La Argentina está en condiciones de iniciar un largo y sostenido proceso de desarrollo económicoe integración social. No hay grandes secretos para lograrlo: si aceptamos el reto que ofrece laglobalización, necesitamos poner en funcionamiento una estrategia que amplíe la productividad detodos los sectores y fortalezca nuestra competitividad ante el mundo. En otras palabras, un planestratégico de desarrollo productivo.
Esta ineludible planificación de mediano y largo plazo debería sostenerse con el aumento ymejora de la productividad en los sectores de bienes que nos demanda el resto del planeta, yexpandirlos al conjunto de la actividad nacional.
En este sentido, la cadena agroalimentaria nos brinda una oportunidad histórica. Se ha producidoen nuestro país una silenciosa pero trascendente revolución, que elevó nuestros rangos decompetitividad para elaborar y comercializar alimentos y hoy nos instala en situación de relativoprivilegio para ese negocio.
Una transformación expresada en la aptitud y actitud innovadora e inversora de productoresagroindustriales argentinos quienes, entre otros aportes, concretaron el cambio histórico delparadigma en la cultura agrícola que representa la siembra directa, hicieron un uso masivo dehallazgos biotecnológicos como las semillas transgénicas, expandieron el uso racional deagroquímicos, promovieron y aprovecharon avances en las maquinarias agrícolas, acudieron al usomasivo del silo-bolsa para almacenar granos e incorporaron novedades organizativas para obtenermejores resultados al invertir, producir y comercializar los insumos alimenticios.
Ese progreso fue impulsado por la demanda creciente y los precios relativos altos del comerciointernacional de nuestros principales bienes de exportación, una tendencia que se prolonga en eltiempo merced al crecimiento económico de grandes naciones emergentes en las que aumenta el ingresoper cápita de sus habitantes, disminuye la cantidad de pobres y crece el número de integrantes declase media, lo que lleva a un incremento cuantitativo de la demanda de comida y una modificaciónde los hábitos de alimentación. Por ejemplo, en los últimos treinta años, la población de Chinapasó de comer 7 kgs/hab/año de carnes a más de 50 kgs/hab/año. La convergencia entre aquellosprofundos cambios internos y esas condiciones externas permitió que, en los últimos años, el paístuviera ingresos de magnitud extraordinaria y se convirtiera en el combustible esencial de losaltos niveles de crecimiento que registró la economía argentina desde el año 2002.
Proyectar a la Argentina como uno de los principales proveedores de alimentos para sí y para elmundo no es una utopía.
Pero realizar esa visión impone consolidar toda una cultura de los negocios alimentariossostenida en políticas públicas que aseguren credibilidad a los productores; que presentenoportunidades de ganancia a potenciales inversores; que generen valor agregado para vender, en elpaís y al mundo, alimentos de calidad en cantidad y precio adecuados.
Hoy, con la participación de todos los actores de la vida política, económica y social, tenemosla oportunidad de concertar esas políticas de Estado a partir del 2011 –con prescindencia dela identidad partidaria de quienes gobiernen–, que expresen lo que los argentinos podemos ydebemos hacer para aprovechar en plenitud las posibilidades de este tiempo de la historia que nostoca vivir.
Se trata de poner en práctica una verdadera agenda compartida entre agentes públicos y privadospara la competitividad, que incluya estabilidad macroeconómica, desarrollo del crédito;fortalecimiento institucional para devolver la confianza en la inversión; infraestructura económicaacorde; incentivos sectoriales y, fundamentalmente, un proyecto educativo enfocado a lasnecesidades del conjunto, para romper con la paradoja de que, por ejemplo, por cada graduado encarreras científicas agropecuarias se ofrecen más de cien en ciencias sociales.
Con esta revolucionaria oportunidad podremos –entre otros desafíos pendientes–apuntalar el crecimiento de otros sectores creadores de riqueza; mantener políticas de integraciónsocial en la batalla por la reducción de la pobreza y la eliminación de la exclusión, y asegurar eltrabajo para que cada argentino dignifique su vida personal, la de sus hijos y la de nuestra naciónante el mundo.
*Ex presidente de la Nación.




