•la crisis no se detiene

El nuevo ajuste europeo: viejo déjà vu

El neoliberalismo vuelve a escena en Europa. El achique del Estado y las sospechosas recetas de siempre. Jubilados y estudiantes en las calles: fin del Estado de Bienestar.

El nuevo ajuste europeo: viejo déjà vu
24-08-2026 | 18:56

La vicepresidenta y ministra de Economía y Hacienda española, Elena Salgado, sobreviviente de lasexta intervención quirúrgica en el gabinete que acaba de practicar José Luis Rodríguez Zapatero,supo decir en Bruselas hace algún tiempo que es de suma importancia que los gobiernos europeosdemuestren capacidad para consolidar las finanzas públicas, recuperando así la confianza de losmercados, cuya situación sigue siendo frágil. Dos objetos de culto neoconservador que habían dadoun discreto paso al anonimato desde la crisis de 2008, el “mercado” y el“ajuste”, volvieron a las primeras planas.

Todavía no se ha apagado el eco de las palabras pronunciadas por Barack Obama el 27 de enero de2010, en ocasión de brindar su primer discurso del Estado de la Unión: “Para estosestadounidenses, y para muchos otros, el cambio no se ha producido con la suficiente rapidez.Algunos se sienten frustrados; algunos están indignados. No entienden por qué parece que la malaconducta en Wall Street se ve recompensada y el trabajo esforzado en la vida corriente,no”.

Como en aquellas películas de guerra del siglo pasado, en las que el mapa de Europa se teñía conuna lámina traslúcida roja de izquierda a derecha o viceversa, según los carros de asalto seabalanzaran sobre Occidente u Oriente, los programas de ajuste se abatieron sobre distintaseconomías, proyectando las sombras de un ocaso que, por ahora, no aparece en las fotos.

El Reino Unido decidió recortar el gasto público en 91 mil millones de euros, de los que 20 milmillones mutilan las políticas de bienestar social; es el mayor ajuste desde la Segunda GuerraMundial. La reforma al sistema de pensiones por la que batalla el gobierno de Nicolas Sarkozy lo haobligado a mostrarse más resuelto que lo que aconsejan los médicos del estrés frente a ladisconformidad de sus compatriotas, mientras Francia se prepara para asumir promediando noviembrela presidencia del G20. Por trances semejantes pasan las autoridades de Portugal, Italia, Grecia,Alemania e Irlanda.

Para que el análisis no naufrague en el lecho superficial del exterior de las cosas, esnecesario sumar algunos elementos más. Olli Rehn, el comisario europeo de Asuntos Económicos,declaró que “recientemente, varios Estados miembros de la Unión Europea, como España yPortugal, han presentado medidas significativas de consolidación fiscal”. Sin embargo, dadoque demasiado siempre es demasiado poco, el comisario recordó que, en su opinión, todo ello debe iracompañado de “reformas estructurales” ambiciosas. Otro objeto de culto que saltagraciosamente al escenario desde bambalinas.

Como se sabe sobradamente por estas tierras, el blend entre mercados de capitales, ajustes yreformas estructurales produce una bebida que emborracha de felicidad a los actores financieros,pero primero deben tragar los sectores más vulnerables.

El Instituto de Estudios Fiscales, posiblemente el más importante centro de pensamientoeconómico de Gran Bretaña, ha establecido que los grandes perdedores de los planes de recorteanunciados serán las familias con hijos. Luego de calificar de “regresivo” al paquetede medidas, sostuvo que golpeará con severidad mucho más a las familias pobres que a las ricas.

El fervoroso Ollie Rehn asegura que si en los próximos cinco años la Unión Europea lograintroducir este tipo de medidas, el bloque tiene potencial para crecer en la próxima década a unamedia por encima del 2 por ciento al año. “Esto podría crear más de diez millones de empleosy reducir el paro hasta alrededor del 3% a mediados de la década”, aseguró.

Tal vez, pero hay que señalar que quienes tienen la mala costumbre de ser pobres, por lo generaltambién andan escasos de tiempo para esperar hasta satisfacer las necesidades básicas. Infatigable–y para que nadie diga que no avisó– Rehn pontifica que sin ajustes y sin reformas,Europa sería incapaz de superar un crecimiento del 1,5% y el desempleo se mantendría en torno al 7u 8%. A más corto plazo, el comisario pone el acento sobre las turbulencias en los mercados de ladeuda soberana. Ni falta que hacía que lo recordara.

Mientras tanto, decenas de miles de manifestantes recorren Bruselas en contra de las medidas deajuste. Esta semana, los sindicatos franceses reunidos en París y aguijoneados por el éxito de lajornada de protesta del martes, que puso en las calles a tres millones y medio de personas,convocaron a dos paros más, llamando a los franceses a mantener vivo el espíritu. Uno de ellos seha fijado para el jueves 28 de octubre; el segundo, para el sábado 6 de noviembre.

A las medidas las aconsejan los organismos técnicos multilaterales, pero las ejecutan lospolíticos; siempre es más fácil lamer el cactus si la lengua es ajena. La alianza“Con-Lib” que gobierna el Reino Unido, conformada por el conservador David Cameron ypor el liberal demócrata Nick Clegg, está convencida de que el éxito espera detrás del ajuste.Viejos zorros de la política inglesa, como por ejemplo, Lord Michael Heseltine, creen que losrecortes de gasto público harán al gobierno muy impopular y que el matrimonio terminará en undivorcio de las proporciones del de los Roses.

Esta columna informó que los programas de déficit fiscal y de deuda pública adoptadosinicialmente para conservar el Estado de Bienestar desde la cuna a la tumba eran catalogados como“locura” por los sectores alineados con el capital financiero. El Banco Central deEuropa –considerado el más autónomo del mundo– presionó en su momento a Atenas para queadoptara un rígido plan de austeridad. Jean-Claude Trichet, su presidente, informó que “nosolamente Grecia, sino también otros países, por supuesto, deben hacer todo lo posible para ponersus finanzas nacionales en orden”. El vuelto no tardó en llegar, los bancos en cobrar y losincentivos están siendo reemplazados por la estrechez; es que detrás de toda Carta Orgánica de unBanco Central vive siempre una determinada escuela, y detrás de esa escuela, intereses nonecesariamente académicos.

En un artículo admirablemente escrito por el bilbaíno Francisco G. Basterra, se consigna queGeorge Osborne (canciller del Exchequer, ministro de Hacienda británico), expresó: “Si lagente piensa que vivir de los beneficios sociales es un estilo de vida, debemos hacer que se lopiensen dos veces”. Nos había quedado claro.

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