El pasado que vuelve

Una gripe me tiene a mal traer desde hace varios días. Es común en esos casos que las lecturas (una de las pocas actividades que no requieren un gran esfuerzo físico) se mezclen y adquieran un cierto tinte de pesadilla. Un día descubrí en la biblioteca un librito llamado La muerte del autor, de Gilbert Adair, cuya estructura es de por sí pesadillesca. Parece una autobiografía, pero cada vez que llega a la frase “Cuando ella me dijo lo que se proponía hacer, instintivamente miré el reloj”, el relato empieza de nuevo.

21-08-2026 | 15:44

Una gripe me tiene a mal traer desde hace varios días. Es común en esos casos que las lecturas(una de las pocas actividades que no requieren un gran esfuerzo físico) se mezclen y adquieran uncierto tinte de pesadilla. Un día descubrí en la biblioteca un librito llamado La muerte del autor,de Gilbert Adair, cuya estructura es de por sí pesadillesca. Parece una autobiografía, pero cadavez que llega a la frase “Cuando ella me dijo lo que se proponía hacer, instintivamente miréel reloj”, el relato empieza de nuevo. A duras penas pude entender que lo que estaba leyendoentre estornudos y dolor de cabeza era una ficción en clave basada en la figura de Paul de Man(1919-1983). De Man fue un académico belga que residió durante muchos años en los Estados Unidos yterminó enseñando en Yale con Jacques Derrida y Harold Bloom y a quien se recuerda por dos razonesopuestas. Por un lado, fue uno de los mayores críticos y teóricos modernos de la literatura, y susescritos son de una gran profundidad, de un enorme atractivo intelectual. La otra razón es muchomás oscura. Durante la ocupación alemana de su país natal, De Man escribió bajo un seudónimoartículos nazis para un diario nazi. Una de sus frases más violentas sostenía que la culturaoccidental perdería muy poco si los judíos eran recluidos en una isla y apartados de lacivilización. A diferencia de Céline o Pound, De Man escapó de su pasado y tuvo la oportunidad decambiar completamente de registro. No parece haber nada de la antigua ideología en su obra demadurez, aunque cuando el secreto se conoció después de su muerte, hubo quien afirmó que lospecados juveniles de De Man probaban que la deconstrucción era una teoría fascista.
Un caso como el de De Man plantea siempre un misterio: por qué lo hizo. Hay quien lee su obraposterior y sus ideas formalistas como un intento de escapar del pensamiento que lo había seducidoen su juventud. Es una hipótesis tan indemostrable como la explicación psicológica que intentaAdair: su personaje, Léopold Sfax, era simplemente joven y talentoso, quería triunfar en la vida yen ese momento era la mejor forma de acomodarse... ya vimos la película. En medio de la fiebre seme cruza otra novela basada en De Man, Imposturas de John Banville, que es un escritor obsesionadopor casos similares. El intocable, otra de sus novelas, está dedicada a Sir Anthony Blunt, elcrítico de arte británico que espiaba para los soviéticos. Alex Vader, el De Man de Banville, noresulta al final el autor de los artículos, sino alguien que asume una identidad falsa paracastigarse por pensar lo mismo que el periodista nazi. Sin que les corresponda esclarecer laverdad, ambos libros permiten sospechar que el juicio de la literatura puede ser más rico que el dela historia. Si De Man hubiera sido condenado durante la depuración belga, habría sido un réprobode tantos y nunca hubiera accedido a una carrera académica. Pero cuando ese juicio ha prescripto,se pueden imaginar otras dimensiones del asunto.
Entre las lecturas que van y vienen durante la gripe pasa Noticias de la noche, un bestseller del griego Petros Márkaris. Allí el héroe es un policía al que durante la dictadura militargriega le tocó asistir a los torturadores. Como no era el que picaneaba y tenía un costadohumanitario, con el tiempo se hizo amigo de una de las víctimas, un comunista que luego sería suinformante. Cuesta imaginar algo así en la literatura argentina: la novela de un torturador. Lo máscercano que he leído en esa dirección es Entre hombres, la gran novela de Germán Maggiori, dondelos personajes más simpáticos son dos desquiciados asesinos de la Bonaerense. Me cuesta encontrarun De Man nacional para un libro llamado El hombre que fue de miércoles. Pero más me cuesta pensarque alguien escriba sobre él sin lincharlo y sin ser linchado. Pero debe ser un efecto de lafiebre.

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