| ALLA ESTUVISTE. Isabel Ferutti, quien también estuvo en el mismo ex centro dedetención clandestina que el director de PERFIL, señala cada uno de los lugares que compartieron.. |
Anteayer, por primera vez en la historia de este diario, llamé al jefe de Redacción para decirleque no podía escribir la contratapa (de la edición del sábado); que empezaba un tema y loabandonaba, porque no me gustaba lo que salía. Comenzaba con otro, y lo mismo. Mi desconcentraciónera un síntoma. Al día siguiente –ayer– vencía el plazo para escribir sobre mi visitaal ex centro clandestino de detención El Olimpo, donde estuve detenido durante la última dictadura.Ya habían pasado tres días desde la visita y, como tantas otras veces con el mismo tema, lo dejéencapsulado en algún lugar de mi mente, sin pensar en él hasta que no me quedara otra alternativaque hacerlo.
Estuve allí el pasado martes 6 de enero, el mismo día que se cumplían los 30 años de midetención, que fue en la madrugada de Reyes de 1979. El 8 de enero de 1979, mis padres presentaronel hábeas corpus en el Juzgado Federal Nº 1, al día siguiente publicó la noticia el diario TheBuenos Aires Herald, y al siguiente se hicieron eco varios diarios de todo el mundo. Eso me salvóla vida, pero no me evitó la experiencia, que traté siempre de olvidar a pesar de que me laevocaran algunos pequeños rastros psicológicos, como estar pendiente de los espejos retrovisores delos autos.
Pero al entrar al Olimpo, los recuerdos renacen. Digo: “Yo escuchaba siempre una músicalitoraleña de una radio que tenía encendida un guardia con acento correntino”. “Claro,era el guardia al que le decíamos el Paraguayo”, me responde Isabel Ferruti (conmigo en lafoto que ilustra esta columna), miembro de la mesa de trabajo y consenso del ex Olimpo, tambiéndetenida allí en la fecha que yo estuve, y miembro del proyecto de recuperación del ex Olimpo AreaEducación, quien solidariamente me acompañó en el recorrido. “Le decíamos Paraguayo–concluye– por la música, pero se trataba de un gendarme correntino”.
“Recuerdo también –agrego yo– un calor abrasador, algo similar al de hoy(la máxima este martes fue de 36º), pero mucho más fuerte a pesar de que estaba desnudo.” EIsabel agrega: “Era un horno en verano y una heladera en invierno, por los techos de chapaque estaban por arriba de todo lo construido. Al principio, para aumentar la sensación de vejación,todos estábamos desnudos, pero luego, cuando pasabas del área de incomunicados, donde vosestuviste, a la normal, ahí ya nos dejaban vestir ropa y conversar entre nosotros”.
“Yo creo haber estado solo en el área de incomunicados, y (viendo el plano) de lascinco celdas, ocupaba esta del medio porque las paredes, todas de cemento, comenzaban dondeterminaba el camastro, también de cemento, salvo donde estaba la puerta, que quedaba apenas elespacio para que pudiera abrirse. Y sólo escuchaba gritos cuando me llevaban al baño que quedabaaquí, pegado a la sala de interrogatorio y tortura.”
“En enero de 1979 –me dice Isabel– quedábamos alrededor de cuarentadetenidos, dos por celda ocupando los dos camastros, pero cuando hubo más detenidos alguno dormíaen el piso.”
“Pero mi celda tenía un solo camastro”, e Isabel confirma: “Las deincomunicados sí tenían un solo camastro por celda”.
“También recuerdo –dije– que una vez me llevaron a bañarme de noche y unavez que cerraron la puerta del lugar donde me trasladaron me saqué la capucha y era una gran salade baño, para decenas de personas, con el techo lleno de caños con agujeros por donde salíaagua”. “Claro –dice Isabel–, era acá (muestra en el mapa) donde nos bañarona todos: a los incomunicados los llevaban de noche mientras los demás dormían”.
“Estando en la celda –le cuento–, y cuando no sentía ruido, me levantaba lacapucha para mirar por el pequeño agujero que hacía de mirilla en la puerta toda compacta dehierro. Lo único que veía era, frente a las celdas, unas muy altas ventanas que remataban en formade arco con un semicírculo superior por donde entraba la luz”. Mientras estábamosrecorriendo, Isabel abre una puerta que comunica con lo que fue el sector incomunicados y dice:“Ahí tenés las ventanas que mirabas, tapiadas con material hasta el semicírculosuperior”. A lo que respondo: “Cuando las veía desde la mirilla de mi celda me parecíanenormes, proporcionalmente gigantescas y ahora que las veo desde otra perspectiva emocional, siguensiendo grandes, pero me parecen mucho más chicas”. E Isabel, mucho más experta que yo en eltema porque antes de El Olimpo había estado detenida ilegalmente en el centro clandestino dedetención El Banco, me explica: “Todos veíamos todo más grande de lo que era porque nuestroyo estaba empequeñecido, ellos se preocupaban de hacernos sentir tan miserables y nuestra capacidadde autonomía era tan insignificante, que lo exterior resultaba engrandecido desde la posición quemirábamos”.
