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El periodismo de hoy, y el de antes /2

24-08-2026 | 16:29

Decíamos la semana pasada, en respuesta a una inquietud de Roberto Guareschi (quién es unperiodista hoy, se preguntaba, apuntando a la explosión de las redes sociales y su función comogeneradoras de información o productoras de contenidos), que para ser un buen periodista nunca senecesitó más que lecturas, inteligencia, razonamiento, información, ética, creatividad, algo detalento, papel y lápiz. Pero no somos tan ingenuos. Faltaba algo más, claro, una parte de laecuación: si el periodismo depende de los lectores para completar el circuito de producción yconsumo de noticias, para ser periodista no sólo se necesita todo lo mencionado arriba, sinotambién un espacio de enunciación que permita llegar a la mayor cantidad de lectores (o, al menos,a una porción de lectores lo suficientemente influyentes como para formar opinión pública).

Un par de años atrás, Rodolfo Fogwill organizó el primer (y único) Encuentro de Crítica y Mediosde Comunicación, en las catacumbas del Teatro Colón, antes de que cerrara por refacciones. Allíexpusieron, entre otros, Elvio Gandolfo, Nora Catelli, Alejandra Laera, Constantino Bértolo eIgnacio Echevarría. Fue Fogwill el que puso en pie de igualdad por primer vez a críticos, editores,escritores, periodistas y bloggers. En ese encuentro, Echevarría (durante más de una década críticoliterario estrella del diario El País) se mostró escéptico con respecto al poder de los blogs paraintervenir en el campo cultural, un poco por su pretendido amateurismo, otro tanto por suimposibilidad de llegar a un público lector más grande que la propia comunidad blogger. A casi diezaños de la aparición de los blogs se puede decir que Echevarría no estaba tan equivocado. Paraconfirmarlo no hay más que ver en qué se convirtieron la mayoría de esos espacios apenas notaronque podían obtener algún rédito económico: en meros difusores de contenidos auspiciados por marcasy empresas. Por el contrario, la lógica del poder de enunciación sigue vigente: los blogs másconfiables y con mayor cantidad de lectores suelen ser los que o se alojan en la Web de un productopreexistente (como pueden ser los grandes diarios o revistas), o que fueron creados por periodistaso profesionales que contaban con un nombre propio desde antes. Esa realidad sigue siendo el mayorfracaso de los blogs (que prometían democratizar la información para revolucionar oficios como elperiodismo) a la fecha.


Y si eso sucedió con los blogs, ¿por qué nos interesaría, por ejemplo, seguir la cobertura deun suceso político, deportivo o cultural por Twitter? ¿Existe algo menos ligado a la reflexión y elanálisis (precisamente de lo que adolece el periodismo actual) que emisiones informativas de 140caracteres? Hay que decirlo, buena parte de la responsabilidad de que las cosas sean así recae enlos propios periodistas y dueños de medios, que por temor a envejecer se dejan arrastrar por laúltima ola teconológica sin pensar que la solución puede estar frente a sus narices. Internet esbrevedad e inmediatez, algo parecido a lo que pasa con la radio y la TV. El periodismo escritodebiera transformarse en otro sentido. Volver a narrar historias, regresar a los textos largos,crear espacios para la difusión de ese género híbrido que, desde hace años, reclama su lugar: elperiodismo narrativo, la crónica periodística.

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