•EL CINE Y LAS PASIONES

El patriota

¿Por qué estaría más justificado el patriotismo en el caso de los deportes que en el arte? Ganar un partido de fútbol, una copa, la Libertadores o el Mundial produce en todos una algarabía sin límites.

El patriota
24-08-2026 | 06:13

Por qué estaría más justificado el patriotismo en el caso de los deportes que en el arte? Ganarun partido de fútbol, una copa, la Libertadores o el Mundial produce en todos una algarabía sinlímites. Aun en una casa, solo frente a un televisor, sin salir a la calle ni ir al Obelisco, losgritos de gol tienen la misma intensidad que en el tablón. Como lo decía aquella película: es lafiesta de todos.

¡Argentina! ¡Argentina! ¿Cuál es la razón por la que la venta del cuadro de un pintor argentinoen millones de dólares o un premio Asturias a un escritor o el Oscar a una película no despierta enmi caso personal el mismo fervor nacional?

Las explicaciones son pobres. Dicen que ganar en el fútbol es fundamental. Lo es gritar gol ydale campeón. En el arte no se le gana a nadie si no es a la adversidad, que no es lo mismo que unadversario. Salvo que se enmascare la normal adversidad con un adversario.

Ganarle a un equipo más poderoso, de mejor juego, con jugadores más talentosos, es un halago,una gran alegría. Por ejemplo, el triunfo de Argentina contra Brasil en el Mundial de Italia fue deese calibre. Todo el partido peloteados y Maradona se la pasa a Caniggia y boom. Nadie se deprimióporque no lo merecíamos.

Utilicé un plural. Escribí nosotros, no dije el equipo de Bilardo. Ese nosotros me falla en elarte. Nosotros no ganamos la nominación de El secreto de sus ojos, la ganó Campanella y su elenco.Ni siquiera “ellos”, los peruanos, ganaron la otra nominación por La teta asustada, lapelícula de Claudia Llosa. La tiene ella con su grupo. El día del Oscar me gustaría que ganara laperuana –no me funciona en este caso la libido del hincha– desde mi punto de vista, unahermosa película con una actriz conmovedora como Magali Solier.

Por lo que sé, no la han exhibido en nuestros cines. De haber sido argentina, con un guiónbasado en una historia del altiplano en la que se muestra la fuerza de las leyendas en la vida dealgunos personajes, posiblemente tampoco habría tenido gran repercusión salvo en festivales de cineindependiente. Lo que a nosotros nos gusta –uso el plural– es el cine de clase mediaurbana, esa famosa clase que la misma clase media dice aborrecer y que cree apropiarse de lo quellama cultura popular.

Cuando vi la película argentina me parecía que estaba bien. Si fuera el vicepresidente diría ensu particular lenguaje: me gustó no mucho. Al modo del típico cine que pretende gustar y hacerpensar, el guión necesitó para redondearse la entrega de un mensaje de esos que satisfacen a laclase media. La Triple A, la maldita Policía, los jueces corruptos, un crimen sexual, el impactonecesario para que al decir de los semiólogos, el “paratexto” –lo que se necesitapara asegurar la presencia del film en el mundo, su recepción y consumo, es decir el ámbitocomunicacional– esté en consonancia con la ideología cultural dominante articulada alrededorde esta musa nacional llamada Memoria.

Por supuesto que para lograrlo la película tiene que estar bien hecha. Y a mi entender, lo está.En especial por el lado de Darín, ya que no me sorprende como a muchos que Francella sea un buenactor. Lo ha demostrado en el grotesco televisivo salvo en las adaptaciones de series yanquis y porsu excelente labor en la mexicana Rudo y Cursi.

Los promotores de la película dicen que han sabido congeniar el buen cine con el gusto popular.Pasa con el arte popular lo mismo que con la literatura gauchesca, que evocando palabras de Borges,era una literatura de las elites urbanas que inventaron un idioma sobreimpreso sobre el gaucho, asícomo la cultura popular es la proyección de un puritanismo de clase media sobre el pueblo.

Esta forma de expresión no la vi en La teta asustada, en donde los personajes son gente depueblo que la directora no intentó completar con alusiones a Sendero Luminoso, a la escabrosidad deMontesinos más los desfalcos de Fujimori. No hizo falta.

La historia tenía la fuerza suficiente para defenderse sola.

Por mi flaca memoria cinematográfica, volví a ver la película rumana Cómo celebré el fin delmundo, una bella película sobre los últimos días de Ceaucescu, a través de la vida de una familia ylos personajes de una ciudad de provincia. Allí, están todos los ingredientes del nacionalismorumano, país en el que nací: su megalomanía, la búsqueda permanente del rumano famoso, laidentificación con los héroes de la patria, la fabricación de la leyenda nacional de un gran paísacorralado por enemigos eternos, la educación basada en gestas entonadas por himnos patrióticos,todo esto encarnado por el gran Ceaucescu y su gorro de piel.

Doroteea Petre, la actriz principal, se roba la película y deja la estela imaginada por eldirector Catalin Mitolescu de un pueblo que luego de adorar a su líder termina cantando: Olé OléOlé… Ceaucescu ya se fue…

En todas partes se cuecen habas. Claudia Llosa está contenta porque el mundo se enterará de queen el Perú se hace buen cine, al tiempo que señala que sólo la televisión peruana no ha compradolos derechos adquiridos del film en toda Latinoamérica. No puede evitar defenderse contra ciertascríticas recibidas que la acusan de haber degradado la vida indígena al mostrar a los pobladores deManchay –lugar en el que se desarrolla la historia– como gente torpe y huachafa, algoasí como de mal gusto.

Sigo la producción del cine nacional, me interesa, de las artes es de la que más cerca estoy. Nosólo del llamado cine experimental sino del cine comercial que tiene logros meritorios en películasrecientes como Un novio para mi mujer y Motivos para no enamorarse, con las divinas ValeriaBertucelli y Celeste Cid.

Así que, no se trata de comercial o no comercial o de arte o mercado o de otras polaridades deun arcón desvencijado. Me refiero a otra cosa. Hablo de no adular al público y de laautocomplacencia. De las películas que hizo Campanella me gustó El mismo amor, la misma lluvia, unahistoria de amor con Soledad Villamil y Ricardo Darín, sin mensajes a la diosa Memoria y sin elsentimentalismo deprimente de Luna de Avellaneda.

El filósofo francés Vicent Descombes, en uno de sus últimos libros, dice que la democracia nopuede sostenerse por sí misma. Este intelectual ilustrado, crítico de la posmodernidad y de supostulado del fin de los grandes relatos, cree que las sociedades necesitan reverenciar algo queesté por encima de ellas. Algo así como una misión, un destino, una nueva trascendencia que aún notiene nombre. La Holanda de siglo XVII, esa gran república de Vermeer, Rembrandt y Spinoza, sedecía heredera del pueblo hebreo elegido por Dios. Los cantos de Walt Whitman celebraban a lademocracia norteamericana como creadora del hombre del futuro.

Para muchos, así como la democracia, tampoco el cine puede sostenerse por sí mismo. La pasiónargentina que nos invoca un más allá es más deportiva. Pechito López, Messi, Campanella, Del Potro,Dios… digo Diego, en fin, son lo que se identifica como lo nuestro, entelequia plural de laque descreo como de toda trascendencia colectiva que puede conducir a la necedad y alfanatismo.


*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

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