero reconoce que el público norteamericano sólo volverá a gastar si elgobierno le despierta confianza.

La emisión de deuda futura, y el uso de los dineros públicos para incentivar un mercado detrabajo deteriorado por el aumento de la desocupación y para compensar la desfinanciación de lasfuerzas productivas tendrá efectos positivos si los ciudadanos norteamericanos confían en laeficiencia y la honestidad de su gobierno.

Krugman estima que Obama es el que está en las mejores condiciones para concitar talcredibilidad. Pero la bruma no se disipa.

Ante una realidad así, los agoreros del fin del capitalismo sienten que llegó su hora. Aún no sesabe muy bien para qué. Hay proyecciones de todo tipo. Utopías de “lo pequeño eshermoso”, de la fundación de una sociedad basada en la vida simple y solidaria de pueblos conespíritu cooperativo, la celebración de la nueva unión del Estado con los pueblos largamentedesplazados por la ilimitada codicia del capital, la voluntad de poner la piedra basal de un nuevomodelo de sociedad que resulte de necesarias mutaciones culturales y, además, el deseo de un cambiodrástico de una civilización que erró su camino hace siglos; todo indica que ésta es una épocafértil para los anunciantes de una nueva aurora.


*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

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