El caso de Isabel no fue una excepción. A El Olimpo, que se encuentra en la manzana queforman las calles Ramón Falcón, Lacarra, Fernández, Rafaela y Olivera, del barrio de Floresta,trasladaron a los últimos detenidos ilegales que quedaban cuando desmantelaron El Banco, enAutopista Richieri y Camino de Cintura, que previamente había recibido los detenidos de ClubAtlético, el centro clandestino de detención que funcionaba en la Avenida Paseo Colón entreCochabamba y Avenida San Juan, también desmantelado cuando se construyó la autopista 25 de Mayo.Hubo más de 520 centros de detención clandestina, y 46 de ellos en Buenos Aires
El Olimpo fue abierto el 16 de agosto de 1978 para ser el último centro clandestino dedetención de la Ciudad de Buenos Aires (a excepción de la marina que continuó con la ESMA activa) ycerró en enero de 1979. De los 40 detenidos que llegaron a su desmantelamiento, la mitad fueronliberados y el resto asesinados, uno de los métodos habituales de exterminio era llevarlos a laBase Aérea El Palomar, subirlos a aviones y luego los arrojaban al mar. Cuando a mí me detuvieron,yo tenía 23 años, muchos para un dirigente estudiantil pero muy pocos para un periodista que reciénhabía comenzado su carrera. Mis padres siempre recuerdan que un día les dije que si me hubieranhecho nacer dos años antes, hoy estaría en el fondo del mar como varios de mis colegas de mayoredad. En 1979, la práctica de los secuestros y alojamiento en campos de detención, tortura yextermino estaba siendo abandonada por la dictadura porque le era insustentable por la presión dela Comisión de Derechos Humanos de la ONU y la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, que visitóla Argentina en misión oficial en 1979, y la creciente resistencia interna.
El Olimpo fue construido para mantener simultáneamente 150 personas y se estima que pasaronpor él alrededor de mil quinientas. Para dar una idea de lo dificultoso que resultó reconstruir losrastros del ocultamiento, sólo hay identificados alrededor de ochenta asesinados y ochentaliberados, por ejemplo mi caso está registrado con el número 6.570 en la Comisión Nacional deDesaparición de Personas (Conadep).
Los grupos de tareas, así se autodenominaba el personal represivo, que actuaron en El Olimpoestaban integrados por miembros de Policía Federal (entre ellos el subcomisario Samuel Miara,apropiador de los mellizos Tolosa) y Bonaerense, Ejército, Servicio Penitenciario y Gendarmería,pero todos dependían del Primer Cuerpo de Ejército a cargo del general Guillermo Suárez Mason,apodado “el Carnicero del Olimpo”. Olimpo porque “era el lugar de losdioses”.
Originariamente, el lugar pertenecía a la División Automotores de la Policía Federal que lohabía utilizado como garaje de sus vehículos, décadas antes de la última dictadura. Por eso lapelícula más premiada sobre un ex centro clandestino de detención, se llamó Garaje Olimpo.Estrenada en 1999, obtuvo decenas de distinciones; entre ellas, los premios del Festival de Cannes,de Cartagena, de La Habana, de Huelva y de Santa Bárbara. Curiosamente, la dirigió un chileno:Marco Bechis, quien también estuvo detenido en un campo de concentración en su país.
Después de haber sido el garaje de los Ford Falcon verdes más grande del país, en 2004 NéstorKirchner traspasa el edificio del Ministerio de Interior al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires,la Policía Federal abandona el lugar el 8 de junio de 2005 y en noviembre de 2005 se abrió alpúblico.
Fue por entonces que pude visitar por primera vez El Olimpo, coincidiendo con pocos meses dediferencia con la primera condena a quienes estuvieron amparados por las leyes de Obediencia Debiday Punto Final; justamente al jefe de interrogatorios del Olimpo, el “Turco Julián”. Esavez me acompañó a recorrer El Olimpo la entonces subsecretaria de Derechos Humanos de la Ciudad deBuenos Aires, Susana Caride, quien al igual que Isabel Ferruti, había sido detenida a mediados de1978; estuvo en El Olimpo cuando yo pasé por él y tuvo la fortuna de integrar la lista de liberadasa fines de enero de 1979.
