•DEL TRIUNFALISMO A LA HUMILLACION, SIN ESCALAS

El péndulo de Maradona

La pacífica muerte del enorme Raúl Alfonsín le dejó al país poco espacio para dolores menores, así que la insólita goleada en contra de la Selección frente a Bolivia provocó más perplejidad que desgarro. Lo que antes era certeza hoy es duda cruel; lo que antes fue amable indiferencia, hoy es un ejemplo para los tiempos. Así somos, compatriotas.

El péndulo de Maradona
22-08-2026 | 08:25

Al principio de la catástrofe y cuando ha terminado, se hace siempre algo de retórica.En el primer caso aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo, se ha recuperado. Es en elmismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad”
Albert Camus (1913-1960)

La pacífica muerte del enorme Raúl Alfonsín le dejó al país poco espacio para dolores menores,así que la insólita goleada en contra de la Selección frente a Bolivia provocó más perplejidad quedesgarro. Lo que antes era certeza hoy es duda cruel; lo que antes fue amable indiferencia, hoy esun ejemplo para los tiempos. Así somos, compatriotas. Rara vez resignamos el as que solemosesconder en la manga del saco para salvarnos si la mano viene torcida. Solo las emociones fuerteslogran deslizarnos hacia la suave pendiente de la unanimidad. Una victoria cegadora, una derrotaominosa; la muerte.
De muertes, milagros y resurrecciones sabe mucho el infinito Maradona, víctima y victimariode la devoción popular o el desencanto. “El péndulo vital de Maradona es así: de la tragediagriega a la más brillante comedia de Hollywood, sin escalas”, advertía esta columna pocodespués de los cuatro goles a Venezuela. “Por fin liberados de la feroz tiranía románica, nohabrá más freno para ellos. Y eso –es ley maradoniana–, será muy bueno... o muy malo.Lo sabremos pronto, más temprano que tarde”, agregaba después. Y lo supimos nomás, asfixiados–literalmente– por las excesivas alturas.
Esta vez su palabra divina no alcanzó para alimentar los secos pulmones de sus jugadores, quese arrastraron por la cancha sin alma, corazón ni fe. El primer sorprendido fue él, que llegó a LaPaz sin red, Plan B o un parche por las dudas. “Dios no reza”, dice un provocativograffiti que he visto en ciertas paredes de mi barrio. Dura lex.
El éxito poco y nada enseña sobre la entereza y el honor. La derrota, por el contrario, es unmáster. No fue la copa dorada que Maradona levantó en México sino su conmovedor llanto por la finalperdida contra Alemania lo que llevó a la escritora Alicia Dujovne Ortiz a escribir su fantásticolibro Maradona soy yo. Como tampoco fue el Alfonsín arrasador de 1983 el que más me llegó alcorazón. Ni siquiera el enjuiciador de los generales del Proceso, el audaz que le cambió eldiscurso a Reagan en Washington o aquel que trepó a un púlpito para refutar a un vicario castrense.Tampoco el indudable prócer de la última hora. No. El que más me emocionó fue el viejo militanteque en 1997 aceptó ir de candidato a diputado aunque iba a terminar tercero, lejos, detrás deGraciela Fernández Meijide, del Frepaso y Chiche Duhalde, del PJ.
Lo vi entonces, semanas antes de la creación de la Alianza. Fue en plena campaña nacional yhablando para a 5 mil personas en Villa Luján, un estadio tucumano donde suele hacerse boxeo,agitando los brazos sobre una modesta tarima, lejos del brillo mediático y la pompa. Ni siquieracerró el acto porque, aunque suene absurdo, ese lugar de privilegio fue reservado para el entoncespresidente de la UCR, Rodolfo Terragno. A ése Alfonsín sí lo sentí inalcanzable en su dignidad.Inmenso.
Maradona, históricamente, se ha obligado a no concebir la derrota. Tan convencido fue a laPaz, que dejó afuera del banco a algunos soldados sin glamour que podían haber sido útiles en mediodel caos: Samuel, Cata Díaz, Battaglia o Forlín. Messi fue inusualmente claro: “En La Paz nose puede jugar”, dijo. Se le notó. Signorini, el preparador físico del equipo, fue aún másdramático: “En cualquier momento puede morir alguien”. Nobleza obliga: Maradona, quehizo campaña junto a Evo Morales para que se siga jugando en la altura, al menos no puso excusas.Hizo bien. Se puede perder, claro; pero no recibir semejante goleada y hacer figura a tu arquero.Hay razones profundas y no necesariamente físicas, colegas, para que estos virtuosos de elite nohayan mostrado ni siquiera rebeldía frente a la adversidad.
A Maradona se lo ve solo como casi siempre, rodeado de tanta sombra amigable. Con el único ygris antecedente de su insólita dupla con Fren en Racing y Mandiyú, hoy lo secundan Lemme yMancuso, dos entusiastas monaguillos en misa y no mucho más. Carlos Bilardo, siempre a mitad decamino entre la política, los medios, la AFA y el regreso a su viejo oficio de entrenador, estápero no está. ¿Imaginan a alguien como Ruggeri aportando lo suyo en estas semejantescircunstancias?. Mejor no. ¿Podrá alguien ayudarlo a crecer; a planificar, a poner y ponerselímites?. Ojalá. La altura no será el peor enemigo con el que se enfrentará en el largo y difícilcamino a Sudáfrica.
“Alguna vez te iba a pasar”, dijo Bilardo y uno no comprende si la frase escondela piedad del consuelo paternal o la ambigüedad de un dogma demasiado laxo en la mala. Si es verdadque lo único que importa es el resultado y nadie recuerda al segundo, esta frase es por lo menosextraña en su boca. Señores, si el implacable resultadista ha puesto su mente “enabierto”, albricias. Los segundos intentarán ser primeros y los que caigan podrán levantarse,pese a los 3.600 metros de altura o cualquier perversa inflación. Qué no ni no.
Porque lo importante no es ganar; ni siquiera competir, muchachos. Lo importante es elrespeto de los otros a la hora del final. Y si no, miren el ejemplo de don Raúl, capo; quejugador.

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