El peine literario

“Abril es el mes más cruel” es quizás una de las frases más famosas de la poesía moderna, el comienzo de El entierro de los muertos en La tierra yerma de T. S. Eliot.

El peine literario
22-08-2026 | 12:21

Abril es el mes más cruel” es quizás una de las frases más famosas de la poesíamoderna, el comienzo de El entierro de los muertos en La tierra yerma de T. S. Eliot. Es curioso, ono tanto, pero es cruel porque las cosas –en la primavera boreal– vuelven a nacer:“Engendra/ lilas de la tierra muerta, mezcla/ recuerdo y deseo, despierta/ con lluviaprimaveral inertes raíces”. La primavera es fuente de melancolía, de tristeza incluso. A lainversa: “El invierno nos mantuvo al calor, cubriendo/ la tierra con nieve olvidadiza,nutriendo/ un algo de vida con tubérculos secos”. El rock también se ocupó de abril, porejemplo Prince en una balada con un estribillo tan profundo como éste: “Sometimes it snows inApril/ Sometimes I feel so bad, so bad/ Sometimes I wish life was never ending/ and all goodthings, they say, never last” (A veces nieva en abril/ A veces me siento tan mal, tan mal/ Aveces deseo que la vida fuera un nunca acabar/ Y todas las cosas buenas, dicen, nunca duran). Enfin, qué sentido tiene comparar rock con poesía. En todo caso para mí –que no soy Prince, yni siquiera Juanse, o al menos uno de los hijos de Spinetta– abril es el mes más cruel porlas razones inversas a las del poema: justamente porque termina el calor, empieza el otoño, el solcae temprano, hay que usar las zapatillas con medias. Avanzando con la confesión, debo agregar quepractico unos hábitos tan convencionales que me da vergüenza declararlos: suelo leer y escribir denoche, fumo cigarrillos negros franceses, ocasionalmente tomo un vaso de whisky. Cierta vez, cuandovivía en un departamento en la Avenida de Mayo, un amigo que vivía tres pisos más arriba,inesperadamente, tocó timbre en mi puerta a la madrugada. Al verme en una situación como la queacabo de confesar, me espetó una frase aún más cruel que el mes de abril: “¡Estás hecho unestereotipo de vos mismo!”.

Eso me trae a la cabeza un tema menor –pero no por eso menos interesante– que tocaal rock, pero también a la literatura y –por qué no– a todas las profesiones: la puestaen escena del yo en el espacio público, las formas de presentación de la personalidad, el estilopersonal (o su contracara, la impostura). De eso se trata, el libro de ensayos de Juan Villoroeditado recientemente por Anagrama, tiene pasajes deliciosos sobre estos temas. El primer ensayorelata su experiencia como profesor invitado en Yale. Villoro cuenta que, aprovechando ciertotiempo libre, decide concurrir al seminario sobre Shakespeare que en la misma universidad impartíaHarlold Bloom. Y, como primer comentario, anota: “Bloom llegaba al salón media hora antes deque se iniciara la clase. Los alumnos inscriptos se sentaban en torno a una mesa de roble, de unosveinte asientos. Los oyentes nos sentábamos en un círculo externo, las espaldas apoyadas en lapared de madera. El profesor parecía dedicar el tiempo de espera a despeinarse. Su pelo blancotenía el desorden de quien acaba de pasar por una tormenta de nieve”. La imagen delintelectual que se despeina a propósito me resulta absolutamente enternecedora (de igual modo quela descripción de Villoro me resulta una nota maestra en la tradición de la literatura sibilina).En Leer, Auden agrega algo en la misma dirección: “Nuestra apreciación de un escritorconsagrado nunca se limita a lo puramente estético”. Es decir que conocemos sus fotografías,sus sentencias políticas, las editoriales en las que publica, etc., etc., y de allí nos hacemos unaopinión general que influencia la lectura de sus textos. Pues, no podemos leer la obra de Bloom sindejar de tener en cuenta su rostro que sufre porque el Dios judío lo abandonó, la gran literaturamoderna murió, en el presente la trascendencia se evaporó, y encima el peine no lo peinó.

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