En esta visita me recibió también el actual subsecretario de Derechos Humanos, Helio Rebot,junto a otros funcionarios de su dependencia. E Isabel Ferutti estaba acompañada por Marcelo Lópezdel Proyecto de recuperación del ex Olimpo, Area Comunicación; Joan Manuel Portos del Proyecto derecuperación del ex Olimpo, Area Educación; y Ariel Korsin del Proyecto de recuperación del exOlimpo, Area Biblioteca; estos tres últimos de poco más de veinte años. Con todos ellos se generóespontáneamente una mesa redonda (ver segunda foto de la página siguiente) donde las diferenciasgeneracionales, entre quienes vivieron la dictadura y pueden colocar los hechos dentro de sucontexto y los más jóvenes, que tienen una visión caricaturizada de aquellos años, potenciada porla utilización política que se hace de su rememorización.
Traté de ampliar sus perspectivas con mi testimonio e, inicialmente, coseché incredulidad yresistencia a mi relato entre los más jóvenes. Espero que al final los gestos de mayor aprobaciónhayan sido sinceras expresiones de que el testimonio compartido fue útil.
Puse énfasis en contar cómo era aquella dictadura que yo cubrí como periodista y lo mediocresy hasta a veces estúpidas que me resultaron aquellas dirigencias militares. Usé el ejemplo de AnaArendt con su famosa descripción de la banalidad del mal cuando en 1963, le tocó cubrir el juicioEichmann en Jerusalén. Puse un ejemplo, mi estada en El Olimpo coincidió con el fin de la tensióncon Chile gracias a la mediación de Juan Pablo II y el cardenal Samoré, dije que en la sesiones detortura-aleccionamiento-catequesis a la que me sometían, continuamente se referían a la guerra conChile como algo necesario y criticaban a los “blandos” del Ejército por acceder a lapaz. Los “blandos” eran nada menos que los ex comandantes del Ejército y ex presidentesde facto Jorge Rafael Videla y Roberto Viola, y los duros eran precisamente el ex general SuárezMason, de quien dependía El Olimpo, su camarada del Tercer Cuerpo de Ejército, el ex generalLuciano Benjamín Menéndez y el oscilantemente peronista, comandante de la Armada, el ex almiranteEmilio Eduardo Massera quien había sido elegido por Juan Domingo Perón para conducir la Marina y,pocos días después de su muerte, puesto en el cargo por su esposa. Si no hubiera existido laexitosa mediación del Vaticano, la Argentina hubiera ido a la guerra con Chile con la mismaconfianza que fue a la de Malvinas y muy probablemente con el mismo resultado porque las fuerzasarmadas chilenas estaban mejor organizadas y Pinochet, un asesino aún más cínico, los superaba enestrategia y capacidad de mando como también se demostró en el terreno económico. Tan obcecada eraesa dirigencia, que al no poder hacer una guerra con Chile decidió hacerla contra Inglaterra eindirectamente contra toda la OTAN, la organización militar más poderosa del planeta, colocando alfrente nada menos que a un conductor probadamente borracho como el ex general Leopoldo Galtieri.
La economía es otro ejemplo: las dictaduras de Brasil, con su modelo más keynesiano, o lachilena, con su modelo neoliberal, cada una con su estilo, lograron que sus países no perdieran elrumbo del progreso, mientras que la Argentina ingresó en un período de decadencia sistémica.Asumiendo que los golpes militares en Latinoamérica fueron una política establecida por los EstadosUnidos para frenar la expansión del comunismo en la región, y los desaparecidos junto al PlanCóndor una herramienta copiada por el Pentágono a los franceses en Argelia para destruir laresistencia local, aún así no se puede dejar de mencionar que en Brasil y Chile se asesinó a muchomenos gente y la economía marchó mucho mejor que en la dictadura argentina. Como decía Napoleón:“Fue peor que un crimen, fue un error”.
En Brasil y Chile no se dieron casos de robo de bebés o disputas por botines de guerra de lossecuestrados, convirtiendo a las fuerzas de seguridad en una banda de delincuentes comunes donde laideología quedaba en un segundo plano. Nos cuesta reconocer que se trataba de un grupo de asesinosmediocres porque nos aleja del –un poco menos incómodo– lugar de víctimas de una malsuperior, sometidos sin alternativa por un poder diabólico. Hiere el humano mínimo narcisismo delos familiares de las principales y verdaderas víctimas, los asesinados por la represión, quesienten el doble dolor de que el asesino no sea alguien, aunque sea en el mal sentido,extraordinario, sino vulgar.
