Finalmente: ¿qué diferencia hay entre el periodismo que se hace hoy y el que se hacía, por ponerun ejemplo, veinte años atrás? ¿Es uno mejor o más complejo o más completo que el otro? Porsupuesto, no hay una sola respuesta para estas preguntas. Ser periodista, eso sí (que ese fue eldisparador de estas últimas columnas), parece ser más fácil hoy que hace algunos años. Definamosfácil: los aportes de las nuevas teconologías (desde Internet a las redes sociales) y la fotografíadigital y el desarrollo del diseño hicieron las tareas cotidianas mucho más accesibles, veloces yllevaderas (¿recuerdan cuando en lugar de buscar y verificar en Google cualquier dato había que ira un archivo a pedir sobres con recortes de viejas notas? ¿Alguien se acuerda que hasta hace nomucho los reporteros gráficos no podían ver su trabajo al mismo tiempo que lo hacían, en losvisores de sus cámaras de última generación, y ellos y sus jefes y los cierres de los artículosdependían del resultado posterior al revelado?). Hoy, incluso, con el mail, el chat, el teléfonocelular y los procesadores de textos y los programas de diseño, la mayor parte del día delperiodista transcurre en el metro cuadrado que ocupa su escritorio en la redacción. Salir a lacalle a buscar datos, entrevistar fuentes, cubrir un suceso determinado suele ser la excepción, yno la norma. ¿Resulta eso en un mejor trabajo, o en uno peor, más alejado de la realidad de lacalle, de la percepción de los hechos en vivo? Una vez más: el resultado dependerá del periodista,de su formación intelectual y, claro, de su talento.
Después está la libertad de expresión, la libertad de empresa, y la libertad de conciencia decada uno. Debe ser complicado hacer periodismo político y económico, por citar sólo dos secciones,frente a una realidad tan convulsionada como la de los últimos años. Tengo amigos que trabajan endiarios como Clarín y La Nación (por no citar el caso pionero de PERFIL), que se encuentran conserias dificultades a la hora de acceder a fuentes e información oficiales. Tengo otros quetrabajan en medios cercanos al poder de turno (Página/12) y otros que cobran su sueldo delmultimedios más adicto al kirchnerismo (Veintitrés, Tiempo Argentino) que están convencidos no sólode que la objetividad no existe (bueno, nada nuevo) sino también de que el periodismo bienentendido no debe limitarse a informar o a analizar los hechos: el nuevo (bueno, no tan nuevo) roldel periodista sería incidir directamente en la realidad a través de sus artículos, investigacionesy denuncias, para modificarla. Una especie de regreso a un periodismo militante que no se veía enla Argentina desde hace por lo menos cuarenta años. Son algo así como voceros convencidos delGobierno, y nadie los presiona para escribir lo que escriben, y lo hacen profesionalmente, porqueademás son (o solían ser) buenos periodistas.
Entonces: el profundo cambio que sufre actualmente la profesión es de distintos niveles. Detécnica y plataformas de publicación, lo que lo convierte en un oficio más practicable paracualquiera. De financiamiento, por la crisis económica internacional y el precio de los insumos, eldescenso de los ingresos por publicidad y los cambios de hábitos de los lectores. Y ético ypolítico, que es el más riesgoso para el futuro: porque cuando los periodistas acaben porconvertirse definitivamente en militantes, la credibilidad (ese capital tan necesario) será sólouna cuestión de fe. Y se hará muy difícil volver atrás.




