El padre de los Glass

Esta noche estoy convencido de que todo ‘buen’ consejo literario es como los de Louis Bouilhet y Max Du Camp, que le impusieron Madame Bovary a Flaubert.

El padre de los Glass
24-08-2026 | 05:35

Esta noche estoy convencido de que todo ‘buen’ consejo literario es como los deLouis Bouilhet y Max Du Camp, que le impusieron Madame Bovary a Flaubert. Muy bien, así que entrelos dos, con su gusto exquisito, le hicieron escribir una obra maestra. Acabaron con la posibilidadde que alguna vez escribiera todo lo que tenía en el corazón. Murió como una celebridad, la únicacosa que no era.” La frase es de Seymour: An Introduction y corresponde a una carta queSeymour Glass, el más genial de una familia de genios, le escribe a su hermano Buddy.

No sé si J.D. Salinger murió o no como una celebridad. Aunque llevaba cuarenta y cinco años sinpublicar y treinta de no dar entrevistas, seguía siendo obligatorio en la escuela americana.Salinger hizo todo lo posible por atenuar su fama al impedir biografías, testimonios, secuelas yversiones cinematográficas, en particular de El cazador oculto. Hemos visto una infinidad de HoldenCaulfields en la pantalla, pero siempre con otro nombre. Con Herman Hesse, fue el gran escritor dela adolescencia en el siglo XX y Holden, angustiado y harto del mundo de los mayores, nos rondaincluso bajo las formas de Harry Potter o de Lisbeth Salander.

La relectura del libro (Salinger es cómodo, un fin de semana alcanza para toda la obra) meprodujo cierta desazón: lo encontré demasiado blando, pacato, condescendiente, virtuoso,neoyorquino de clase alta. Pero la saga de los Glass, que se despliega a lo largo de otros nueverelatos, más minoritaria y menos valorada, envejeció mejor. Repasemos. Después de una serie detrabajos de juventud, en 1948 Salinger publica A Perfect Day for Bananafish en The New Yorker, enel que se cuenta el suicidio de Seymour Glass. Pero el apellido del personaje no importa aún. Sigueun puñado de cuentos (con y sin Glass) que ratifica que el talento de Salinger es de primeracalidad, que puede escribir tan bien como Fitzgerald o Capote. Sigue luego The Catcher... y sucolosal éxito (la novela lleva vendidos 65 millones de ejemplares). Salinger está en la cima. Perodespués todo empieza a cambiar por su propia voluntad: se casa, se aísla en un pequeño pueblo y susnuevos relatos, además del toque zen que insinuaban los ya publicados, incluyen discusionesexplícitas de dos temas que acosan al autor. Uno es la religión, de la que tiene una visiónsincrética y cambiante y que atraviesa desde el cristianismo hasta distintas filosofías y prácticasorientales. Ya Teddy, un cuento muy sorprendente de 1953, tiene como protagonista a un vidente ysabio de diez años nacido en una familia idéntica a los Glass. El otro tema es la integridad delartista, la diferencia entre “los poetas y la gente que escribe poemas”, y laimprobable presencia de la belleza en el mundo del arte contemporáneo: “¿Has visto alguna vezuna puesta realmente bella de, por ejemplo, El jardín de los cerezos? No digas que sí. Nadie la havisto. Puedes haber visto producciones ‘inspiradas’, producciones‘competentes’, pero nunca algo bello”.

La familia Glass (en adelante, el tema exclusivo de la obra de Salinger), compuesta porpersonajes de una fuerza y una nitidez propias de una novela rusa, es el laboratorio para estasdisquisiciones y sus apabullantes paradojas: la contradicción entre el elitismo y la santidad,entre la genialidad de los personajes y su autoexigencia destructiva, la relación de amor-odio conel público. En estos textos, Salinger puede ser latoso, hasta santurrón, pero no hay nada parecidoen la literatura posterior, escindida definitivamente entre autoayuda, entretenimiento y arte alto.Salinger se negó a ser una estrella y un falso profeta. Murió sin conceder otra obra maestra que nolo conformara. Dicen que siguió escribiendo y tal vez sepamos algún día qué más les sucede a losprodigiosos hermanos Glass.

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