¿El equivalente a Firmenich de Chile habría quedado con vida en la dictadura de Pinochet? Ladictadura argentina fue brutal pero muy torpe, adelantando en su torpeza el deterioro dirigencialque también continuaría tras ellos. ¿Resulta lógico que la sala de torturas del sector deincomunicados de El Olimpo, el quirófano, diera contra la calle desde donde yo recuerdo escuchar elruido de los colectivos y donde se podían escuchar también los gritos de los torturados? Peor aún:¿resulta lógico que el principal centro clandestino de detención tortura y exterminio estuvieraemplazado en la Escuela de Mecánica de la Armada, el principal edificio de esa institución en lacapital del país? Antes de mi detención yo mismo escribí una columna descreyendo que pudiera haberun centro clandestino en plena Avenida del Libertador. El propio Hitler llevaba sus principalescampos de concentración y exterminio fuera de sus fronteras, en Polonia por ejemplo, lo que imitóBush con la prisión de Guantánamo, alejada de su territorio. Si la soberbia les hizo creer a losrepresores argentinos que cualquier acción, sin límite alguno, podía quedar impune, eran, además demalvados, unos necios.
Pero que los represores hayan sido burros no resta a nuestro recuerdo sino que le sumamatices porque, como dice el editorial de Memoria V, la publicación producida por el InstitutoEspacio para la Memoria, dedicado exclusivamente a El Olimpo: “Este lugar nos ha sido legadocomo nuestra sede por la muerte y la tortura de los que aquí sufrieron. Pero que esto no nosconvierta ni en héroes, ni en modelos. Aprovechemos estas circunstancias para establecer fecundascorrientes de comunicación en la tarea de promover el reconocimiento y ejercicio de los derechoselementales. Debemos investigar, promover, desarrollar, impulsar acciones que tiendan aperfeccionar el conocimiento de los derechos y obligaciones como personas y como ciudadanos,procurando evitar que nuestra acción favorezca introducir entre nosotros competencia entre líneaspolíticas”.
Lamentablemente, junto con lo mucho que hizo Néstor Kirchner en favor de quienes vieronatacados sus derechos humanos durante la última dictadura y sus familiares, que merece eternoreconocimiento, está la degradación de una causa que tendría que haberse mantenido como patrimoniode todos los partidos y la democracia en su conjunto, en una herramienta de uso político en favorde las conveniencias y los aliados del presente. La anulación de las leyes de Obediciencia Debida yPunto Final fue votada por todo el arco político y promovida por más legisladores del ARI de ElisaCarrió que de ninguna otra fuerza. Esto permitió que fueran encarcelados y juzgados además delcitado comisario Miara y el “Turco Julián”, Scifo Módica, alias “Alacrán”,quien increíblemente estaba al frente del Centro de Atención a la Víctima de la Policía Federal; elcomisario Raúl González, miembro de la banda de los comisarios, que secuestró –entrootros– a Mauricio Macri, Karina Werthein, Sergio Meller y Osvaldo Sivak; y el subprefectoJuan Carlos Avena, alias “Centeno”, quien tras El Olimpo fue director de la cárcel deEsquel y subdirector de la Unidad 16 de Caseros.
Resulta importante comprender también que las víctimas no fueron sólo militantes deMontoneros o la JP sino también radicales y hasta liberales, como es mi caso, que siempre memanifesté contra la guerrilla. Se podría decir que en la resistencia hicieron más los radicalescomo Alfonsín, presidente y primero fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos(APDH) junto a la doctora Alicia Moreau de Justo, Oscar Alende y Alfredo Bravo, que la JP oMontoneros porque en su mayoría estos últimos se encontraban muertos, detenidos, exiliados oescondidos. Y lo mismo sucedía con la prensa: los medios netamente combativos dejaron de editarsepor idénticas razones. La revista La Semana, predecesora de la revista Noticias, como otros medios,al defender derechos básicos de las personas, fue clausurada y previamente prohibida la circulaciónde seis ediciones.
En síntesis, ningún sector tiene el derecho de arrogarse el mérito de la recuperación de lademocracia, ni el de exhibirse como única víctima de la dictadura. Los juicios a las juntas de excomandantes y los actuales son el resultado del aporte de muchas personas que provienen de muchascorrientes políticas. Simplificar la historia e ideologizarla oscurece en lugar de aclarar elpanorama de la memoria.
En http://fon.gs/olimpo hay un testimonio audiovisual de la visita de Fontevecchia alOlimpo.





