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El periodismo de hoy, y el de antes

24-08-2026 | 16:13

Quién es un periodista? Alguien que no tiene nada que decir y lo esconde escribiendooscuro.” Así empezaba la columna de Roberto Guareschi, ex director de Clarín, publicada eneste diario la semana pasada. Yo tengo otras definiciones, que circulan como bromas internas desdehace años en las redacciones: alguien que sabe un poco de cada cosa y mucho de nada. O su versiónmás elaborada: alguien que nada en un océano de sabiduría en aguas de un centímetro de profundidad.Son chistes que, como todos, esconden una parte de realidad, aunque las generalizaciones no suelenser amigas del razonamiento verdadero. ¿Quién es, puede o debe llamarse “periodista”hoy? Eso se pregunta Guareschi, cauteloso pero sinceramente entusiasmado por la explosión de lasredes sociales y el uso que cualquiera con una computadora a mano hace de las nuevas tecnologías.¿Es un periodista sólo quien trabaja en una redacción? Claro que no: el gremio se sostiene en buenamedida por los trabajadores free lance que producen contenidos especializados desde sus casas ylocutorios, desde cualquier parte del mundo. Pero: ¿puede llamarse periodista (o corresponsal, ocrítico, o editorialista) alguien que acaba de crear un nuevo blog, de estrenar página en Facebooko de abrir una cuenta en Twitter?

Buena parte de la crisis que vive el periodismo tradicional hoy se debe a la competencia deInternet, a la merma (o diversificación) de la inversión publicitaria, pero también a los propiosperiodistas y dueños de medios. Ya no miro televisión: la había abandonado hacía tiempo, pero laúltima vez que la encendí en un canal de noticias para ver la hora y la temperatura me encontré, unmediodía, con una suerte de documental de cinco minutos sobre la nueva hija de Mariana Fabbiani; yesa misma noche, con un supuesto presentador de noticias que les hablaba a los espectadores como sifueran vecinos oligofrénicos mientras los incitaba a prender y apagar las luces de susdepartamentos en un juego de complicidad que no terminé de comprender. Pero si la televisiónrenunció hace años a la producción de información relevante en pos de un show de frivolidad encontinuado, las radios y los medios impresos no hicieron un esfuerzo mucho mayor por mantener losestándares de calidad: primero se embarcaron en una subestimación del lector, reduciendo el tamañode los textos y aumentando el de las fotos, dibujos, infografias y demás artilugios del diseño.Después, directamente, se olvidaron del lector y se convirtieron ellos mismos (periodistas ymedios) en sujetos noticiosos, emprendiendo cruzadas ideológicas y financieras desde las tapas dediarios y revistas. Así las cosas, el periodismo, hasta hace una década una profesión deseada yadmirada, corre el riesgo de convertirse en la segunda más aborrecida después de la abogacía.

Guareschi tiene razón al afirmar que el periodismo tradicional está sufriendo una inmensatransformación. Pero no creo que se trate sólo de una cuestión de herramientas (teléfonoscelulares, fotografía digital, blogs, redes sociales) la que vaya a guiar ese profundo cambio haciaun buen lugar. Para hacer periodismo del mejor nunca se necesitó mucho más que lecturas,inteligencia, razonamiento crítico, información verosímil, imperativos éticos, creatividad, un pocode talento, papel y lápiz. Tanto, y tan poco.

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